El recuento del año

Políticamente Incorrecta

Para mí este 2022 ha sido como esas fiestas de Navidad que empiezan muy lindas, y terminan en tragedia, con alguien que se destruye la mano con un mortero defectuoso.

El año empezó con una CC descontaminada de Gloria Porras y sus jinetes del apocalipsis, un MP liderado por una Fiscal General pluri premiada por las organizaciones que combaten el crimen del gobierno de Estados Unidos, pero odiada por un Departamento de Estado corrupto que teme se destapen las asquerosidades que ha cometido y sigue cometiendo vía USAID con el dinero de sus contribuyentes.

Ganamos la batalla para que fuera reelecta, a pesar de que algunos de los Decanos de las facultades de Derecho de universidades conservadoras votaran en su contra a pesar de admitir que era la persona más calificada para el evento. Para mí esto fue poco ético, ilógico, y hasta de mala fe. Pero, al final, ganó la mejor persona para el cargo. Confirmado con hechos, aunque los medios grandes lo tergiversen, ya que lleva récord de arrestos y extradiciones ligadas a la narcoactividad.

Empezamos el año camino a ser nombradas capital pro vida, pro familia y pro fe de Iberoamérica. Cosa que para quienes luchamos contra el aborto como medio de control de la natalidad, creemos que la inocencia de los niños se respeta y que un adulto puede elegir ser lo que quiera, incluyendo ateo o una persona de fe. Elección libre, de un adulto, no metida con tirabuzón a un niño.

La economía ha crecido, y quienes hablan de crisis debieran ver que hasta las baterías escasean en Navidad porque la gente compra de todo y demás que usan baterías. Hasta varias tiendas de adornos navideños se quedaron sin adornos.

Sin embargo, lastimosamente, estamos cerrando el año con una ola de criminalidad rampante y grotesca. La oleada de mareros salvadoreños huyendo de Bukele ha invadido Guatemala, sumándose a sus “colegas” los psicópatas nacionales. Psicópatas porque disfrutan asesinando.

Asaltos en todas las zonas del país, en pleno día. Asaltos en las casas donde violan a las empleadas de casa, asesinan sin motivo ni razón, odio puro, envidia, deshumanización, bestialidad. Gente que merecería estar muerta para librar a la sociedad de su enfermedad mental.

Pero, los chances de que eso cambie son pocos ya que el Presidente actual, al igual que los anteriores, se niega a denunciar el Pacto de San José y a sacar a Guatemala de una CIDH que lo único que ha hecho es proteger asesinos, terroristas y vividores, multimillonarios a punta de resarcimientos que, para colmo, son ilegales según nuestra Constitución. 

Si hiciera eso, se podría finalmente aplicar la pena de muerte, que, aunque algunos no lo entiendan, para empezar, sirve para que nuestros impuestos vayan a educación y salud, en vez de alimentar personas enfermas del cerebro y del alma que no se van a componer y que siempre harán mal a otros.

Hay muchos estudios de países del primer mundo que sacan esta conclusión.

La pena de muerte no tiene nada que ver con derechos humanos porque sería aplicada a gente que adolece del sentido de humanidad. El luto que empaña a tantas familias de todos los estratos sociales y económicos, el dolor causado a personas que no les habían hecho ningún daño, no debiera quedar impune. Personas que, con sus impuestos, alimentan las cárceles y pagan los sueldos de la policía, los juzgados, y demás autoridades.

Y este, es el mortero que destruye la mano que lo sostiene.

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Betty Marroquin

Licenciada en Relaciones Internacionales, especialista en el Congreso de los EEUU.