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¿De regreso a la vida?

Mi esquina socrática

El portador del coronavirus me visitó con particular saña, pero he sobrevivido.

Salgo ahora de tan perjudicial visita para caer de bruces y de pronto en el escándalo del encarcelamiento de mi buen y admirado amigo José Rubén Zamora, y por una denuncia de mi otro buen amigo Ricardo Méndez Ruiz, Presidente de la Fundación Contra el Terrorismo.

Preferiría, francamente, seguir luchando con exclusividad contra el coronavirus. Pero la realidad me impone otro rumbo que no se comporta según mis preferencias cívicas, de manera que en conciencia me veo obligado a enfrentarlas inmediatamente.

En primer lugar, quisiera subrayar que hasta ahora José Rubén continúa al frente de elPeriódico en la plenitud de sus funciones directivas. Aunque su detención provisional se le haya justificado por otro motivo: al parecer, por supuestos lavados de dinero producto de extorsiones publicitarias.

Hasta este momento, ambas partes parecen permanecer dentro de una mínima legalidad, aunque algunos exaltados de cada uno de los bandos preferirían pasar a las medidas de hecho tajantes como ha sido la práctica entre nosotros, pero que en realidad es de lo que siempre ha cojeado al cabo de ciertos periodos la democracia chapina.

A mi juicio lo que más nos conviene a todos por el momento es mantenernos serenos y no suponer hechos debatibles como si hubiesen sido probados por cualquiera de las dos partes.

Pues Guatemala ha madurado muchísimo en estos últimos treinta años y de esa altura nunca más deberíamos bajar.

Tal como veo yo las cosas hasta este momento, el Ministerio Público cree tener un caso de lavado entre sus manos y “elPeriódico” otro del acostumbrado abuso por parte de la autoridad ejecutiva nacional.

Emparejamiento muy peligroso y jurídicamente difícil de desbrozar.

Por mi parte yo retengo una profunda admiración por la valentía inclaudicable de José Rubén Zamora frente a tantos habituales atropellos a la justicia más elemental y que han sido tan frecuentes en la historia constitucional de este país.

Pero por otra, no menos admiro a quienes se empeñan en hacer ver a todos los ciudadanos guatemaltecos su igualdad ante la ley constitucional, incluida también las de carácter penal, como lo que a mi juicio asimismo ha ejecutado tantas veces la doctora Consuelo Porras.

Y, para mí, esta última resulta más meritoria en cuanto ha sido siempre la más intrépida.

En tal sentido la doctora Consuelo Porras retiene hasta hoy mi más devota admiración hacia su persona.

Pero lo mismo digamos de otro de mis héroes chapines del momento, Ricardo Méndez Ruiz, el no menos corajudo adalid de la Fundación de la que estamos muy necesitados en Guatemala “contra el Terrorismo”, quizás demasiado arrinconado a su turno al origen del presente y muy ruidoso enfrentamiento público.

A todos ellos de ambos lados los considero verdaderos patriotas en el mejor sentido del término, es decir, muy preocupados cívicamente por el destino de su patria en estos precisos momentos, y a menos de dos años de las próximas elecciones generales.

La solución que yo sugeriría con toda modestia consistiría en unas pocas tomas de posición radicales y moralmente muy sanas con las que todos hoy pudiéramos estar de acuerdo: una declaración formal y explícita del Presidente de la República de que en este momento termina total y radicalmente la relación amorosa que le ha llevado ya varias veces a decisiones políticas muy importantes y muy comprometedoras.

No menos sería de esperar de esos dirigentes formales del sistema jurídico hoy convenientemente exiliados en los Estados Unidos por el favor nada transparente de Joe Biden. Me refiero aquí a ciertos antiguos protagonistas de la CICIG fundada hace unos veinte años y que equivocadamente creyeron que su camino era el único aceptable, lo que no lo es.

Nos quedan menos de dos años, repito, para las nuevas elecciones. Ese camino quedaría limpio de todo polvo y paja si las partes interesadas acuerdan posponer para abril o mayo del año 2024 sus actuales enfrentamientos.

Quedaría como una evidencia universalmente para todos de nuestra por fin ganada madurez colectiva. Algo de la que también podríamos esperar una inmensa mejoría cívica, pacífica y educativa. Es más, si se creyese que algún agente jurídico fuese necesario que lo presidiese, de nuevo yo osaría recomendar para ello la persona de Alejandro Maldonado Aguirre.

¿A caso sería mucho pedir al Ministerio Público, a la Fundación Contra el Terrorismo, y a otros muchos ciudadanos que apoyan sus actuales iniciativas, así como a los presentes exiliados de la ya no existente CICIG, y al mismo José Rubén Zamora, y a sus muy numerosos admiradores y seguidores entre los que también me cuento, posponer hasta mayo o junio del 2024 esta confrontación que de momento parece haber implicado un recorte de los derechos constitucionales de José Rubén Zamora así como de algunos otros que también al presente lo adversan?

No sé si tal compromiso habrá tenido lugar alguna vez en la historia de Guatemala, pero no creo que sería un mal precedente para otras crisis semejantes del futuro constitucional de este país.

Esto es lo más singular de mi propuesta.

Salgamos del impasse, preservemos la paz entre hermanos que a todos nos compete, analicemos el fondo jurídico de todas nuestras diferencias, y dejemos que todos los guatemaltecos sigan respirando en paz como durante las últimas tres décadas, que tan innumerables beneficios económicos y legales nos han comportado.

Hasta así querría regresar a esa paz que también nos arrebató el siniestro coronavirus.

Y entonces, todos ya habremos podido volver a la vida…

Libre emisión de pensamiento.

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