Hablar de derechos humanos

Tanmi Tnam

Para que otros oigan, miren, aprecien, desprecien, humillen y reconozcan las distintas formas de ver y comprender al mundo. En Guatemala, los pueblos presentan múltiples rostros, pensamientos, estilos de vida, diversidad de medios de vida y condiciones variadas que propician o complican la conservación de las culturas y la vigencia de los derechos humanos.

Ahora que las autoridades del país, recién nombraron al nuevo Procurador de los Derechos Humanos, siempre es bueno hablar, recordarle que tenga presente el estado de la vigencia de los derechos humanos y colectivos de los pueblos originarios. Es sano que el señor Procurador visite o se informe de la situación de los derechos humanos de las personas y de los pueblos.  Mucho que observar, mucho qué decidir y hacer. Interesa a todos vivir en paz.

Guatemala está integrada por varios pueblos cuyos derechos colectivos solamente están vigentes en los ámbitos familiar y en las localidades bajo las miradas atentas de autoridades propias del lugar que prestan servicio para velar que todo transcurra en armonía junto a los demás elementos que dan vida a la comunidad. Por otra parte, es de imaginar, observar y comprobar que bajo la conducción de un Estado racista la vigencia de los derechos individuales y colectivos de los pueblos excluidos no cuentan con el reconocimiento y uso en las esferas públicas cuyos efectos se logran medir en el rechazo que hay en ambientes educativos, en espacios de administración de justicia con principios y procedimientos ajenos a las culturas, en las instituciones religiosas de tono occidental, en instancias dedicadas a la salud donde no hay aprecio por los procedimientos del equilibrio de la salud como acostumbran los pueblos originarios.

Hacer uso de los derechos colectivos en espacios públicos, queda muy lejos todavía: la escuela de todos los niveles funciona y piensa desde la cultura y el idioma oficial, la historia propia de los pueblos originarios tampoco asoma por algún lado, la identidad colectiva de los pueblos originarios no recibe algún apoyo para su fortalecimiento y conservación.  Las instituciones que les corresponde apoyar las culturas no asumen la responsabilidad, aunque en el discurso se reconozca lo contrario. Levantar la voz y denunciar las violaciones contra los derechos colectivos de los pueblos, es un granito de apoyo para construir la paz.

El derecho a las tierras, en muchos casos está sometido a agresiones y despojos y tampoco hay actor que por oficio aparezca para denunciar y acompañar a quienes son sometidos a estos tratos. Además, quienes asumen la defensa de las comunidades, de los bienes naturales y la vida de los pueblos, en muchas ocasiones son perseguidos, encarcelados y hasta asesinados. La consulta previa, libre e informada también ha sido desfigurada por intereses ajenos a las comunidades y a los pueblos y actúan con libertad haciendo uso de todos los medios, incluido el uso de la violencia. La administración de la justicia con que cuentan los pueblos originarios, no tiene el reconocimiento que merece. La libre determinación de los pueblos, por el momento, no asoma ni en los discursos de los poderes del Estado. En estas condiciones, las instituciones que velan por la vigencia de los derechos individuales y colectivos, tienen ardua tarea que cumplir porque todos desean vivir en justicia, democracia y libre de conflictos.

El reconocimiento de los derechos colectivos de los pueblos es base para el bienestar y la convivencia armoniosa en contextos multiétnicos. No más represión por la demanda de los derechos colectivos.

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