La COP 27, de lo fundamental a la intrascendencia

Sueños…

“Sí, muchachos, la vida del mundo hay que tomarla como la tarea propia y salir a defenderla.
Es nuestra misión.
No cabe pensar que los gobiernos se van a ocupar.
Los gobiernos han olvidado, casi podría decirse que en el mundo entero, que su fin es promover el bien común.”
Ernesto Sabato, Antes del fin.

Es el mes de noviembre, del año 22 del siglo XXI, miles de personas, de todo el mundo, viven la ilusión de que en la reunión de la COP-27, todos los asistentes pondrán fin a la destrucción del planeta y el nacimiento de una nueva humanidad. Todos contemplan la majestuosa imagen de las pirámides de Guiza, asombrados ante la magnitud de la máscara de Tutankhamón o los alegóricos jeroglíficos que decoran la sala hipostática de Karnak, todo resume un importante retrato de la historia de la humanidad que aparece ante nosotros, la faz del deslumbrante Egipto Antiguo.

Ante la apariencia desaparece la realidad. Por ejemplo, el Sexto Informe de Evaluación del IPCC de naciones unidas, muestra con claridad que el sistema capitalista, ese increíble sistema de competencia y productividad, que hizo al ser humano dueño y señor del planeta, ha generado una abundancia y prosperidad tan grandes que en pocos años pasamos de tener, hace 10 mil años apenas un millón de humanos a tener 200 millones en el año 1 de nuestra era, y a comienzos del capitalismo, en 1750 seríamos, 790 millones hasta que repentinamente, cambiamos de sistema económico y social y la productividad generó recursos para la expansión monstruosa de humanos hasta llegar hoy día a ser más de 8 mil millones.

Hoy, según el informe de IPCC, “aproximadamente entre 3 300 y 3 600 millones de personas viven en una situación de alta vulnerabilidad debido al cambio climático”. Los desastres naturales, han causado $280 mil millones en pérdidas globales en a partir del 2021, la abundancia llega a su fin y se generan riesgos tanto para las personas, como para animales y plantas que debieran ser codueños del planeta con nosotros, los humanos. Se generan graves pérdidas socioeconómicas en los medios de vida, la flora y la fauna desaparecen del planeta y naciones unidas insiste tímidamente en que es necesario de tomar medidas urgentes. De allí el llamado a las COP, que en sus primeros llamados eran una flor de esperanza, y luego se han convertido en enormes caravanas de turismo ecológico y parafernalia informativa, con pobres resultados en la protección del ambiente.

En un documento de la OCDE se dice que dada la vulnerabilidad climática, incluidos los riesgos, las sensibilidades y la capacidad de adaptación, son reales y dinámicos, por lo que el tema no es reducir el impacto negativo humano, que es irreversible e imparable, que lo que hay que hacer es dedicar recursos para “mapearlos”. Dicen los sabios de la OCDE, en su actividad egipcia, “…esta sesión tiene como objetivo abordar estos desafíos al reunir a los responsables de la formulación de políticas, empresarios y científicos para discutir los últimos avances en el mapeo y evaluación de riesgos climáticos, mostrando productos como el nuevo tablero IPAC de la OCDE con indicadores de peligros relacionados con el clima”, hagamos diagnósticos entre académicos e inversionistas, no tenemos soluciones, pero indicamos donde impactarán los desastres.

Ya decía Miguel de Cervantes: “Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante.” Es decir, el humano ha creado un monstruo llamado mercado, dirigido por el mago llamado dinero, y solamente podremos hacer que engendre su semejante, productividad, consumo maravilloso y extinción de las especies de la creación.

Porque sabemos que el mercado, esa esencia humana es imperdonable, estos pobres animalitos que se extinguen se convierten en figuras de turismo, y hay que sacrificarlos para atraer los dólares del turismo, el mercado, el humano, no tenemos fronteras, todo será exterminado.

Seguía Cervantes “porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres. Cuanto más, -añadió don Quijote-, que estos pobres no han cometido nada contra vosotros. Allá se lo haya cada uno con su pecado; Dios hay en el cielo, que no se descuida de castigar al malo ni de premiar al bueno, y no es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros… Pido esto con esta mansedumbre y sosiego, porque tenga, si lo cumplís, algo que agradeceros; y, cuando de grado no lo hagáis, esta lanza y esta espada, con el valor de mi brazo, harán que lo hagáis por fuerza.”

Lejos de esa fuerza, unos alemanes, de esos filósofos incomprensibles, predecían que el capitalismo moderno, que es el fruto de un largo proceso de desarrollo productivo, había nacido para generar una serie de revoluciones en el modo de producción y de cambio. Y, que cada etapa recorrida por las fuerzas del mercado iría acompañada del correspondiente progreso político. El capitalismo es una fuerza indómita, que bajo su lógica de maximizar las ganancias y generar plusvalía a repartir entre empresarios, militares, religiosos, académicos, músicos famosos, futbolistas irremediables y funcionarios, transforma la base económica en sistemas capitalistas heterogéneos: capitalismo democrático en ciertos países, capitalismo semi-feudal en muchos lugares como el centro y sur de América, capitalismo autoritario de un solo partido o de un dictador, como la URSS y otros; y otras variedades muy coloridas.

El resultado ha sido un sistema innovador y creativo, que permitió al empresariado industrial y financiero conquistar la hegemonía exclusiva del poder político en el Estado representativo moderno, resultado de la revolución industrial inglesa, la revolución político-social francesa y la invasión y esclavitud de los habitantes originales de América.

Solamente una visión de convivencia pacífica, pluralismo democrático, visión solidaria del mundo y protección del resto de seres de la creación será el nuevo mundo que todos soñamos.

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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