El efecto derrame, las ilusiones perdidas

La riqueza en el mundo crece aceleradamente, ya no se habla de millonarios, estos son una basura. Ahora dominan los multimillonarios. En el terreno político la discusión se concentra entre dos bandos, con todas sus fracturas como corresponde a cualquier ideología o creencia de los humanos. Por un lado, los que afirman que el sistema no es capaz de generar equidad y que es indispensable suprimirlo y construir, de la nada, de unos sublimes iluminados un mundo nuevo. Por otro lado, los que afirman que el sistema es bueno, ya que ha sobrevivido a todas sus críticas, teóricas, políticas y armadas; generando un mundo de gran capacidad productiva; que en el momento actual ya permite un elevado consumo para todos los humanos.

Para los primeros, no existe un efecto derrame, la riqueza se concentra en pocas manos. Para los segundos, existe un efecto derrame. ¿Quiénes tienen la razón?, ¿por qué los otros están equivocados?, ¿podremos construir un mundo ideal equitativo?, o será que el mundo es así por naturaleza y no se puede hacer nada para cambiarlo.

Ya en el ensayo anterior quedo definido que el capitalismo existe, y no solo eso, se ha impuesto en todos los países del mundo. Lo único que no es un solo capitalismo. El capitalismo se construye como mercados que conviven con la democracia, el autoritarismo, las dictaduras, el Estado empresario, el caudillismo, el bonapartismo. Se extiende desde China, Rusia, Alemania, Guatemala, Costa Rica pasando por todos los continentes. No existe, por el momento, y tal vez nunca, un sistema que lo pueda sustituir.

Qué es el capitalismo

Es un sistema de producción, que produce bienes y servicios a través de dos mecanismos: el mercado y el Estado. El mercado produce bienes para ser intercambiados y generar ganancias o plusvalía. Esas ganancias se asignan a diferentes actores sociales, lo que se conoce como efecto derrame, es decir, las ganancias de las empresas privadas se asignan a diferentes agentes económicos y sociales que son funcionales para que el sistema funcione. Las empresas utilizan recursos sociales que han sido privatizados, esos recursos son materiales, financieros y humanos. Al ser utilizados producen bienes que al venderse aumentan su valor.

Esa ganancia se distribuye de diferentes formas de acuerdo con la realidad de cada país y cada mercado. Una parte se asigna a los dueños o inversionistas, otra a los funcionarios o gerentes de la organización, otra parte se reinvierte en nuevas materias primas y tecnologías, otra parte se asigna al Estado y también se llevan su tajada agentes externos que hacen publicidad, mercadeo y transporte, etc. Es decir, es un derrame de las ganancias entre agentes más cercanos a la producción y el comercio.

El Estado, o mejor, su representante ante los ojos de los ciudadanos, el gobierno, también produce. Produce bienes y servicios públicos, indispensables para ser consumidos colectivamente, y que son esenciales para el mercado. El gobierno produce infraestructura económica (puertos, aeropuertos, carreteras, electricidad, abastecimientos de agua, energía), sin la cual las empresas privadas quedarían sin sustento; produce infraestructura social (escuelas, colegios, universidades, hospitales, centros culturales, laboratorios científicos); produce infraestructura de seguridad (cuerpos policiales, armamento, cárceles, centros de investigación judicial, control y seguimiento de información de seguridad); produce, también, toda una infraestructura de funcionarios, burocracias, instituciones de educación, de cultura, de gobierno todo con el objetivo de facilitar la convivencia social y el reconocimiento del pueblo sobre el liderazgo del statu quo.

Pero, no solo eso, el gobierno, en la modernidad también incursiona en la producción de bienes y servicios de mercado, produciendo licores, agua potable, electricidad, energía, las cuales traslada al consumidor en forma de bienes con precio de mercado. Y, no solo eso, genera una enorme cantidad de instituciones paralelas, algunas que duplican funciones para mantener el empleo, los ingresos y la bonanza de agentes indispensables para justificar la propiedad privada.

Se genera o no se genera riqueza en una sociedad. Como se distribuye entre la población. Eso es el efecto derrame. Sí las sociedades producen riqueza, el tema es como esta riqueza social se redistribuye, luego, entre la población.

La producción de riqueza en el mundo es alucinante. En informes recientes, del Credit Suisse, por ejemplo, nos dicen que, en el 2023, los que disponen de un patrimonio superior al millón de dólares (888.229 euros) sumarán 55 millones. Pese a ello, se mantienen los niveles elevados de pobreza y desigualdad en el mundo. Los países centroamericanos cuentan con bajas tasas de ingresos del gobierno. Lo que limita la capacidad de inversión y generan mínimos gastos en educación y en salud, escasez de agua potables. Guatemala, por ejemplo, mantiene un rezago, incluso, con países de América latina, que no son un estandarte en el mundo.

El mundo ha enloquecido. Ya los millonarios son vistos con menosprecio por los multimillonarios. Según organismos internacionales el número de multimillonarios en América latina aumentó, en los últimos dos años, de 76 a 107 y el total de la fortuna acumulada por un selecto grupo paso de US$284 000 millones a US$480 000 millones.

El efecto derrame funciona de varias formas. Uno, para adquirir los recursos productivos y generar el proceso; dos, generar inversión para aumentar el poder y la sostenibilidad del sistema; tres, para generar rentas a sectores funcionales y necesarios para que el sistema funcione; cuatro, para generar recursos para la población que está al margen del sistema y que tiene que sobrevivir para que la confrontación social no ponga en peligro al sistema; cinco, para financiar críticos del sistema, que ayudan a distinguir errores y obstáculos para su crecimiento; seis, otras asignaciones de recursos.

En esa dirección, se generan varias hipótesis: una, sí el sistema genera riquezas, todos los sectores reciben una parte de la riqueza, en proporciones diferenciadas. Se puede generar una brecha importante, pero sí los sectores más pobres o fuera del sistema logran recibir lo mínimo para su existencia, el sistema se mantendrá con la confianza de todos.

Esa es la razón por la que el Estado capitalista responde con modelos de transferencia de recursos a la pobreza extrema y sectores en riesgo, para asegurar el consenso social.

La sociedad así organizada necesita que todos los grupos se sientan representados.

Países con más multimillonarios en América Latina

Individuos con un patrimonio de al menos US$1.000 millones

Por ejemplo, veamos el siguiente gráfico.

Este gráfico muestra una paradoja. Mientras mayor riqueza y crecimiento muestran los países, mayor es la diferencia de ingresos, mayor es la brecha entre ricos y pobres. Lo cual pareciera demostrar que no existe riesgo social con la brecha de riqueza, ya que sí los ricos se vuelven ultramillonarios, las clases medias y los pobres alcanzan niveles de ingreso y consumo superiores a los ricos de hace un siglo. Y, por lo tanto, pareciera que no hay riesgo de confrontación social. En cambio, en los países de menor crecimiento económico, la brecha no es tan abismal, pero las clases medias y los pobres viven en condiciones miserables.

Todo Estado necesita una estructura social. Por supuesto la utopía humana sería la de una sociedad sin clases, sin jerarquías, sin la dominación de unos humanos sobre otros. Es un sueño, que probablemente nunca culmine en realidad. Ya que, por el momento, las clases dominantes, y sus aliados, funcionarios, políticos, artistas, intelectuales, etc., necesitan asegurarle a los oprimidos unas condiciones que le permitan, por lo menos, arrastrar su existencia con los mínimos recursos.

Es por eso qué en nuestras sociedades, el incremento extraordinario de la riqueza de unos pocos, no se transforma en luchas fatales por el cambio social, sino en meras protestas por la diferencia. Ya que mientras más crece la riqueza, el efecto goteo mejora los niveles de vida promedio de toda la población. Lo que permite un aumento acelerado de la población mundial, así como las expectativas de vida.

La productividad mundial, medida por el PIB per cápita crece en 300 años como nunca lo hizo durante siglos. Son los avances tecnológicos, la especialización y la competencia los que promueven este auge. Ese auge, de un sistema competitivo con vida propia, el que aumenta la ganancia, el consumo de todos y las crecientes amenazas contra los recursos naturales y el resto de los seres vivos, aumentando la pobreza y, por primera vez amenazando con dejar sin condiciones de vida a millones de seres.

¿Cuál es la situación de Centroamérica en el momento actual?, ¿cuáles son las oportunidades y amenazas? Lo trataremos la próxima semana.

Le invitamos a leer más del autor:

Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.