Los países del primer mundo y sus experimentos en los laboratorios tercermundistas

Barataria

Durante la presente semana, el  Japón anunció al mundo que verterá este año al mar más de un millón de toneladas de agua contaminada y que procede de la destruida central nuclear de Fukushima.  Hay que recordar que en 2011 luego de un terrible terremoto que surgió en Fukushima, la planta nuclear sufrió cuantiosos daños y la radioactividad en el lugar es terrible y el Japón ha estado tratando toneladas de agua que sin embargo, aún presenta niveles de radiactividad, por lo que la contaminación procede de la destruida central nuclear.  Dado los efectos radiactivos que produjo el accidente del 2011 sumado al agua utilizada para enfriar los reactores nucleares, según el Japón no puede continuar almacenando el agua contaminada con isotopos radiactivos y el daño es insignificante para los seres humanos y el ambiente.

Muchos países especialmente el Pacifico Sur han estado en contra y expresado su preocupación al respecto como lo ha indicado el Primer Ministro de Islas Fiji “Si el agua que Japón verterá en el mar es tan segura e inofensiva como lo afirman sus autoridades; ¿Por qué razón no la reutiliza?” Al final de todo, como pasa con los “grandes países” las Naciones Unidas siempre han sido sus cómplices en todo tipo de andanzas y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha afirmado que la medida es segura.

Lo cierto es que los países llamados tercermundistas, como los países centroamericanos, lo suramericanos, africanos y asiáticos, cada uno de ellos ha constituido un laboratorio para que los países del primer mundo desarrollen toda clase de experimentos en todas las ramas de la ciencia.  A países industrializados y de primer mundo como Japón le parece muy fácil decidir tirar millones de toneladas de agua contaminada con material radioactivo al mar, lo cual puede en la mayoría de los casos no solo causar efectos graves e irreversibles al ambiente marino, sino que la contaminación puede llevar elementos cancerígenos a los seres humanos sin el mayor recato en cuanto a su decisión.  Para estos países resulta muy fácil, la complicidad de Las Naciones Unidas para llevar a cabo cualquier acto cuestionable pero que a la larga no traerá ninguna consecuencia.  La actitud de los Organismos Internacionales resulta muy complaciente con las naciones del primero y segundo mundo.

Es por ello que se cuestiona una serie de políticas en los países tercermundistas y muchas de ellas contrastan con sus propias políticas y sus formas de gobierno que mantienen.  Cuando los países del primer mundo desean ir a la guerra van con el apoyo de muchos países no importa si la guerra tiene intereses mezquinos o bien el único fin es derrocar a un presidente, se hace la guerra y ningún país critica por ello ya hemos visto tantos casos como Panamá cuando se derrocó a Noriega, Libia cuando se defenestró a Gadafi o bien Irak cuya invasión se libró gracias a las mentiras del señor Bush argumentando armas químicas que nunca existieron.  Así, aparecen casos como el mismo COVID que se propagó con la complicidad de la Organización Mundial de la Salud que, cuando el virus estaba propagándose en Diciembre de 2019 en China, nunca se alertó de tomar medidas sobre esta pandemia y luego de enero y febrero, es decir dos meses prácticamente se perdieron ya que al no alertarse a los gobiernos estos empezaron a tomar medidas hasta marzo cuando era inevitable, todo por el temor que China representaba para la OMS cuyo lidereada por el señor Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien en lugar de renunciar, aun permanece en el cargo con muchas vidas a sus espaldas cuya perdida se debió haber prevenido.

Lo cierto es que los países tercermundistas hemos llegado a ser el laboratorio de muchos experimentos sociales y económicos, a través de proyectos y cooperaciones que probablemente no pondrían en práctica en sus propias sociedades, así ya sea a través de sus embajadores o bien por organismos internacionales en los cuales tienen un completo control, buscan imponer a estos países lo que ellos creen que es correcto, aunque no lo apliquen para sí mismos.  Así tenemos la imposición de metas de recaudación y crecimiento económico con metas macroeconómicas aunque más de la mitad de la población, como en el caso de Guatemala, vivan en pobreza o extrema pobreza.  O bien, el respeto efectivo de los Derechos Humanos, cuya concepción varia entre unos y otros países pero que, sin duda alguna levanta muchos resquemores especialmente cuando se trata del combate a la delincuencia y del sistema de justicia penal a la cual se nos ha tratado de imponer.

Como parte de los experimentos en Derechos Humanos estos países tercermundistas hemos caído en una suerte entre mantener incólumes las garantías constitucionales y combatir la delincuencia.  En efecto, tenemos el caso de El Salvador país en el cual las pandillas o maras tenían de rodillas a la población cobrando extorsión a familias y pequeños comerciantes de barrio quienes tenían que “presupuestar” además de sus ganancias el pago a las pandillas. Pasaron muchos gobiernos quienes solamente daban largas al asunto pero que no combatían a las maras como se debía, incluso los gobiernos salvadoreños de Francisco Flores y Elías Antonio Saca hasta llegaron a pactar con las maras para gobernar dejando a ciencia y paciencia la actividad de las maras quienes siguieron sin que nadie les pusiera coto.  Llegado al gobierno de Bukele, empieza una persecución de las maras y apresamiento de lideres, entonces resultan algunos “expertos” a argumentar que se esta violando los Derechos Humanos de los niños de primera comunión porque se les victimiza.  En realidad, creo que para los salvadoreños de a pie, aquellos que soñaron con montar un establecimiento sin tener que presupuestar la extorsión, les parece formidable porque van a tener una paz que en mucho tiempo no veían. Claro muchos países del primer mundo y sus organizaciones establecidas no ven con buenos ojos “la forma de combatir al crimen”.  Seguramente en sus sociedades, como ya sabemos no se tolera el crimen y se persigue drásticamente porque para los países del primer mundo el criminal y el delincuente no es una victima social, sino que el criminal y delincuente es un enemigo social al que hay que combatir.  Pero a nosotros países tercermundistas se nos quiere imponer como doctrina que el delincuente es una víctima social y que debe rehabilitarse, para ello la Policía Nacional debe ser cortes con el delincuente, amable con el delincuente y los delincuentes deben ir a las prisiones con todas las comodidades de un hotel a purgar el breve tiempo que pasaran en esas cárceles, no es necesario ver cómo los países del primer mundo reprimen el crimen de una manera que nos sorprenderían.

Al final los derechos como el de manifestar libremente, el de libertad de expresión y otros derechos que constitucionalmente los tenemos y que forman parte de nuestras libertades deberán de construirse desde lo absoluto que son, a raíz de nuestras propias idiosincrasias pero que no pueden permitirse el ejercicio de tales derechos en detrimento de otros.  Así, la “importación” de aquellas leyes que no responden a nuestro marco constitucional y que solo se deben aplicar porque todos los países así lo han hecho como parte de este experimento resultan totalmente sin sentido, porque destruyen nuestra propia esencia.  En Guatemala se han aceptado ciegamente leyes como la de Ley de Extinción de Dominio, que viola flagrantemente derechos constitucionales, pero que se aceptan porque así se combate a la delincuencia, cuando en realidad no lo hacen efectivamente. Y con ello podemos citar muchas otras leyes que, sin duda alguna, violan nuestros derechos pero, como indique, son parte de el experimento que se hace en los laboratorios tercermundistas.  Nunca nos hemos cuestionado como muchos países latinoamericanos hemos aceptado sin chistar muchas normas que son parte de agendas globales pero que las aprobamos y promulgamos sin siquiera analizar las exigencias sociales y al final resulta que la curación es peor que la enfermedad.  Así, llegamos al año 2016 con una CICIG que pareció darle un hálito de esperanza al país en la cruzada anticorrupción.  Sin embargo, poco tiempo pasó para darnos cuenta que el comisionado estaba promoviendo su propia agenda para que la Fiscal General llegara a gobernar el país.  Así, persiguiendo a unos y dejando a otros, además de promover un bloqueo para elegir Corte Suprema y Corte de Apelaciones llegamos a este 2023 a las puertas de una elección que resultará quizá, aunque esperamos que no, el derrumbe de una democracia que languidece.

Area de Opinión
Libre emisión de pensamiento.

Le invitamos a leer más del autor:

Emilio Estrada

El Doctor Emilio Estrada, es abogado egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, obtuvo su PhD en Sociología en la Universidad de Salamanca, España, es abogado litigante.