En serio ¿somos un equipo real?

Liderazgo

En ocasiones, usamos términos con tanta frecuencia que no nos detenemos a analizar su verdadero significado. «Equipo» es uno de ellos. Más allá de todo intento por definirlo, hay que privilegiar que sus miembros lo comprendan y lo asuman como una filosofía de trabajo. Le invito a analizar si su equipo es… real.

«El mejor equipo no es necesariamente el que tiene los mejores jugadores, sino el que tiene los jugadores que mejor juegan en equipo», resume el coach Imanol Ibarrondo. Hablamos tanto sobre equipos que tendemos a aplicar el concepto incluso a grupos de personas que solo cumplen un conjunto de tareas afines.  Así, la cultura de trabajo en equipo se convierte en «humo», cada vez más alejada de su discurso, reducida a la apariencia.  ¿Cómo reconocer un equipo real («ER»)?

Una evidencia contundente de ser parte de un ER es que usted pueda ser y comportarse como verdaderamente es frente a quienes lo conforman.  En esta cultura de transparencia, no hay razón para inhibirse de externar las opiniones, por distantes que estas sean de las del resto del equipo.

«Cuando yo puedo ser yo delante de otros, es porque ellos son humildes y no se sienten ni más ni menos que mi persona», me confió un ejecutivo en un taller de integración en México.  La humildad es un auténtico sello del trabajo en equipo; para él, una poderosa razón para continuar.

Otro legítimo síntoma de un ER es la confianza plena en que cada uno aporta su talento al máximo nivel. Que la palabra dada se transforma en acción segura. El trabajo hunde sus raíces en la responsabilidad individual, en la rendición de cuentas. Lo contrario sería la indiferencia, propia de los «rejuntados» o simples conglomerados, que ni siquiera alcanzan la categoría de grupos.

La confianza permite poner sobre la mesa la vulnerabilidad personal, no hay espacio para los egos. Se vale no saber, tener dudas, rectificar los puntos de vista… Se disfrutan los éxitos, la camaradería y el humor; se comparten los errores. La felicitación y el reclamo conviven en un ER.

La exigencia es pilar para obtener resultados crecientes. Nadie recarga su trabajo en otros, que de todos modos advierten cuando sucede. En lugar de competir, se colabora, se ofrece o se pide ayuda. En una cultura organizacional —donde la persona no es tratada como un medio para alcanzar un fin, sino como un fin en sí misma —, la cooperación es parte de su ADN, no es retórica.

Nadie hace las del avestruz… La solidaridad florece cada vez que alguien enfrenta una situación difícil, en el campo que sea. Los hechos se verifican antes de juzgar, escuchan más que lo que hablan. El «compañerismo» se intensifica ante una crisis individual o colectiva, no es cosmético.

Conviene cuestionar si, en lo que llamamos «nuestro equipo», estos y otros pilares están realmente presentes. De ahí que el término deba emplearse con sumo cuidado. No nos engañemos atribuyéndoselo a cualquier grupo de individuos. Estar juntos no es estar unidos.  Si ahondamos, hallaremos que algunos solo velan por sus propios intereses. Son pseudoequipos. En estos, hay quienes hasta pasan desapercibidos. ¿Le ha sucedido? ¿Conoce «equipos» así?

En síntesis, ¿en serio pertenece usted a un equipo real? La respuesta está en su conciencia, los que lo son a medias apenas participan; los verdaderos ganan aun cuando pierdan.  Nunca dejan de aprender y crecer. No les asusta discutir con fuerza, porque saben que su cohesión es mayor que sus conflictos. ¿Y usted? ¿Puede también ser «real» en su equipo? ¿O debe actuar como si…?

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German Retana

Consultor desarrollo gerencial Profesor Emérito INCAE Business School gr@germanretana.com