Año Nuevo, regreso a los fundamentos

Evolución

Con el inicio de un nuevo año es común que se reciclen las usuales reflexiones sobre los retos y desafíos que por inmemorable tiempo hemos venido intentando superar como país. Como de costumbre, se incluye la sempiterna crítica a nuestra clase política. La cual, dentro de las usuales diatribas, ciertamente justificables en muchos casos, quizá cobre más intensidad dado que este ciclo anual coincide con un punto de inflexión en el ciclo electoral, dentro del cual también seguimos en una órbita circular en lugar del espiral ascendente que quisiéramos.

Lógicamente habremos de ser escrupulosos con la oferta electoral que se nos presenta. Si bien a penas se diferencia entre distintas variantes del estatismo, una decisión errada, o que implique una concentración de poder, aun fuera producto de alianzas difusamente previsibles, podría hasta encausarnos en una caída estrepitosa. Así que no es de menospreciar la relevancia que reviste esta etapa del ciclo político que en el transcurso de este año será determinante, ni la decisión que pronto afrontaremos.

Pero, más que repetir las trilladas quejas que resumen nuestros males y también trilladas acusaciones a sus presuntos responsables, aún los personajes cambien de nombre, realmente debiéramos cavilar profundamente sobre los fundamentos, a nivel filosófico incluso, de lo que nos ha traído hasta aquí, nos ha obligado a permanecer aquí, y nos ha impedido salir de aquí. Y a menos que lo hagamos, cualquier intento de concientizar nuestra realidad, no tendrá más valor que las fútiles resoluciones de fin de año que nunca cumplimos y sobre las cuales también acostumbramos a hacer votos.

En la vorágine del estatismo, sumisos en la premisa que ahí yace la solución a todo y que sólo se trata de encontrar a aquellos ángeles que habrán de hacerlo funcionar cabalmente, hemos olvidado plantearnos las interrogantes más elementales. ¿Cuáles son las funciones primigenias del gobierno?. ¿Por qué le hemos asignado tantas atribuciones que realmente no le competen y cuales han sido los resultados?. ¿Por qué permitimos tantas regulaciones de las actividades económicas que, en lugar de instituir reglas claras que faciliten la competencia y promuevan la inversión y creación de empleo, más bien crean distorsiones, discrecionalidad y privilegios para el oportunismo de agentes y sectores específicos?. Porque las intenciones no bastan para demandar programas sociales que intrínsecamente están destinados al fracaso y a la corrupción. ¿Por qué no terminamos de entender el valor de la libertad individual como verdadero motor del progreso?. Por ejemplo.

Haciéndose esas preguntas, y razonando con honestidad intelectual, encontrará las respuestas a ¿por qué año con año repetimos las mismas quejas?. El reto está en cambiar las soluciones a raíz de entender la verdadera causa: aferrarnos a una filosofía política errada. ¡Feliz 2,023!

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Alejandro Baldizón

Abogado y Notario, catedrático universitario y analista en las áreas de economía, política y derecho.