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Cambios en la política nacional

Zoon Politikón

No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.» La crisis según Albert Einstein.

La vida y su relativo éxito conlleva trabajo, esfuerzo y en muchos casos sacrificio y sufrimiento; pues no deja de ser cierto que no hay almuerzo gratis y lo contrario traerá una satisfacción efímera y pasajera. Toda persona debe aprender de sus derrotas, debe levantarse una y otra vez, levantar la vista, convertir las crisis en oportunidades y caminar hacia su objetivo. Para un país, la condición de éxito es muy similar.

A treinta y siete años de haber iniciado la época de la democracia moderna en Guatemala, no se logran ver cambios substanciales e impactantes, pues independientemente del presidente en turno, de su inclinación ideológica o de su actuar, los gobiernos se han caracterizado por su ineficiencia, falta de acción real hacia la satisfacción de las necesidades de la población, y han estado colmados de corrupción llegando ésta a todos los niveles de la administración pública.

De continuar haciendo lo mismo, podrán pasar otros cuarenta años, el país no continuará como hasta la fecha, sino peor, alcanzará condiciones nunca vistas de poca gobernanza e ingobernabilidad a causa de la demanda de satisfactores de toda índole.  Es por lo que se requiere actuar y hacer cosas distintas, las cuales podrían ser elementos básicos y racionales, pero fundamentales para alcanzar el cambio anhelado.

Considerando que los procesos electorales se han convertido en una medida de poder y no en un medio para gobernar, pues muchos de los contendientes que participan, lo hacen sin contar con el apoyo popular, ya que cuentan con otro tipo de respaldo; se propone una modificación simple que incluya cambios a la Ley, medida que contenga dos cambios: aumentar el período de gobierno a cinco años y considerar una única reelección – puede sonar absurdo, pero garantizaría un gobierno bueno y uno malo -. Adicionalmente, se debería considerar la elección por una mayoría absoluta – con base en el Padrón Electoral – y no por una mayoría relativa, lo que generaría una verdadera representatividad y unidad nacional, pues la participación de la población es indispensable para el éxito de cualquier proceso electoral.

La ética de los candidatos ha sido siempre cuestionada, por ello la voluntad política de ser transparente es muy valiosa en la vida pública de cualquier funcionario.  Es ideal que aquel que quiera gobernar someta su probidad ética y económica (Moralidad, integridad y honradez en las acciones) a auditoría social antes y durante su función y no solo a la entidad responsable.

Las reformas a la Ley del Servicio Civil, son una tarea que no puede postergarse más tiempo, debe potencializarse al servidor público de tal manera que haga carrera y tenga la certeza que da la meritocracia (sistema de gobierno en el que el poder lo ejercen las personas que están más capacitadas según sus méritos) y la tecnocracia (forma de gobierno en el que los cargos públicos no son desempeñados por políticos, sino por especialistas en sectores productivos o de conocimiento). Evitando de esta manera el clientelismo y la mediocridad que han sido comunes en la administración pública.

Independiente del gobernante en turno, la administración pública ha estado llena de promesas que no se han cumplidas. En lo que respecta al factor económico, las acciones no oscilaron entre el agro y el sector industrial como hubiera sido lo deseable, sumado a ello la baja de precios de los commodities en el mercado mundial han afectado las economías de la región.

Aunque el desarrollo del sector industrial y el agro que es el sector tradicional de los países latinoamericanos, se desarrolla en forma espontánea, la falta de políticas concretas se puede considerar – de gran manera – como una de las causas del subdesarrollo.

De todas formas, es importante observar la incoherencia de los gobiernos en sus acciones, las cuales difieren mucho de lo que prometieron hacer. De acuerdo con estas realidades se puede hablar del desarrollo económico y la integración de la economía guatemalteca a la economía mundial como algo fundamental para dejar atrás al subdesarrollo. Deben dirigirse más esfuerzos al sector siderúrgico y desarrollar el sector metalmecánico, especialmente en la fabricación de: herramientas en general; maquinarias herramientas; motores impulsores de esas maquinarias herramientas; y equipo de transporte. Además, sería ideal producir lo que genera desarrollo y es eje de los procesos industriales mundiales como: lo relacionado a microelectrónica, informática, telefonía, telemática y robótica.

Quedan muchas tareas pendientes que deben ser tratadas de manera distinta como hasta la fecha, hablemos de la educación más practica y menos cognitiva que desarrolle habilidades monetizables y competencias en los jóvenes, con una orientación a la realidad y a la práctica, y a su desarrollo personal.

No puede dejarse por un lado el tema de la seguridad, aspecto fundamental para estimular la inversión tanto interna como externa, y sin la cual no es posible esperar cambios substanciales para la vida de los guatemaltecos.

La reducción de la pobreza, los estímulos al mercado interno, la vida con dignidad, las bases para una matriz productiva y el acceso a bienes públicos no serán posibles de continuar haciendo lo mismo. El momento actual es oportuno para reflexionar, con sentido autocrítico, sobre los desaciertos y errores del pasado, para centrarse en los desafíos del futuro, y sobre esa base redefinir e impulsar un proyecto de transformación integral; esa es la tarea de la política, y que mejor que hacerla en democracia, y que ésta supere las falencias de lo meramente electoral y las falacias de la representación sin participación, pero también que supere las trampas de la participación convertida en clientelismo.

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Edgar Wellmann

Profesional de las Ciencias Militares, de la Informática, de la Administración y de las Ciencias Políticas; Analista, Asesor, Consultor y Catedrático universitario.

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