Libertarios, conservadores, religiosos y progresistas

Por: Arturo Abril

“Cuando se te mete una idea en la cabeza, la encuentras en todo”. Víctor Hugo

Los libertarios sostienen su forma de concebir el mundo desde el individuo. La libertad, la justicia y los derechos individuales son los cimientos de su filosofía. Cada persona debería poder actuar como considere conveniente, con la condición de que sus acciones sean compatibles con la libertad de otras personas. Cada individuo es libre, sus derechos son anteriores a cualquier gobierno y los impuestos equivalen a una coercitiva expropiación del patrimonio privado. El poder que el Estado acumula es a costa de la libertad y la propiedad de los individuos.

Los conservadores cimentan su filosofía en que las personas son miembros de una familia y de grupos más amplios como la iglesia, los amigos de la escuela, el club deportivo, el ejército y la nación. Estos grupos son importantes para la vida de sus miembros y deben ser protegidos. La jerarquía, el deber, el respeto, la reputación, la lealtad y el patriotismo son valores superiores. Se honra a Dios, a los adultos, a la bandera y a los invitados, y se protege a los miembros inferiores de la jerarquía.

Los religiosos conciben el cuerpo humano como un templo, no como un parque de diversiones. La persona no es un simple animal con una consciencia ampliada sino que es un edificio en el que habita Dios. Deshonrar al creador viola el orden del universo. Lo limpio, lo santo y lo puro son símbolos de la virtud; y lo sucio, lo profano y lo contaminado son símbolos del vicio. El hombre es pecador por naturaleza y sus virtudes son fruto del Dios que habita en él.

Los progresistas valoran un ideal igualitario, colectivista y romántico de la sociedad, y luchan por la disminución de la discriminación de toda minoría desplazada por las jerarquías. Para ellos cualquier forma de opresión brinca a su atención clamando por justicia. Y se oponen a las organizaciones que acumulan poder económico, religioso o militar.

En una sociedad podemos encontrar diversas matrices morales que coexisten. Se llega a un elevado grado de complejidad porque cada matriz moral encuentra un grupo de individuos que la adopta y la nutre demostrando ser su ideal ético. Quizás cada matriz moral contribuye a generar un balance de moderación en la sociedad.

El mundo político está dividido ideológicamente, y surge la enemistad irreconciliable. Para los liberales, el enemigo es el progresista. Para el progresista, el enemigo es el religioso. Para el conservador, el enemigo es el liberal.

El problema no es la diversidad de matrices morales sino el régimen político y sus orígenes fundacionales, porque esas matrices surgen de un proceso evolutivo complejo y cada una reclama tener un fundamento moral válido. El origen de estos valores es más profundo de lo que imaginamos.

Los liberales no toleran que haya expropiación. Los conservadores no perdonan que alguien prenda fuego a su bandera. Duele a los religiosos que ciertos radicales profanen sus imágenes sagradas. Los progresistas no soportan que nadie haga algo por las minorías desplazadas por las jerarquías. Vivimos en sociedad y cada grupo cree tener una causa legítima. Puede ser que cada matriz moral contribuya a la templanza dentro de la sociedad.

Las ideologías que intentan imponerse tienen poder destructivo en su vientre: intentan silenciar a las otras ideologías. Y cuando son intolerantes la única manera de llevar a la práctica sus ideologías es por medio de la imposición violenta; lo cual solo agrava los males de un orden social.

Es necesario que el orden social mantenga razonables fundamentos ya que, si es débil, es inevitable el surgimiento de una tiranía ideológica. Una tiranía libertaria, o una conservadora, o una eclesiástica, o una progresista, puede terminar con la esperanza y los sueños de quienes piensan diferente, durante varias generaciones.

No hay una única solución válida de un problema. Sin plena libertad no pueden encontrarse nuevas formas de hacer las cosas ya que no se permite la deliberación ni la continua mejora pragmática mediante un proceso de ensayo y acierto o error. El mejor régimen debe ser flexible y adaptable a los cambios de cada época por medio de un proceso en el que aprendemos de los errores que cometemos, tomando en consideración la práctica diaria concreta, la crítica, la realimentación y la tolerancia en la diversidad. La libertad de expresión debe ser un medio para que las diversas matrices morales puedan coexistir pacíficamente.

Area de Opinión
Libre emisión de pensamiento.

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