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Porqué los listados abiertos no son la solución

Evolución

Continúan las discusiones en el congreso sobre la iniciativa de reformas a la ley electoral y me estaré refiriendo a algunos aspectos puntuales del paquete de reformas propuesto, en la medida que ha sido posible conocerlo, dada la relativa opacidad con la que se ha llevado el tema. En esta ocasión abordo la idea de “abrir” los listados para la elección de diputados, quizá el punto más mediático, sobre el cual hay varias cuestiones a considerar. Nuestro sistema actual es del de Representación Proporcional de Minorías. En pocas palabras, la intención matemática detrás de este método es dar un empujoncito adicional a los partidos minoritarios en cuanto a sus posibilidades de obtener una curul. A modo de contraste y para su comprensión. En una estricta proporcionalidad, las diputaciones se asignarían, valga la redundancia, en proporción a los votos obtenidos. Lógicamente ello no es del todo posible ya que no puede haber fracciones de diputaciones, como sí en las proporciones. En actual sistema, que favorece a las minorías, la forma de cálculo está diseñada para incrementar las posibilidades de los partidos minoritarios. Un partido pequeño puede obtener una diputación con solo obtener más de la mitad, de la tercera, cuarta, quinta parte, etc. (hasta el número de cargos a elegir) de los votos de un partido grande y eso sobredimensiona sus probabilidades en comparación a una asignación proporcional en sentido estricto. Nótese que el voto es siempre para el partido y no para el candidato, y la desproporción en favor de las minorías opera de igual manera en beneficio de los partidos. La función de elegir al diputado es secundaria y no la realiza el elector, la realiza el dueño del partido cuando conforma el listado. Y el sistema solo sirve para incrementar las posibilidades de los partidos pequeños de obtener al menos una curul, sobre todo en los distritos donde más diputados se eligen.

A muchos apetece la idea de abrir los listados, pero nadie ha considerado los posibles efectos de este método. Aparte de lo impráctico de elegir a un candidato entre cientos y de contabilizar esos votos, dado que, conforme la propuesta, cada votante podrá elegir a un diputado dentro de la miríada de candidatos que resulta del número de cargos a elegir multiplicado por el número de partidos, es decir, del total de todos los listados, por lógica matemática se incrementan las posibilidades de una mayor dispersión del voto, lo que resultaría en un congreso más disgregado. Explico. Actualmente la gente está limitada a votar por un partido, y la asignación de diputaciones se hace poco más o menos de forma proporcional a la dispersión de votos entre los diferentes partidos, con la salvedad que se favorece, desproporcionalmente, a los partidos minoritarios. Esto se rompería con un sistema de listados abiertos, en el sentido que no necesariamente habrá una relativa proporcionalidad entre la afinidad partidaria de la población y la eventual composición del congreso, puesto que personas afines a un mismo partido podrán votar por diferentes candidatos dentro de ese partido, dando lugar a la posibilidad de una desproporción aún mayor a la existente, con relación a la afinidad partidaria, sobre todo en cuanto a partidos minoritarios. Podría también producirse el efecto opuesto a la dispersión, en el sentido que pocos partidos logren una concentración de poder mayor en la medida que, para los partidos mayoritarios, las personas voten por su múltiples candidatos, generando una desproporción en su favor.

Éstos son solo algunos de los posibles efectos, difíciles de ver, pero previsibles; no todos necesariamente buenos o malos. Una mayor dispersión en el congreso puede significar mayor dificultad para lograr consensos. Si el riesgo es que se aprueben leyes malas o presupuestos abultados, por ejemplo, esto puede ser algo positivo. Por otro lado, dada la práctica conocida como logrolling”, que es una compra de votos con otros votos o favores políticos, una mayor dispersión también puede significar que el costo de esos “consensos” se incremente, el cual finalmente lo paga la población con más impuestos y deuda para dichos programas y presupuestos, y con los costos que implican dichas malas decisiones y leyes. Una mayor concentración de poder o incluso aplanadoras, pueden ciertamente resultar peligrosas. En ese sentido, quienes piensan que los “listados abiertos” son la panacea, se podrán llevar una dura dosis de realidad. A ello hay que agregar que los partidos siguen teniendo el control de la integración de los listados, por lo que es poco lo que cambiaría realmente y la subordinación de los diputados con sus partidos continuará. Por eso es que la única propuesta sensata es la que formulé hace ya dos décadas, y sobre la cual he escrito ampliamente, que consiste en la creación de subdistritos electorales donde se elija únicamente a un diputado, de forma directa. Y esa es la mejor solución porque es la única que realmente empodera al elector frente a su representante y que le permite exigirle y guiar su conducta.

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