La actualidad: Una lista de errores

El siguiente parece el recuento de los daños provocados por el sistema capitalista en los últimos 70 años. El aumento de la pobreza, en todo el mundo, la escasez de alimentos, seguido de crisis energéticas, con el aumento de crisis de la deuda (de personas, empresas y gobiernos), el terror ante el acelerado cambio climático, la amenaza de conflictos sociales, migraciones masivas y desorden económico provocado por la inflación, con el aditamento de la guerra como salida desesperada.

Ese listado no es una oferta de libros de terror para los fans de este género literario. Tampoco es la descripción horrible de la realidad de Edgar Allan Poe, “…estaba desvanecido. Pero, no obstante, no puedo decir que hubiese perdido la conciencia del todo. Pero, en fin, todo no estaba perdido. En medio del más profundo sueño…, En medio del delirio…, En medio del desvanecimiento…, en medio de la muerte…, si fuera de otro modo, no habría salvación para el hombre”. Todo lo contrario, pero en la misma dirección, es parte del discurso de cierre de las jornadas anuales del FMI-WB, del presidente del Banco Mundial[1], “Una serie de difíciles acontecimientos y políticas macroeconómicas sin precedentes se combinan para provocar una crisis en el ámbito del desarrollo”.

En el momento actual, la crisis financiera internacional tiende a generalizarse en todo el mundo, las grandes olas de las pérdidas se acumulan en Asia, Europa y en su nido, los Estados Unidos. Pero, ¿qué son las crisis financiero-económicas? La principal señal de crisis es la inflación, que al ser acompañada del desempleo, genera pánico entre inversionistas y sociedad civil.

Las crisis financieras son el resultado de una sucesión de hechos financiero-monetario que se acumulan paulatinamente hasta distanciarse de la productividad real de la economía. Cuando el sector real de la economía -la agricultura, la industria y los servicios productivos-, ya no generan valor para apoyar las fabulosas ganancias de los especuladores financieros y políticos, y del conjunto de rentistas que los acompañan, sobreviene el caos general para nivelar de nuevo la economía real con su reflejo demoníaco, el dinero.

Todos los males anunciados al principio de esta nota, se superponen, provocando retrocesos en la reducción de la pobreza y un aumento de la desigualdad social. Parece urgente una salida. Aunque, en general, los países de Centroamérica están paralizados, en algunos reviviendo conflictos de la brutal guerra fría. La urgencia se refleja en la caída del consumo y la producción vinculadas con los impactos diarios de la inflación, el cambio climático, el hambre, las protestas sociales y la violencia. El narco, el lavado de dinero y la corrupción se generalizan entre segmentos dirigentes de la sociedad. El mundo tiene que realizar reformas urgentes para evitar el colapso.

Por supuesto, mientras la población trabajadora e inocente sigue con temor los acontecimientos, el sector financiero se frota las manos. El lavado de dinero, y el trasiego de drogas, tiene que ser financiado por los sistemas bancarios oficiales, especialmente de los países desarrollados. Ya se planea que se necesitarían USD349,000 millones para la reconstrucción de Ucrania, que junto a nuevas deudas de los gobiernos de todo el mundo van a provocar ganancias para los sedientos banqueros.

Mientras tanto, los principales problemas de la sociedad no encuentran solución: el crecimiento inclusivo, la seguridad alimentaria, la educación, y la transición resiliente y con bajas emisiones de carbono.

Las condiciones para una revolución están planteadas. El sistema está colapsado desde la crisis financiera del 2008; la población mayoritaria está exhausta y apoya el cambio, cualquiera que sea; el gran inconveniente, no existe un liderazgo capaz de realizar las reformas urgentes, las ideologías, los políticos, los intelectuales, las instituciones están perdiendo credibilidad.

Un tema de urgencia actual, según agencias internacionales, y según la vivencia diaria de los centroamericanos es el colapso migratorio de venezolanos y de centroamericanos hacia el norte. El gobierno de Biden abrió el portillo al considerar una especie de refugio a venezolanos migrantes, lo que provocó la salida en masa de familias y comunidades completas, que huyen del caos socio-político del fallido estado de ese país. Tan solo EE.UU. generó cerca de 3 millones de detenciones de migrantes en el 2022; más de 200 mil personas cruzaron el Darién, este año, provocando presión adicional sobre los países centroamericanos. Cerca de 5,300 venezolanos fueron expulsados de Guatemala hacia Honduras entre setiembre y octubre.

¿Hacia dónde vamos?

Hacia una reconstrucción del sistema capitalista de mercado. Que puede reconstruirse solamente en dos direcciones. Primero, por la vía autoritaria, que se complete el desmantelamiento de los Estados nacionales del tercer mundo, que se eliminen totalmente las regulaciones nacionales, que grupos de empresarios y financieros tengan en sus manos los sistemas fiscales y que un aparato militar de los países desarrollados se haga cargo del control de los medios comerciales, transporte y comunicaciones del mundo. Una distopía completa.

Segundo, que por la vía democrática se reconstruya un sistema de Naciones Unidas no burocráticas, que permitan regular los sistemas comerciales, financieros, de comunicaciones y necesidades sociales, sin desproteger el ambiente, que permitan una convivencia de Estados libres y representativos.

Para ello se necesita que los gobiernos de los países en desarrollo generen estrategias orientadas al uso eficiente y estratégico de los recursos, que manejen su propia política fiscal y monetaria, que reconstruyan los mecanismos de control financiero, que generen empresas públicas estratégicas, que eleven el bienestar equitativo de su población, de manera que más ciudadanos puedan participar en la conducción del Estado. Una utopía inalcanzable.


[1] https://www.bancomundial.org/es/news/feature/2022/10/16/annual-meetings-2022-development-in-crisis

Le invitamos a leer más del autor:

Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.