Amar el trabajo

Anotaciones

‘’Al borde de la ensenada, una encina verde; sobre la encina, una cadena de oro… sobre la encina, una cadena de oro…’’ Alexander Pushkin

Se percibe y juzga de acuerdo al desarrollo de procesos cognitivos, historias de vida, de país, a circunstancias, pero, tenemos la necesidad común de buscar y satisfacer el hambre, que ahora, en pandemia la sobrevivencia de los más miserables se agudizó.  No hay empleo y el ‘’matar tigres’’, ‘’martillo’’ compiten con los buscadores de bolsas de basura, se las pelean antes que pase el aseo e incluso los trabajadores se las quedan -si tienen el cartelito donar-, digo esto, porque una vez,  me confundí y la bolsa que era para una encomienda se la llevaron, y como son amigos del café y arepitas me la devolvieron.

Con la pandemia conseguir un empleo que satisfaga el ideal de las tres comidas es un sueño y, se necesitan tres empleos para tener una vida digna pero, la salud mental se afecta al trabajar sin descanso y la carencia de trabajo, también, angustia y estresa.

Ese acuerdo de las faenas de ocho horas de trabajo, ocho de ocio y ocho de dormir con el que se crearon las jornadas de trabajo es una realidad cruenta, compleja, que casi no existe y, se debería debatir o crear un SOS, porque la sociedad se está matando (hipertensión, diabetes desconcentración, síndrome del quemado,-Burnout, el cual se genera  por la exposición prolongada a altos niveles de estrés en el trabajo-. Entonces ¿cómo se hace cultivar el amor al trabajo?

Como en todo, en principio amar lo que se hace todos los días, enseñar a los niños y jóvenes con dedicación para despertar la curiosidad y a pensar con cabeza propia, amar lo que hace, creer en la libertad, esperanza y confraternidad.

El trabajo común, diario es una necesidad básica que parte desde la responsabilidad educativa la casa, escuela… en clínica las orientaciones en casos de duelos o crisis se trabaja con el grupo familiar y escuela, ¿cómo hacían las abuelas si no conocían las técnicas psicológicas? Pero, siempre resolvían cualquier conflicto y eran especialistas al batallar con las carencias alimenticias, tenían el conocimiento intuitivo e intercambio de saberes que les abrió portales al conocimiento con ternura comprensiva “la vida seguirá siendo la misma, difícil, llena de misterios y feliz. Y dentro de mil años, el hombre suspirará, como ahora !Ah que penoso es vivir!, y al mismo tiempo, exactamente como ahora, tendrá miedo a la muerte y no la querrá’’ (dice el personaje Tusenback Las tres hermanas de Chéjov) y en esto el trabajar la vida, estar consciente nos facilitaría el día a día.

Se construye o reconstruye la vida, sembrando la vida, sin esperar cosechar, porque se vive el presente, sin posibilidad de saber el futuro y no es una reflexión acomodaticia de solo vivir el momento, es al contrario, comprender que somos capaces de transformar la cotidianidad en algo creativo y que cada día es un trabajo el lograr ese momento, la automotivación, el amar lo que se hace, es un arte diario, pero, nos entrampamos en rutinas, condicionantes sin sentir y ‘olvidar’ la vida que nos  desvive. Creamos todos los días vida y, morimos también y, creemos que es natural despertar todos los días y no se es consciente de trabajar la vida, las pérdidas y de sembrar el cuidado amoroso con alegría.

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Ana Anka

Ana Anka (Lima, Perú, 1955), residente en Venezuela. Soy escritora, poeta, articulista, promotora cultural, editora, Psicóloga, locutora, he sido profesora de psicología de la Universidad de Oriente, Núcleo Monagas y Psicóloga en Educación Especial de la Zona Educativa del estado Monagas. Desde 1992 vivo en Maturín, Monagas, Venezuela. Entre mis libros publicados figuran: Ensayos y compilaciones (1987) Mimetismo Pendular. Huídos de Saturno, (1999). Eros y pedagogía (2005), Batería de poetas Avanzadoras (2014), Anacópula, (2017). Desde el mismo punto, (2018). Mis libros los he presentado en ferias internacionales de libros de Venezuela, Costa Rica, Panamá, Cuba y Perú.