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En el Día Internacional de la Mujer

Ventana Cultural

Unos meses atrás, trataba de entender sobre el tema del feminismo. El 8 de marzo, declarado día internacional de la mujer, es tomado por estos grupos para “luchar” por ciertos derechos que creen que poseen. Por ejemplo, el asesinato de un embrión en formación o la consigna última que se escucha: muerte al macho, muerte a los hombres. Alrededor de toda esta barahúnda, se ha formado un conglomerado de ideas que, lo único que hacen, es confundir a la juventud que está buscando una identidad.

Todos los seres humanos pensamos, tenemos criterio propio, porque todos tenemos cerebro, nadie es más que otro en este sentido. La mujer fue quien descubrió la agricultura, observó los ciclos de la naturaleza, observó las plantas que se podían sembrar y cosechar, como germinaban y crecían y, algunas de ellas observaron las estrellas. Fue la mujer la que llevó al sedentarismo a sus genes, a los hombres que eran cazadores, se produce el asentamiento. La mujer es conocedora, práctica y utilitaria, por eso es filósofa por naturaleza. Protege, cuida, observa, nutre, alimenta, forma y educa a la prole. De su educación y formación surgen los mejores guerreros, los mayores dirigentes políticos, los nobles.

Hace poco, hacía un análisis sobre esta fecha que, si bien recordamos, es un tributo a una tragedia, también es una reivindicación de nuestra conciencia de lo que es ser mujer. Es una fecha donde se conmemora la muerte de más de cien mujeres trabajadoras en una maquila, cuyos dueños incendiaron con las trabajadoras adentro por exigir mejoras salariales y condiciones de vida.

No siempre la mujer fue vista como un ser inferior. Las antiguas culturas tenían un trato especial hacia ellas. Tenían el concepto que la mujer era la conexión directa con lo divino. Que ella no necesitaba casarse para gobernar, y se le educaba en la sabiduría y la libertad que ejercía tanto su sexo como su género. Culturas como la egipcia, la espartana, la celta, veneraban y respetaban a la mujer como un ser íntegro.

Durante el paso del matriarcado al patriarcado junto con las tres religiones de occidente: la judía, la musulmana y la cristiana, a la mujer se le relegó en segundo plano. Convirtiéndola solo en madre y esposa apagando su voz.

El miedo a la inteligencia y la sabiduría que tenían estas mujeres, ya sean sacerdotisas, brujas o chamanas, era imposible de asimilar para el hombre que creía que la mujer era menos que cualquier cosa. Cuando en la antigua Grecia, por citar un ejemplo, las antiguas hetairas eran consideradas mujeres muy cultas y a ellas les consultaban en diferentes temas y sus consejos eran tomados muy en cuenta. Un hombre como Pericles o Sófocles, por citar a grandes personalidades, no buscaban a una simple ama de casa, se sentirían muy aburridos, buscaban a una hetaira que los retaba intelectualmente, filosóficamente, incluso en lo sexual.

Desde hace unos siglos atrás, con la llegada de las religiones patriarcales, (porque no solo es una) la mujer ha luchado por recuperar el lugar que por naturaleza le corresponde. Aunque el rol del sexo femenino, y la energía que le caracteriza, la hace vulnerable a la cultura machista en la que fue criada. Esta cultura, esta educación, ha hecho que olvidemos el verdadero significado de la sana convivencia.

Como todo en la vida, más para que esta sea un arte y la convivencia, consecuencia de ese trabajo, requiere práctica, esfuerzo y determinación. La sana convivencia se convierte en una obra de arte en el que se manifiesta en el vivir y dejar vivir.

Como todo en la naturaleza, el cosmos tiene dos géneros, dos fuerzas opuestas pero altamente complementarias: la masculina y femenina, no existen más géneros, hombre y mujer, macho y hembra, sol y luna, cielo y tierra. Vivimos en un mundo dual.

Cuando se habla de violencia, la mujer es mucho más violenta que los hombres. El verdadero feminismo, lo que busca es la reivindicación del sexo masculino, no con el sesgo ideológico actual, sino, ver al hombre como complemento y a la mujer como su igual, aunque de por sí, no seamos iguales.

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Claudia Alexandra Figueroa Oberlin

El arte siempre lo llevé de la mano con la literatura, me dediqué al teatro, a la danza por más de quince años, y a las artes marciales, ahora soy miembro de diferentes asociaciones y academias de poesía: Asociación Actuales Voces de la Poesía Latinoamericana, donde participo con crítica literaria, Academia Nacional e Internacional de Poesía de la Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, América Madre, Unidos por las Artes, Movimiento Literario de Centroamérica, y locutora de la radio el barco del romance con el programa Una Ventana al Mundo, donde hablo de los viajes, la historia y la cultura, recito poemas y leo cuentos o fragmentos de otros autores y propios.

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