La llegada de Tesla a México: Retos y oportunidades

Hace unos días se dio a conocer que, finalmente, en Santa Catarina, Nuevo León, se construirá la gigafactory de Tesla. Esto representa para México una serie de oportunidades tecnológicas y económicas, así como también retos a enfrentar debido a la demanda energética, la contaminación ambiental y la escasez de agua.

Lo que aún queda por aclarar es cuál será el plan de trabajo y las estrategias que se utilizarán para dar comienzo al futuro de la movilidad en nuestro país. El reto ahora, es buscar más alternativas que favorezcan a la población mexicana en materia de la electromovilidad, para que cada estado llegue, poco a poco, al concepto de una “ciudad sostenible” o “ciudad inteligente”.

Para lograrlo es necesario aplicar las tecnologías de la información y de la comunicación a las infraestructuras, con ello se obtendrá mejor calidad de vida, participación ciudadana activa y un desarrollo sostenible. Si todo marcha por buen camino en el 2050 se evitarían un creciente número de problemas como las emisiones de CO2, el abastecimiento energético, la provisión de materias primas, la planificación del tráfico automovilístico, entre otros.

Llegar a ello, parece lejano, pero no lo es tanto. Si bien se dice que los coches eléctricos son la mejor solución para causar un verdadero impacto en el medio ambiente y que no producen emisiones de gases, sin embargo, hay varios cables sueltos detrás de toda esta innovación tecnológica. De acuerdo con el estudio Non-exhaust PM emissions from electric vehicles, realizado por los escoceses Victor R.J.H. Timmers y Peter A.J. Achten de la Universidad de Edimburgo, se sostiene que los vehículos eléctricos y los vehículos convencionales casi contaminan de la misma manera desde su fabricación hasta en su conducción: “en comparación con un diésel promedio, el eléctrico emite un 1 por ciento menos de PM2.5”.

Lo que es un cambio insignificante para lo que se quiere proyectar. Los investigadores afirman que para fabricar un batería de un coche Tesla es necesario producir 17,5 toneladas de dióxido de carbono. El problema principal es que las baterías son fabricadas con litio, material también utilizado en los móviles y aparatos electrónicos, por lo que se produce una mayor contaminación, si no se les da una segunda vida o un reciclaje adecuado.

A parte de comenzar con la producción masiva de coches eléctricos, la meta va más allá y es introducir la energía renovable en el funcionamiento de las ciudades de forma radical y mundial, como la energía solar, la eólica, la hidroeléctrica, la biomasa y la geotérmica, con el fin de reducir los efectos del calentamiento global por los combustibles fósiles. Por más de 150 años hemos dependido, esencialmente, del carbón y del petróleo para producir energía, lo que ha provocado el efecto de los gases de invernadero en la atmósfera, fenómenos meteorológicos extremos, el aumento del nivel de mar y los cambios en los hábitats de la flora y fauna. El concentrarse en producir energía limpia abre oportunidades tanto para la economía, la sociedad y el medio ambiente, como mejorar las redes eléctricas, crear nuevos puestos de trabajo, reducir las facturas de energía, entre otras.

Para esto, la Secretaría de Relaciones Exteriores presentó el “Plan Sonora”, que tiene por objetivo generar energía renovable a partir de celdas fotovoltaicas, en un espacio de 2 mil hectáreas con paneles solares, que beneficiará a 1.6 millones de personas de los estados de Sonora, Sinaloa y Chihuahua. Este proyecto potencia la fuerza solar del desierto de Altar y los yacimientos de litio, se considera que es el más grande América Latina y el séptimo a nivel mundial que actualmente está buscando inversión pública o privada para replicar el plan en otros lugares. Para abril de este año la primera etapa de esta planta estará lista y tendrá una inversión de mil 644 millones de dólares. Se tiene planeado construir más parques solares en la frontera de México con Estados Unidos para poder exportar la energía eléctrica a otros países y llegar a una transición global de las energías renovables.

De acuerdo con el portal National Geograpic, el cambiar la modalidad de los coches a eléctricos no tendrá un gran efecto en los niveles de partículas de suspensión, ya que “en comparación con un diésel promedio, el eléctrico emite un 1 por ciento menos de PM2.5”. Otro de los aspectos a rescatar es su fabricación, ambos coches se fabrican igual desde su interior hasta su carrocería, por lo tanto, contaminan lo mismo y si se compara el número de piezas fabricadas de una Nissan NV200 convencional (1,415 unidades) contra una eléctrica eNV200 (1,534 unidades), ésta última resulta ser más contaminante.

A pesar de que ambos procesos emiten casi el mismo CO2 a la atmósfera, en 2025 Noruega tiene planeado prohibir la venta de coches que funcionan con gasolina o diésel. La contaminación ambiental y los efectos adversos para la salud seguirán existiendo si no se busca otra alternativa que involucre la fabricación, la tecnología renovable y el reciclaje posterior.

Según la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA), se sostiene que entre más kilómetros recorra un coche eléctrico menos será su impacto medioambiental, además que debe cuidarse el proceso de reciclaje en todos sus componentes, incluso la batería, cuando un auto llegue al final de su vida útil. Hyundai ya se adelantó y propone un programa de almacenamiento de energía para las baterías de segunda vida (SLEBSS), éstas se pueden utilizar como un depósito de energía para fuentes renovables, como los paneles solares. Esta empresa lleva la delantera y está comprometida a conseguir la neutralidad de carbono en 2045 al producir una gama de coches 100% cero emisiones, desde su fabricación y comercialización, a partir de energías renovables.

El pensar cómo reciclar los componentes de los coches eléctricos (el acero, los cables, el cuero, los airbags, los cristales, los mecanismos eléctricos, etc) es una preocupación y una tarea que deben tomar muy en cuenta las industrias que deseen entrar en el mercado de la electromovilidad, ya que en los próximos años se desecharán más de dos millones de toneladas de baterías de iones de litio. Sin embargo, a pesar de los detractores y las consecuencias que traería no cuidar bien el proceso de fabricación y distribución de un coche eléctrico, hay varios puntos que hacen de esta apuesta eléctrica una oportunidad viable para el futuro, es decir, un comienzo para seguir mejorando, con el objetivo principal de reducir las emisiones del efecto invernadero y la contaminación acústica.

Los coches eléctricos no son una novedad, a finales del siglo XIX, ya tenían presencia los automóviles impulsados por baterías, pero, debido al auge del petróleo se olvidó el asunto. Después de un siglo, la preocupación va en aumento en las grandes ciudades, es momento de buscar otras alternativas y planes para evitar las emisiones de gases contaminantes. En Europa, China y Estados Unidos han aumentado notablemente la venta de coches eléctricos en los últimos años, lo que nos orilla a una transición radical y mundial, todo por y bajo el lema de mejorar el medio ambiente.

En el sur de California la calidad de aire es mejor debido a la popularidad de los vehículos eléctricos y por el abastecimiento de la energía eléctrica mediante el sol y el viento. El exgobernador Jerry Brown proyecta que para el 2045 el gigante del oeste pueda vivir sin depender del petróleo y el carbón.

Faltaría revisar el estado de fabricación y el proceso de reciclaje en los demás países que deseen invertir en la electromovilidad, para causar un verdadero impacto en el medio ambiente. Será, quizás, necesario esperar algunas décadas, ya que aún hay 250 millones de automóviles y camiones ligeros que funcionan con combustibles fósiles y la demanda eléctrica de los países todavía no es sustituida totalmente por energías renovables. Tesla se puede expandir con facilidad y construir decenas de fábricas en todo el mundo, pero solo el tiempo y la naturaleza nos dirá si logramos cambiar algo o si vamos por la misma dirección.

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Melissa Nungaray

(Guadalajara, Jalisco, 1998) es escritora, collagista y promotora cultural. Dirige la revista digital En la Masmédula y colabora en diversos periódicos digitales. Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma del Estado de México. Es autora de los libros de poesía Raíz del cielo (Secretaría de Cultura de Jalisco/Literalia, 2005), Alba-vigía (La Zonámbula, 2008), Sentencia del fuego (La Cartonera, Cuernavaca, Morelos, 2011), Travesía: Entidad del cuerpo (La Zonámbula, 2014) y la plaquette El cuerpo descansa en algún lugar (La Tinta del Alcatraz, 2022). En 2014, ganó el segundo lugar del IV Premio Nacional de Poesía Joven “Jorge Lara”. Fue becaria del Festival Interfaz ISSSTE-Cultura Los Signos en Rotación San Luis Potosí 2017.