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Los vaivenes de la moral tributaria

Barataria

Pedro es un guatemalteco común que siempre estuvo trabajando en el negocio del transporte escolar llevando alumnos a los diversos colegios.  Los padres de estos niños lo contactaban porque es una persona confiable y responsable en la comunidad en donde vive el negocio lo heredó de su padre.  Sin embargo, con las dificultades económicas que se sufren de día en día y con el sueño de comprar otro microbús para lograr que tanto el cómo Juanita, su esposa puedan ambos dedicarse a este negocio.  En su empeño por lograr esto, no le quedó más remedio que emigrar a Estados Unidos, para poder trabajar y lograr, a través del envío de remesas que su esposa Juanita ahorraría en una cuenta de Banco a su nombre; comprar el otro microbús y abarcar más alumnos.  Al final de unos años, luego  de estar separado de la familia y haber enviado con mucho sacrificio dinero a través de remesas que Juanita su esposa ahorro de la mejor manera posible y le llama a su esposa y le indica que vaya a comprar el microbús nuevo de agencia, para que al llegar ya puedan ambos trabajar especialmente porque se inicia el año escolar.  Juanita corre a la agencia de vehículos y encuentra un microbús nuevo, modelo del año y al comprarlo lo facturan a su nombre, sale feliz conduciendo el microbús que les va a servir para ampliar el negocio de transporte de alumnos cuando venga su esposo que está preparando su regreso.  Sin embargo, el 21 de Febrero de 2023, casi le da un infarto cuando ve al Superintendente de Administración Tributaria, el señor Marco Livio Díaz, cual publicano, anuncia como un logro de su administración que se ha “detectado una nueva tipología de incumplimiento de obligaciones tributarias” y que consistente según sus palabras en un marcado “aumento del patrimonio de contribuyentes que resulta incongruente con los impuestos declarados”.  En realidad su “descubrimiento” se logró a través de analizar las adquisiciones de vehículos y las facturas que se emitieron a favor de los compradores.  Juanita ya vive preocupada porque no sabe si a ella también le va a alcanzar ¿el brazo justiciero de la SAT?

Pagar impuestos es algo que no les gusta a la mayoría de ciudadanos aquí en Guatemala, en Alemania, en Canadá o Estados Unidos y es por eso que las leyes tributarias son, en la mayoría de realidades, mucho más severas que las mismas leyes penales.  Hay desde el cierre de negocios hasta prisión y con ello una serie de cumplimientos y condiciones que deben aceptarse.  Es por ello que el desde el tiempo del Imperio Romano esta tarea, comparada nada más que con la prostitución, llego a ser “vendida” a personas originarias de los lugares para que fueran ellos y no los mismos romanos quienes les cobraran el tributo a sus conciudadanos y por ello al Imperio únicamente le importaba que le trasladasen lo que ellos ya habían calculado anualmente del tributo y el publicano cobrador de impuestos se quedaba con el resto, regularmente estos cargos harían ricos a quienes los pudieran desempeñar.

Sin embargo, el pago de tributos esta ligada a la moral tributaria que no es otra cosa que el ciudadano se vea retribuido en parte por los impuestos que paga.  Así, los Estados buscan de alguna manera retribuir al ciudadano ya sea con un buen sistema de salud, una educación pública de calidad, vías de comunicación adecuadas, seguridad pública ordenada, educada y de servicio en fin muchas otros compensadores que le permitan al ciudadano común y corriente recibir un poco de lo que paga diariamente en impuestos (hay que recordar que los impuestos se pagan a diario cuando son directos como el iva). Es allí en donde el ciudadano tiene una buena moral para pagar los impuestos y, aunque la administración tributaria está detrás de los contribuyentes, muchos tratan de cumplir a cabalidad con el sistema. 

En Guatemala, no existen moral tributaria alta, porque basta ver las redes sociales, leer los periódicos entender cómo la corrupción galopante hace literalmente piñata y chinchilete para saber a dónde van todos los impuestos de los guatemaltecos. Hay impuestos específicos que la circulación de los vehículos y la gasolina, pero todos los guatemaltecos caminamos por calles de tercera o cuarta categoría y todavía establecen el pago para los meses en los cuales la mayoría de los guatemaltecos reciben el bono 14, así aprovechan para exigir el pago del tributo que va “amarrado” a la exigencia del pago de las famosas multas “fantasmas” que impone EMETRA y otras Policías de Tránsito Municipales.  Pero ¿A dónde va todo el dinero recaudado por impuesto de circulación de vehículos? De las multas de EMETRA ni necesitamos preguntar.  El sistema de salud va de mal en peor, la educación por los suelos, las vías de comunicación están destruidas y la seguridad es un chiste, sin embargo a estos ministerios se destinan millones de quetzales que todos los guatemaltecos hemos pagado y que simplemente se reciben en un “costal roto” porque no llega de regreso a los guatemaltecos sino que en el camino se van repartiendo todo el dinero haciendo ricos a muchos funcionarios de cualquier categoría, mientras el Gobierno anuncia con pompa subsidios que no le van a llegar a la población y exige el pago de impuestos a través del recaudador.

En realidad, me parece que el gran “descubrimiento” del señor Superintendente de Administración Tributaria de cruzar la facturación de vehículos, joyas y blindajes sería bueno que se empezara a aplicar a la verificación de la facturación de vehículos terrestres, marítimos y aéreo y verificar que mucha de esa información posiblemente pertenezca a muchos funcionarios públicos que entraron en el gobierno “con una mano adelante y otra atrás” algunos de estos inscritos en el Registro Tributario bajo el régimen de Pequeño Contribuyentes.  Sería un buen ejercicio que el superintendente determinar la declaración de impuestos de los funcionarios públicos y todo lo relacionado con las compras que hacen mensualmente para que veamos si lo que les facturan corresponde con los ingresos que perciben en los puestos públicos.  Porque si vamos a lo que devengan mensualmente los ministros, viceministros y otros funcionarios, incluso hay personas ligadas al gobierno que no tienen salario en el Estado pero que viven a cuerpo de rey; podríamos darnos cuenta de que no podrían ni siquiera comprar un vehículo de media gama con el salario que devengan. Allí es por donde debería de empezar la administración tributaria, en determinar si a quienes se les factura todos estos gastos aparentemente suntuarios son a los funcionarios públicos que se han enriquecido a costa de los impuestos de todos los guatemaltecos.

Hay una harta obligación de pagar impuestos, pero también hay una hartísima obligación de que el Gobierno los use correctamente, que rinda cuenta s de ¿A dónde está el Dinero? Y que no lo destine para enriquecer a sus secuaces porque la obligación del pueblo de pagar impuestos esta ligada a la honestidad de los funcionarios públicos.

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Emilio Estrada

El Doctor Emilio Estrada, es abogado egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, obtuvo su PhD en Sociología en la Universidad de Salamanca, España, es abogado litigante.

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