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¿DICTADURA O DEMOCRACIA? (Parte 2)

Ventana Cultural

Hace poco, escribí un artículo con este mismo nombre. Realmente lo que buscaba era hacer un esbozo general basándome en las enseñanzas vigentes de Platón de su libro La República. Tomando en consideración que, sus enseñanzas, son basadas en sus diálogos con Sócrates. Este usaba el movimiento para enseñar, igual como lo hizo Aristóteles en su momento, y, la dialéctica para encontrar solución viable a los diferentes acontecimientos que se suscitaban en aquella época y que aún nos afectan. Un lector me preguntó qué era para mí la dictadura y que argumente al respecto. Pues haré mi mejor intento para expresarme de forma clara y precisa.

Primero, antes de dar mi punto de vista, veamos que dice la RAE sobre el término: “Régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o en un grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertades individuales”. O también “Régimen autoritario en cualquier ámbito”. Veamos también de dónde viene la palabra dictadura. De acuerdo al diccionario etimológico, deriva del término dictar, una palabra latina que sería dictare, o decir. Por tanto, podemos mencionar que una dictadura es la acción de una persona o grupo o partido político que dice qué se debe hacer, el cómo y el cuándo, esperando ser ejecutado a la perfección.

Tomando en cuenta estas definiciones, remito mi postura que, una dictadura es sinónimo de tiranía venga de donde venga, sin importar si es de derecha o de izquierda.

Como mencioné en el artículo anterior, la dictadura o tiranía es el último eslabón de la cadena que se ha venido gestando desde hace mucho tiempo. Históricamente, los padres y referentes del mundo occidental que fueron Grecia primero y Roma después, usaron este tipo de estrategias para resolver los problemas más inmediatos que sucedían en cada uno de los países.

Platón menciona en La República sobre los diferentes tipos de gobiernos. La tiranía es lo más bajo que un sistema puede llegar. Nos guste o no, muchos países, incluido El Salvador, ya han entrado en estados de dictaduras reprimiendo los derechos fundamentales de la población de subsistir, trabajar, tener libertad de expresión y de movimiento.

La historia se repite desde el golpe de Estado a Arturo Araujo en 1930 y asunción al poder de Maximiliano Hernández Martínez a la silla presidencial que duró 13 años dando lugar a los gobiernos militares cada vez más funestos y crueles. Su lucha contra el comunismo lo llevó a perpetrar la matanza de los campesinos e indígenas en 1932, con quienes Araujo estuvo trabajando tiempo antes, durante su primero y único año de gobierno.  

A los líderes indígenas: Feliciano Ama, Farabundo Martí, entre otros que fueron pasados por las armas aun se les recuerda su lucha y su entrega por la dignidad indígena. Cien años antes, el cacique Anastasio Aquino organizó una revuelta nativa que puso en jaque al gobierno salvadoreño, hasta que fue fusilado en 1833. No por gusto se dice que “quien no conoce su historia, está condenado a repetirla”. Tristemente, todo esto lo relatan solo los vencedores, jamás los vencidos.

Viéndolo más objetivamente. El mismo Platón lo planteaba, es necesario tocar fondo. Es necesario que el ciclo se cierre. Y no me malinterpreten, solo lo veo de manera objetiva. Por supuesto, no me gustan las dictaduras, es lo más pueril y nauseabundo que puede haber. Pero es parte de un ciclo que, para construir, se debe primero destruir, para surgir, primero se debe llegar al fondo, y estos países aun no han tocado la profundidad.

Este tema tiene muchas aristas que se van a ir enmarcando poco a poco. Porque cuando se prueban las mieles del poder, es difícil en extremo que se pueda salir, porque no tiene más remedio que, si quiere hacer las cosas bien, en beneficio de la nación, es terminar muerto o exiliado.

Libre emisión de pensamiento.

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