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Entre promesas y esperanzas

Tanmi Tnam

Guatemala, un país tan desigual, con alto porcentaje de población que vive en condiciones de pobreza, analfabetismo, sin oportunidades de trabajo, con muchas niñas y niños que padecen desnutrición y las mujeres con obstáculos de participación en espacios donde deberían incidir para el mejoramiento de las circunstancias que viven actualmente.

Otro hecho lamentable, es el caso de los pueblos originarios y de los empobrecidos de la población ladina, que creyendo en falsas promesas con esperanzas asisten a depositar su voto en cada elección que se realiza en Guatemala y sin resultados para cambiar las condiciones de exclusión, olvido, injusticia y empobrecimiento en que viven.  Así ha sido, para los pueblos originarios, desde la invasión, pasando por la época colonial y la época independiente a la fecha. Asistir a votar con alguna esperanza porque el futuro sea mejor y luego de muchos siglos, nada ha cambiado. Los pocos dueños del poder y de la riqueza hacen de todo para no perder el privilegio del que gozan.

Pero aun en condiciones de sufrimiento, los empobrecidos aprecian a su pueblo, a su país, a su comunidad y a su familia, entonces luchan cotidianamente para no morir de hambre y buscan a quienes en tiempo de elegir autoridades se dedican a engañar a todos con falsas promesas. Todos quieren saber qué hay para los más olvidados. La información que circula a través de las y los candidatos a puestos de elección popular es aquella que ofrece solución a todos los problemas, la descalificación de los adversarios y el uso de discursos religiosos para convencer a los posibles votantes más humildes.

Para la ciudadanía que se identifica ser parte de los pueblos originarios de Guatemala, el voto significa entre otros hechos, la continuidad del Estado racista porque los poderes que lo sostienen se fundamentan sobre las ideas y prácticas  que se aplicaron desde la invasión hasta nuestros días; es el Estado que sigue apoyando el saqueo en pleno Siglo 21 con acciones cuyas consecuencias significan persecución, cárcel y muerte; es el Estado que criminaliza al liderazgo de los pueblos originarios tan solo por luchar por la vigencia de los derechos colectivos y la defensa de la Madre Tierra.

El voto de los ciudadanos de pueblos originarios, mantiene esperanzas, lleva aspiraciones para ser tomados en cuenta en los poderes que conforman el Estado de Guatemala y que sus problemas, necesidades y aspiraciones deberían recibir respuestas concretas a través de los servicios públicos. No se puede negar que durante muchos siglos, solamente se han encontrado frente al liderazgo, pensadores y funcionarios públicos que no tienen ojos para ver a los excluidos, no saben escuchar las quejas y las demandas que exige que entre todos se debe construir la democracia y la justicia y no tienen corazón para hacer del poder un servicio para el bien común. Quienes aspiran a puestos públicos, deberían tener una pizca de amor a su país y tener una buena dosis de vergüenza, no deben hacer falsas promesas, alejarse de la corrupción, no apoyar la impunidad, no comprar votos, no hacer uso de dinero público para intereses de partido político alguno y no hablar de contenidos religiosos durante la época de elecciones.

Sirvan estas elecciones 2023 como una oportunidad para que todos los pueblos de Guatemala asuman un proceso de diálogo para construir el país donde la diversidad, la multietnicidad, el multilingüismo, la pluralidad de visiones, las religiones y formas de educación sirvan de cimiento para la justicia, la paz, la democracia y el bienestar de todas y todos.

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