Las estatuas de Terracota

Editado Para La Historia

Para la época de la que les quiero hablar hoy, en buena parte de Europa se vestían con pieles de animales. Roma comenzaba su gran expansión para convertirse más tarde en el imperio que tuvo. Egipto iniciaba su decadencia con los Ptolomeos. En América tampoco habían llegado a su esplendor las últimas culturas precolombinas. Sin embargo, en China ya hacía siglos se había llegado a un elevado grado de sofisticación y refinamiento. Suelo decir: los europeos se cubrían con pieles de animales medio curtidas cuando los chinos ya dominaban el arte de la producción de la seda.

Por fotografías y películas conocemos a los muy famosos guerreros de terracota. Son reproducciones en tamaño natural de miles de soldados, todos diferentes, con sus rasgos fasciales distintivos y en posición de combate. Pero ¿qué son estos soldados? ¿quién los hizo? Para ello tenemos que remontarnos a una época en la que China aún no existía como nación. Era una multitud de pequeños reinos, cada uno independiente del otro y enfrascados en frecuentes y mortíferas guerras para arrebatarle un pedazo de tierra al vecino. Es la época de China que la historia recoge con el nombre de “Reinos Combatientes”.

Tampoco debemos imaginar que todos esos reinos juntos representan la China que conocemos hoy y que vemos en los mapas de geografía. La expansión de este país continuó incluso hasta 1950 con la anexión del Tibet, muy criticado en su momento y que ya se considera como cosa adquirida.

Pues bien, en uno de esos múltiples reinos, en el reino Qin, nació en el año 247 AC Zheng, uno de los múltiples hijos del rey, solo que este era el heredero al trono. A la muerte de su padre, ascendió al trono como rey de Qin a la edad casi 13 años. Su madre, conocida por ser muy libertina, otorgaba sus favores en ese momento al primer ministro y entre ambos decidieron ser los regentes del reino y tratar de separar de su trono al joven rey. A su mayoría de edad, a los 21, dio un golpe de estado a su madre y al favorito del momento tomando las riendas del poder, de forma absoluta.

Pero el joven Zheng tenía grandes aspiraciones. Uno tras otro fue conquistando los reinos vecinos, puesto que se había convertido en un hábil guerrero. No permitía desobediencias. Él mismo cortaba las cabezas de los militares o nobles de los reinos conquistados que se le interpusieran o intentaran sublevarse.

Una vez unificados todos estos reinos, Zheng cambió de nombre para convertirse en Quin Shi Huang. A pesar de que durante siglos el país que hoy conocemos como China no usaba oficialmente ese nombre, fue el nombre del emperador “Shi” el que se utilizó para nombrar a esta nación a partir de 1912, momento en que se abolió el imperio y surgió la República de China.

Pero volvamos a nuestro joven emperador. Una vez unificados todos los reinos bajo su poder abolió el régimen feudal, creó canales (muchos de los cuales aún son practicables) para el desarrollo de la economía y del comercio, instauró un sistema único de medidas y una sola moneda, comenzó lo que más tarde se conocería como Muralla de China y llevó a cabo muchas otras transformaciones.

Para paliar la diversidad de idiomas en su nuevo imperio, estableció una escritura que fuera única para los diferentes idiomas que se hablan en China. Esto es válido hasta el día de hoy. Veamos esto de forma más clara. De una provincia a otra pueden hablarse diferentes idiomas y uno y otros no se entienden al hablar. Ahora bien, la escritura es la misma para todos y es eso lo que unifica al país desde el punto de vista idiomático.

Pero ¿qué hay de nuestros soldados? A pesar de que el emperador Shin atrajo a su corte a todos los nobles de los reinos conquistados para tenerlos bien controlados, no por ello dejó de tener un inmenso ejército. Los chinos también creían en la vida en el más allá y lo lógico es que nuestro emperador se rodeara de todo lo necesario tener en el más allá el mismo estilo de vida que gozaba en la tierra. Así que se mandó a construir un fabuloso complejo funerario que comprende varias decenas de hectáreas.

La tumba propiamente dicha no ha sido abierta, pero existen crónicas de la época en la que se habla de suntuosas instalaciones que rodean el túmulo mortuorio de Shin, todo de oro. Alrededor del túmulo dicen hay un mapa de su imperio con representación de mares y ríos en mercurio. En el cielo, joyas representando las constelaciones y los planetas. Ahora bien, nada de esto ha podido ser confirmado. De hecho, no podemos tampoco creer en los cronistas de la época. Aquellos que trabajaron en las obras fueron encerrados vivos para que no pudieran contar lo que habían hecho y visto. Algo sí es cierto. El corazón mismo del complejo funerario fue cubierto cuidadosamente con tierra para semejar una montaña. En los últimos años en esa “montaña” se han hecho perforaciones y sí se ha podido encontrar una elevada concentración de mercurio.

El mercurio es altamente tóxico. Es una de las razones por la que las autoridades chinas no han intentado abrir la tumba del primer emperador. También en las crónicas se cuenta que existen múltiples trampas para los que quieran perturbar el sueño eterno del emperador. Pero no es todo, también existe la profecía de que si se abre la tumba grandes desgracias caerían sobre el país. Los chinos de nuestro siglo XXI son muy modernos y comunistas… pero también muy supersticiosos.

Entre las cosas que el primer emperador se llevaba a su otra vida había un multitudinario ejército para defenderlo, como lo hiciera durante su vida. Hasta el momento se han encontrado estatuas, más de 8 mil, que representan a los soldados en formación de batalla. También encontramos caballos con sus carruajes, otros animales, músicos, concubinas… Los arqueólogos saben que existe muchísimo más por descubrir. Pero hay una dificultad mayor. Estas figuras están profusamente pintadas en colores azul, rojo, rosa y dorado pero cuando se ponen en contacto con el aire rápidamente pierden su color.

Las autoridades chinas han decidido dejar para las futuras generaciones el descubrimiento de lo que queda aún para que se puedan utilizar nuevos avances técnicos que permitan conservarlo todo tal cual y no crear deterioros.

Entre los soldados se han encontrado también armas, hermosas vasijas y toda una serie de objetos necesarios para que el emperador Shin tuviera una vida placentera. Sin embargo, existe algo que ha llamado la atención de arqueólogos y conocedores. Son las armas. Resulta que las espadas y los otros objetos punzocortantes están perfectamente afilados, como si se hubieran afilado ayer a pesar de los más de 2200 años que nos separan de aquellas épocas. Esto lo lograron con una fina capa de cromo cubriendo estos filos, técnica que nosotros, presuntuosos hombres modernos, solo descubrimos no hace mucho.

Mientras tanto, aquellos que tienen la posibilidad de viajar a China sabrán que cuentan con esta atracción, una más entre lo mucho que se puede ver en este interesante y rico país, con su gran cultura milenaria. Allí están los soldados de terracota hieráticos, esperando, como perplejos por la curiosidad que han causado desde su descubrimiento en 1974 por un campesino cerca de la ciudad de Xian.

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Franck Antonio Fernández Estrada

traductor, intérprete, filólogo (altus@sureste.com)