El legado de la selección argentina

Existe Otro Camino

El título de Qatar puede ser mucho más que una anécdota

Hay que evitar caer en la trampa del exitismo. Se ha ganado en una competencia y eso es muy meritorio. Sus protagonistas deben estar orgullosos, pero quizás se puede revisar la larga lista de enseñanzas que han aparecido en el horizonte.

A pesar de ese nacionalismo casi inevitable desde lo emocional, esta secuencia de resultados que llevaron a una instancia final y una copa constituyen sólo un hito deportivo. Cualquier comparación con otros aspectos de la vida cotidiana implica recurrir a analogías siempre opinables y hasta controversiales.

Bajo ese contexto no caben dudas que aun admitiendo esas diferencias indiscutibles esta circunstancia tan singular podría ser inspiradora y adicionalmente servir como una excusa válida para reflexionar sobre cómo ciertas actitudes adecuadas y conductas deseables contribuyen decididamente para obtener semejante conquista.

Tanto la alegría, como la tristeza, suelen ser sensaciones fugaces. Tienen una intensidad enorme por instantes, pero luego quedan retenidas en la memoria de un modo bastante más difuso, pero también más reflexivo.

Es que con mayor serenidad todo puede verse desde un prisma repleto de racionalismo y entonces cada asunto se analiza con detenimiento. Es el modo de capitalizar al máximo los aprendizajes y aplicarlos para que sean de una utilidad gigantesca.

Con la euforia que eso implica, un triunfo tiende a ser más bien visceral, cada reacción nace desde adentro, desde la profundidad y todo termina en absolutos, en blanco y negro, en bueno y malo.

La historia real suele tener matices más ambiguos y menos precisos. Se gana sufriendo, se acierta cometiendo errores, se tiene algo de suerte o a veces la mala fortuna golpea la puerta. Esa narrativa está mucho más ajustada a lo que verdaderamente ocurre a diario.

Claro que cuando la victoria sucede, existe una tendencia inevitable a rescatar lo mejor, a minimizar los yerros y exaltar valores al punto tal que cada uno de esos logros se transforma en épico y se les agrega entonces condimentos exagerados que siempre están presentes.

En pocos días más, tal vez dentro de unas semanas, todo volverá a la normalidad. Se seguirá disfrutando de esta hazaña, pero las problemáticas de cada jornada no desaparecerán por arte de magia. Están allí, aunque mucha gente haya decidido pausar esas angustias hasta nuevo aviso.

Cuando se enfrentan frustraciones los seres humanos apelan a lo que tienen a la mano para mitigar sus pesares. Tal vez no sea eso tan malo. Si sirve para transitar un sendero amargo es bienvenido. Sólo hay que ser consciente que se trata de un respiro y no de soluciones definitivas.

La realidad se asomará pronto y habrá que continuar las batallas pendientes. Es ahí donde este campeonato puede ser bisagra. Los más escépticos dirán que este episodio, por grandioso que parezca, no es el primero y que se han desaprovechado en el pasado ocasiones similares.

No importa. Después de todo, a veces se precisa de reiterados incidentes para que la mente internalice un cambio. Este grupo que se quedó con el trofeo mayor desplegó grandes virtudes. Sería saludable observar estas cuestiones que serían muy valiosas si se las aplicara con convicción a los innumerables dilemas del presente.

Esos jugadores que ahora festejan no son perfectos. Ellos fueron derrotados en el debut y pudieron haber perdido en otras fases. Se sobrepusieron, pero desde su humanidad, corrigiendo errores, poniendo garra, trabajando en equipo, resistiendo y perseverando en un proceso lleno de vaivenes, que no fue sencillo, sino, muy por el contrario, plagado de idas y vueltas.

De eso se trata. De abandonar la idea de la simplicidad, de la linealidad, de que todo funciona como se desea. El camino hacia el éxito está colmado de desafíos de diversa complejidad y para alcanzar el objetivo es preciso sortear cada escollo, concentrado en el inconveniente de turno, apelando a la inteligencia, pero también al corazón para lograr esa mezcla particular imprescindible para cada combate.

Una alternativa es dedicarse a disfrutar a pleno de esta emocionante aventura que ha culminado de la manera soñada y luego volver a la rutina sin intentar tomar nota de las infinitas enseñanzas que este evento ha dejado para aquellos dispuestos a asimilar cada aspecto.

La otra posibilidad es sacarle provecho a esta magnífica experiencia y utilizarla como una chance concreta para entender acabadamente cómo debe funcionar una dinámica para ser categóricamente exitosa.

Si los ciudadanos consiguen vincular estos hechos y conectarlos apropiadamente, si se deciden a usar esta vivencia fabulosa como una escuela para adaptar ingredientes y diseñar una receta social que permita salir de esta patética inercia en la que se encuentra inserta la sociedad, puede que la ilusión regrese, las energías se ordenen y se presente una nueva ocasión para enfrentar los difíciles retos que se acumulan y que jamás se han logrado superar.

Es hora de optar. O simplemente se ganó un torneo mundial de fútbol o la gloria sirve para repensar el trayecto que es preciso recorrer para resolver cada asunto de esos que siguen lamentablemente vigentes.

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Alberto Medina Méndez

Es argentino, radicado en Corrientes. Es analista político, conferencista Internacional, columnista de: INFOBAE en Argentina, Diario exterior de España y El CATO de EEUU. Ha publicado más de 470 artículos en 15 países de habla hispana. Alberto conduce los ciclos radial y televisivo “Existe otro camino”. En 2002 recibió el “Premio Poepi Yapo” por su labor periodística y el “Premio Convivencia” como Periodista del Año. Poco después en 2006 fue galardonado con el “Premio a la Libertad”, de la Fundación Atlas. En 2009 recibió el “Premio Súper TV” por su labor como periodista