Leda y el Cisne

Editado Para La Historia

Sabemos que las mitologías son un compendio de relatos, leyendas e historias de los dioses de los diferentes panteones de diversas naciones. No se habla mucho de la mitología nórdica, en la que el Dios supremo es Thor. Más conocida, quizás porque más cercana, es la mitología griega. Es posible que por el hecho de que fueron los romanos los que crearon el gran Imperio, al adoptar a los dioses griegos como propios, insuflaron su popularidad entre las civilizaciones que siguieron a los romanos, entre ellas la nuestra.

Sin lugar a duda, los artistas se han inspirado a profusión en hechos y leyendas de la mitología que podemos llamar grecorromana. Como sabemos, el Dios supremo era Zeus, Júpiter para los romanos. Él era el que dirigía a todos los dioses que vivían en la morada que habían escogido, en la cúspide del monte Olimpo en Grecia. Pero resulta que los griegos teñían en sus dioses sus propias acciones, imagino que con el deseo de darles mayor respaldo a sus propias virtudes y defectos. Sabemos que, entre los griegos, los hombres tenían una posición prominente en la sociedad, mientras que las mujeres estaban fundamentalmente destinadas a ocuparse de sus casas y a procrear hijos.

De ahí que Zeus se permitiera toda una serie de flirteos con otras mujeres. Hera, su esposa, estaba casi siempre al tanto de las andanzas de su marido. Cuando había una hermosa mujer en la tierra, de alguna forma se las agenciaba Zeus para hacerla suya. Y no nos equivoquemos, cuando había algún hermoso efebo, actuaba de la misma forma. Para no hacer la cosa tan descarada, la coartada de Zeus era adoptar la forma de algún animal y así seducir a su víctima. Y no solo adoptaba la forma de algún animal para seducir a alguna mujer que le interesara. También podía adoptar la forma de una lluvia de oro, como es el famoso caso de Dánae.

La historia que les quiero traer hoy es más famosa por la forma en que ha sido utilizada reiteradamente por los artistas y, en particular, desde la época del Renacimiento que por el hecho en sí. Si uno trata de encontrar información sobre la forma en que Leda, esposa del rey de Esparta Tindáreo, fue poseída por Zeus no encontrará mucha información.

Sin embargo, si lo que uno quiere es encontrar como información la utilización que se ha dado a este evento en el arte la documentación es muy voluminosa.

Pero volvamos al tema que nos ocupa. Leda era la hermosa reina de Esparta. En una ocasión que se bañaba a orillas del río Eurotas fue vista desnuda por Zeus desde allá, desde su morada, desde el Olimpo. De inmediato quiso poseerla y se dirigió a Afrodita para que ella lo ayudara en su fechoría. La idea era que Afrodita se metamorfoseara en águila. Él mismo se metamorfosearía en cisne. La jugarreta era la siguiente: un águila en el aire quería atacar a un cisne indefenso y el cisne, asustado, voló hacia Leda para que ella lo protegiera del águila que le quería atacar.

La estratagema marchó de maravilla. Podemos imaginar el momento: Leda, con su deslumbrante cuerpo desnudo, abrazando al desprotegido cisne de las garras del águila que se lo quería comer. Al animal escogido por Zeus para su trastada, el cisne, es un animal de belleza sin igual, con su largo cuello, su impoluto plumaje, sus maravillosas alas lo hacen un animal muy hermoso. Imaginemos: con sus grandes y límpidas alas cubrió el cisne a Leda, con su largo y frágil cuello la abrazo alrededor de su busto y fue en ese momento que la hizo suya, casi sin que la pobre víctima se diera cuenta. Hoy, en nuestros días, a esto se le llama violación.

Seguramente el amable lector está pensando en zoofilia y sinceramente tiene bastante de ello. Innegablemente es un hecho de elevada y evidente sensualidad.

Casi desconocedora de lo que había ocurrido y enamorada que estaba de su marido, Leda esa noche se entregó a su esposo, el rey Tindáreo. Más tarde, Leda mostraría signos de embarazo. Al momento de parir, parió dos huevos y no un ser humano como todos pudieran esperar. De uno de los huevos nacieron Pólux y Helena, que más tarde, por su singular belleza, sería la causante de la guerra de Troya. Pólux y Helena, por ser hijos de Zeus, eran inmortales. Del segundo de los huevos nacieron Cástor y Clitemnestra que serían inmortalizados con una constelación en el cielo y el signo zodiacal de Géminis. Cástor y Clitemnestra, por ser hijos de Tindáreo, eran mortales.

La historia cambia, y a veces notablemente, según los narradores que dejaron para la posteridad esta hermosa narración. Esto es un hecho recurrente en las cuestiones de la mitología griega, cada uno de los narradores da precisiones que no da otro. Lo que ninguno de los narradores de esta historia nos cuenta es cómo reaccionó el rey Tindáreo cuando vio que su esposa estaba pariendo dos huevos.

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Le invitamos a leer más del autor:

Franck Antonio Fernández Estrada

traductor, intérprete, filólogo (altus@sureste.com)