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Recuerdos de la USAC y de mi Guatemala

Antropos

Salve, madre querida, dulce Guatemala, salve; encanto de la vida, fuente y origen de la mía”.
Rafael Landívar.

Nuestro propio trajinar por esta vida, presenta diversas facetas, qué al rememorarlas, nos llena de nostalgias, alegrías y tristezas. Cada paso está marcado por instantes. Momentos destellantes que hacen titilar luces por los senderos caminados. Estos sirven para que alumbren aún más lo que falta por andar y adorar con cariño a las personas con quienes hemos compartido y hemos querido. Eso es recordar, porque en cada escalón ha quedado estampado el sello de la amistad. Y como afirma Tzvetan Todorov, “Lejos de seguir siendo prisioneros del pasado, lo habremos puesto al servicio del presente, como la memoria -y el olvido- se han de poner al servicio de la justicia”.

Podría contar tantas cosas que se agolpan en mi memoria, anécdotas, chistes, historias y pasadas. Ahora quiero narrar lo que me hizo cruzar el tiempo para atrás. Fue una fotografía en blanco y negro, que me envió Carlos Arévalo quien la rescato de la valija de los recuerdos. Es una foto tomada por el artista Mauro Calanchina en los primeros años, de la década del ochenta del siglo veinte, en plena época de la represión en Guatemala. Ahí estamos parados, los amigos y excompañeros de trabajo de la Editorial de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Carlos, Rudy, Israel, Jorge, Edy, Gustavo, Víctor, Wilson, Roberto, Dimitrius y mi persona. Faltan Marcel, Luis, Otto. Cada uno de nosotros y de manera conjunta éramos los responsables de proveer textos didácticos para los estudiantes del Área Común de económicas, pero a su vez, también eran utilizados por estudiantes de otras grandes facultades. Su costo, bajísimo y aún así, no sólo este proyecto editorial era autosostenible, sino que apoyaba a las asociaciones estudiantiles y sindicatos, en la publicación de sus afiches y periódicos artesanales.

Esos tiempos idos, están allí, porque la memoria los ha guardado para arañar desde el presente, un mejor futuro. El olor a tintes. El misterio del cuarto oscuro en donde se hacían las planchas para imprimir, después de haber sido digitadas y corregidas. El sonido de las máquinas que hacían volar papeles con escritos. La pegadora y su olor intenso a goma, así como la guillotina que afinaba sus cuchillas afiladas para rasurar los libros impresos y de ahí al empaque para ser distribuidos a las cooperativas que comercializaban los textos. Y todo esto, en medio de carcajadas limpias causado por la hilaridad de un chiste o bien una broma. La toma de café, el almuerzo y la salida hacia el hogar y otros a estudiar.

Fue un grupo de personas trabajadoras, disciplinadas y afectivos. Fue el ideal de construir una mejor casa de estudio y aprendizaje, lo que nos movió a comprometernos apasionadamente. Claro, qué aquellos momentos, significaban para las oscuras mentes que veían en el conocimiento y la formación de conciencias críticas, un peligro de sublevación de las ideas. Y por eso, hoy llega en el tren de los recuerdos como si fuera hoy, cuando recibí la triste noticia del asesinato de Dimitrius al salir de la universidad. Joven, alegre, respetuoso de las ideas de los otros. Nunca supe que se hubiera comprometido con ninguna organización popular. Pero para los perseguidores del conocimiento y de la razón, no hacían diferencias, porque sólo el hecho de ser estudiante, profesor o trabajador de la Universidad de San Carlos, era ya suficiente como si se tratara de la inquisición, para ser objeto de persecución y muerte. Esto fue lo que pasó con Dimitrius. Era de noche y el compañero caminaba después de su trabajo para tomar el autobús y desde la oscuridad, salieron los fogonazos mortales. Desde ese día, las cosas cambiaron, porque empezamos a sentir los ojos que nos asechaban y temíamos por nuestra vida.

Supimos entonces qué por ser un centro de impresión de textos para la docencia, fuimos vigilados por personas con ojitos rasgados de culebra. En cada letra impresa, iban los pensamientos de  economistas, filósofos, sociólogos, historiadores y politólogos. Sin embargo, para las fuerzas retrogradas, esto representaba una amenaza, porque la lectura es el alimento para crear pensamiento crítico. Cada texto era acompañado de explicaciones y debates por los docentes. Los conceptos vertidos en cada libro, generaba mayor conciencia en los estudiantes lo cual hizo crecer la rebeldía juvenil que se expresó con las protestas de lucha por un mejor país. Eran las ideas que alumbraban y ayudaban a discernir lo blanco y lo negro, lo oscuro y lo claro, pasando por los grises, hasta llegar al arcoíris.

También fuimos testigos de cómo después de aquellas impresionantes manifestaciones al final de la década del setenta, las mentes más lúcidas del movimiento popular y de la universidad, empezaron a ser diezmadas. O bien del exilio de profesores e investigadores universitarios. Fue uno de esos momentos dramáticos y angustiosos, en el que penetró el miedo y el terror hasta nuestros tuétanos, tal era la estrategia de los enemigos de la democracia. Aún en medio de esta realidad que hasta la sombra de los árboles asustaban, volvimos al trabajo de manera irregular, a escondidas y salíamos en silencio por el temor a la muerte. Casi de manera clandestina recuerdo, los docentes caminaban por las orillas de las aceras para no ser detectados o miraban con desconfianza a sus propios estudiantes, porque ahí, podría estar uno de los vigiladores del terror.

La muerte, la presencia de los vigiladores y el miedo, casi paralizaron a la universidad. Fue como si una gran aplanadora pasara por encima de las ideas, de los libros, de los conocimientos, de la razón o de la creatividad artística. La alegría en el taller se volvió hacia adentro. Reímos con tristeza y en silencio. Y hoy los recuerdo por esa  pasión que ofrecimos como trabajadores de la Universidad de San Carlos. Algunos ya se nos adelantaron. Pero ese espíritu de creatividad y de apoyo a la docencia, no pudo al final ser doblegado. Ya no somos los mismos, pero legamos a las generaciones nuevas, nuestra gozo por la publicación de libros y textos a fin de que las ideas y saberes, circulen por los senderos y caminos que conducen a una mejor Guatemala.

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