Acuerdos de paz: Guerrilleros vencidos y luego políticos fracasados

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El día 25 de julio del año 1991, en Querétaro, México, fue celebrado el primero de los llamados Acuerdos de Paz entre el Gobierno de Guatemala y la alianza de guerrilleros denominada Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca. Era un acuerdo sobre “democratización para la búsqueda de la paz por medios políticos”. Finalmente fueron celebrados doce acuerdos.

El último, celebrado el 29 de diciembre del año 1996, es decir, hace 26 años, fue sobre “paz firme y duradera.” Los guerrilleros desistieron de asaltar el poder del Estado para imponer un régimen socialista; y el Gobierno de Guatemala renunció a la persecución penal de ellos, es decir, decretó un régimen legal que les confería impunidad por los crímenes que habían cometido, como el asesinato, el terrorismo, el secuestro y la extorsión.

El Ejército de Guatemala había vencido a los guerrilleros, no porque extinguiera su actividad insurgente, y los convirtiera en fugitivos, refugiados en bosques, montañas y solitarios ranchos rurales, sino porque los combatió con creciente eficacia, y entonces huyó de ellos la esperanza de que pudieran consumar el asalto al poder del Estado. Precisamente la derrota los obligó a negociar aquellos acuerdos de paz, con los cuales podían suscitar la impresión de que triunfaban.

Celebrado el último acuerdo, los impunes exguerrilleros fundaron un partido político, cuyo nombre quizá intentaba mitigar el pesar de la derrota: Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca. Con ese partido pretendían lograr mediante el voto de los ciudadanos aquello que no habían podido lograr mediante las armas: imponer el socialismo. Que algunos grupos que constituyeron la alianza guerrillera se llamaran, por ejemplo, Organización del Pueblo en Armas, o Ejército Guerrillero de los Pobres, sugería que los exguerrilleros esperaban que su partido provocara, en la mayoría de los ciudadanos, un extraordinario júbilo. Esa mayoría se arrojaría impetuosamente sobre las urnas electorales para adjudicarle, a ese partido, la Presidencia de la República y la mayoría absoluta de las diputaciones.

El proceso electoral del año 1999 fue el primero en el que participó ese partido (aliado con el partido Desarrollo Integral Auténtico). El candidato presidencial fue Álvaro Colom, que obtuvo 13% de los votos; y el partido ganó nueve de 113 diputaciones. Comenzaba el fracaso político de la ex guerrilla. En el proceso electoral del año 2003 se renovó notablemente el fracaso: el candidato presidencial, Rodrigo Asturias, obtuvo 3% de los votos; y el partido ganó dos de 158 diputaciones. El fracaso continuó en el proceso electoral de los años 2007, 2011 y 2015, y también en el más reciente, en el del año 2019, en el cual el candidato presidencial, Pablo Ceto, obtuvo 2% de los votos; y el partido ganó tres de 160 diputaciones.

El fracaso ha sido de magnitud tal, que en el proceso electoral del año 2003 el candidato José Efraín Ríos Montt, que había combatido a la guerrilla en los tres municipios de Quiché con mayor población ixil, es decir, Santa María Nebaj, San Juan Cotzal y San Gaspar Chajul, triunfó en esos municipios sobre el candidato presidencial de la ex guerrilla, Rodrigo Asturias. También triunfó sobre él en los otros municipios de Quiché.

El fracaso político que ha sufrido la ex guerrilla fue precedido por el fracaso de su intención de reformar la Constitución Política de Guatemala. La reforma fue convenida en el noveno acuerdo de paz, celebrado en Estocolmo, el 7 de diciembre del año 1996. El Congreso de la República la aprobó; pero, por mandato constitucional, tenía que ser ratificada por los ciudadanos, mediante plebiscito, el cual se celebró en mayo del año 1999. La reforma no fue ratificada. Una parte de ella pretendía la disolución territorial, administrativa y política del Estado de Guatemala, con el fin de crear un Estado plurinacional, que debía ser propicio para instituir el socialismo.

El fracaso de la guerrilla fue también fracaso de sus patrocinadores extranjeros, entre ellos los políticos de Estados Unidos de América, Canadá y países de Europa. El fracaso político de la ex guerrilla ha sido también fracaso de esos patrocinadores.

La derrotada ex guerrilla se ha esforzado por subsistir. Parte de ese esfuerzo ha consistido en celebrar alianzas. Por ejemplo, en el proceso electoral del año 2011 fue parte de la alianza partidaria denominada Frente Amplio de Izquierda, que resultó ser alianza para el fracaso. Efectivamente, el candidato presidencial, Rigoberta Menchú, obtuvo 3% de los votos. La alianza ganó tres diputaciones. Ni solitaria ni acompañada la ex guerrilla ha podido ni aun reducir la magnitud de su fracaso político.

Post scriptum. Alguna vez la ex guerrilla exigió que se cumplieran los Acuerdos de Paz, y hasta logró, con intervención de agentes extranjeros, que fueran declarados “acuerdos de Estado”. Ya no lo exige. Parece haber reconocido que su fracaso político la despoja de autoridad para tal exigencia.

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