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El necesario parteaguas que requiere el país (Parte II)

Antropos

Los pactos políticos de un país, consisten en la puesta en práctica de acuerdos que modifican modelos de desarrollo económico y social a fin de establecer nuevos ejes de largo alcance que abran el camino para consolidar grandes orientaciones estratégicas del Estado y la sociedad. Existen diversos ejemplos en la historia inmediata, unos que se han logrado por la vía revolucionaria y otros, a través del dialogo y la concertación ciudadana. Está el caso de la revolución cubana como un hecho de ascenso al poder y puesta en práctica de plataformas político, económicas y social, a partir del triunfo de un movimiento armado. O bien, el Pacto Político que se firmó en el Palacio de Moncloa, España, después de la crisis que se generó con la dictadura y derrota del dictador Francisco Franco. Este proceso lo condujo el joven dirigente Adolfo Suárez y firmado por todas las corrientes ideológicas de España abarcando dos grandes temas, como fue el saneamiento económico y la actuación jurídica y política, tendiente a la convivencia democrática. Así mismo está el caso de Costa Rica con la creación de la segunda República de inspiración socialdemócrata y su carta constitucional, bajo la conducción de José Figueres Ferrer, a finales de la década del cuarenta, del siglo pasado.

En cuanto a Guatemala, se logró avanzar con la revolución de octubre de 1944, a partir del derrocamiento de la dictadura del general Jorge Ubico, y la puesta en escena de los avances centrales para mejorar la economía, la infraestructura, la educación, cultura y educación, las que aún hay vestigios que le dieron fuerza original en la vida democrática de la nación. En el año de 1996, se firman los Acuerdos de Paz, que se lograron concretar a partir de múltiples conversaciones. Lamentablemente ni el gobierno que los firmó ni los sucesores, tuvieron la voluntad de llevarlos a la práctica. Se nos fue, otra hermosa oportunidad de superar los niveles de conflictividad que nos agobia cotidianamente.

Sin ánimo de agotar otros hechos históricos, dimensiono en la línea de este escrito, la impronta del movimiento de la desobediencia civil y la resistencia pacífica contra el imperio Británico, encabezado por Mahatma Gandhi, inspirador de la no violencia, símbolo de la paz, quienes obtuvieron su independencia el 14 de agosto de 1947. A través de estas acciones pacifistas, lograron alcanzar la justicia, la concordia, mitigaron la pobreza, expandieron los derechos de las mujeres. La visión que alimentó esta gran proeza, se hizo a partir de una perspectiva de armonía religiosa y étnica. Así mismo, está el ejemplo de Nelson Mandela, primer presidente negro de Sudáfrica, defensor de los derechos humanos contra la segregación racial instaurando un modelo democrático. Estuvo encarcelado 27 años y lideró el movimiento contra el apartheid, poniendo fin al régimen racista. Llevó a la práctica un Plan incluyente de Reconstrucción y Desarrollo e hizo énfasis en la educación, vivienda, salud, empleo. Heredó junto con la ciudadanía sudafricana una Nueva Constitución, que es el resultado del gran Pacto Político.

Todos estos ejemplos, muestran el esfuerzo de voluntad colectiva, para encontrar una vía que los condujo a una mejor sociedad. Existen, desde luego otros pactos, como el acuerdo de paz después de la guerra civil en El Salvador, así como los acuerdos del Estado y la guerrilla en Colombia.

Resulta interesante, destacar que naciones como España, Sudáfrica, India y Costa Rica, lograron permanencia a partir de un parteaguas político, económico, educativo y cultural, a través del diálogo y la concertación. Hoy las reconocemos como sociedades más justas y equitativas, menos violentas y agresivas. Consideran los valores ciudadanos como principios motores de su propia vida social. Ciertamente hay desigualdades, pero no existe la voracidad de expoliar al Estado y dejarlo sin recursos para atender las necesidades sustantivas de la población en torno a la salud, la educación y la seguridad.

En Guatemala,  algunos gobiernos como el de Vinicio Cerezo forjaron un ideal democrático, con la idea de la concertación, a fin de armonizar un proyecto de nación. Alfonso Portillo con la emisión de leyes financieras para romper los monopolios y la puesta en práctica de la desconcentración y descentralización, también fue otro gran intento socio-político; hasta Alvaro Colom, quien a través de su Plan de Gobierno, llamado de la Esperanza, fue trazado bajo una concepción socialdemócrata, en el que se vislumbraba cierto optimismo de inclusión social para gobernar a la nación. Sin embargo, todos estos intentos como los Acuerdos de Paz, se frustraron y no se concretaron las ideas propuestas, perdiendo nuestra sociedad, oportunidades para superar la desigualdad social.

Hoy, se perfila la elección de nuevos gobernantes. Algunas condiciones nacionales e internacionales que inciden en la política del país han variado. La situación de vida de las y los ciudadanos, ya no permite la improvisación, la ocurrencia y mucho menos el atesoramiento corrupto de las arcas del tesoro estatal, ni vivir de los favores del gobierno para el emprendimiento de las obras públicas bañados de intereses particulares.

La realidad exige a los dirigentes políticos explicar a fondo las razones por las cuales aspiran a ser gobernantes. Y estas, deben ser fundamentadas con el conocimiento de los diversos problemas y la definición concreta de las salidas a los mismos para beneficio social. Ya no se puede ser excluyente, ni improvisado.  Y por eso entiendo, que el discurso político debe orientarse a la construcción de un parteaguas, que le permita a la sociedad guatemalteca, encontrar a través de la armonización, la superación de una conflictividad estructural y coyuntural, que nos está hundiendo en un pozo sin fin.

Ahora debemos de encaminarnos al encuentro de “acuerdos mínimos”, que siendo mínimos, son acuerdos. Acuerdos necesarios en seguridad económica y ciudadana. Seguridad alimentaria, educativa, étnico-cultural y una vida saludable. Un ambiente sano en el que podamos respirar.

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