Vida

Día de la Tierra: consejos para cuidar el planeta

La poesía de la Tierra nunca está muerta.
John Keats

Entre una circunferencia de 40,000 kilómetros y un peso de seis mil trillones de toneladas, nos encontramos, aparentemente distantes, pero unidos por polvo cósmico. Los cambios en el planeta tierra: el calentamiento global, el aumento del nivel del mar, la desaparición de flora y fauna, los desastres ecológicos, la contaminación, la crisis del agua, entre otros, son problemas avasalladores y casi imposibles de hacer que desaparezcan, sólo el tiempo y un gran esfuerzo por parte de todos haría la diferencia. Si seguimos por el mismo camino de indiferencia e irresponsabilidad, ¿qué mundo le dejaremos a las próximas generaciones?

Para subsanar los daños al medio ambiente se necesita cambiar el ritmo de vida consumista y poco amigable con la naturaleza que tenemos actualmente. ¿Lo lograremos? La situación más alarmante que podemos resaltar y que debería ser motivo principal de nuestra atención es cómo cuidamos y reducimos los residuos. La basura que generamos anualmente está alterando a la naturaleza desde hace ya varios años, lo que ha provocado que en la superficie del océano en el Pacífico Norte se acumule toda una isla de desperdicios, se le conoce como “continente de plástico”.

Si se utiliza una estrategia adecuada de separación de residuos, para un reciclaje posterior, vamos por un buen camino, pero no siempre se aplica, especialmente desde la familia y la escuela hace falta más educación ambiental y una verdadera práctica de principios ecologistas. Vivimos el día a día bajo el concepto de “usar y tirar”, sin ninguna repercusión o reflexión nos detenemos al menos algunos momentos para pensar en las soluciones que podrían llevarnos a disminuir el impacto negativo que causamos a nuestro planeta.

La solución no está precisamente en los gobiernos, ellos tienen el poder y el dinero, pero no nuestra voluntad como población mundial para lograr un verdadero cambio. Se dice que el ser humano puede llegar a sus límites más inhumanos si se le deja decidir sin ninguna repercusión, ¿por qué? En esencia, somos la especie más peligrosa, que mata, que asesina, que viola, que roba, que contamina, que secuestra… La maldad siempre estará en las raíces más profundas del ser humano, porque es fácil ser una verdadera arma viviente, cualquiera puede serlo, pero lo más difícil es convertirse en una persona ejemplar, que hace todo lo posible por cuidar su medio ambiente y lo respeta.

Si no respetamos el lugar que habitamos, no nos respetamos a nosotros mismos. Es complicado salir de la costumbre a nivel del inconsciente. En ocasiones, seguimos al pie de la letra lo que los demás hacen y piensan, lo que es un gran error que evita que seamos conscientes de la realidad que acontece por entrar al razonamiento del grupo, el llamado “efecto bandwagon”; se supone que esto hace que nos sintamos adaptados, valorados o aceptados por los otros, ¿será verdad?

La falta de razonamiento propio, la facultad de razonar más allá de lo que nos muestra la televisión, las pantallas, las marcas, el gobierno, ha mermado las habilidades humanas, tanto en el nivel básico de supervivencia, así como también en la oportunidad de trascender a través de las acciones que por inventiva y voluntad propia llevamos a cabo.

Pero, no. Aún estamos lejos, para ponernos de acuerdo y mejorar conjuntamente. Millones de toneladas de microfragmentos de botellas alimentan y seguirán alimentando a la fauna marina. Desde 1988 las corrientes marinas que provienen de la costa oeste de Norteamérica, de la costa este de Asia y de las zonas terrestres ha hecho crecer cada vez más grandes manchas de basura en el Pacífico y el Atlántico.

Desde 1970, cada 22 de abril se celebra el Día de la Tierra, con el objetivo de generar conciencia sobre lo importante que es cuidar de nuestro planeta. Proteger el medio ambiente y cuidar los recursos naturales es tarea de todos, por eso, en este día recordamos que el futuro de la existencia humana depende totalmente de lo que hagamos con nuestras vidas, los hábitos que tenemos pueden o no garantizar una sostenibilidad a largo plazo.

Entre las principales problemáticas en el haber de preservar el medio ambiente encontramos: el derretimiento de los glaciares; los eventos climáticos extremos; la pérdida de biodiversidad; la deforestación; el uso excesivo de productos químicos; la descarga de residuos tóxicos; la escasez de recursos naturales y las desigualdades socioeconómicas. Son muchos los desafíos para frenar el cambio climático, a pesar de lo que aún nos falta hacer de manera global, en los últimos años, sí se ha visto un cambio notable. Empresas y gobiernos están promoviendo la conciencia ambiental en sus discursos y acciones a partir de algunas iniciativas y tendencias positivas que reducen las repercusiones de la contaminación.

¿Tú qué haces para cuidar el planeta? Existen diversas maneras de hacer algo con la huella que dejamos en la tierra, por ejemplo: reducir el consumo de energía (apagar las luces y desconectar aparatos); ser consciente con el uso y gasto de agua (arreglar fugas y tomar duchas cortas); evitar el uso de plástico (llevar tu propia bolsa de compras y usar envases reutilizables); reciclar (separar los residuos en casa); usar medios de transportes sostenibles (camina o usa la bicicleta); consumir alimentos locales y orgánicos (reduce tu huella de carbono) y platar árboles (ayuda al equilibrio ecológico).

Actualmente, muchos se han sumado a la causa y promoción de buenos hábitos de consumo en pro de una cultura ambiental saludable y asertiva, que llegue a todos los lugares del planeta. El senador estadounidense Gaylord Nelson fundó el Día de la Tierra y en sus inicios este movimiento fue apoyado por más de 20 millones de personas. Hasta ahora ha tenido un buen recibimiento por parte de todos los países, espero sigamos por un buen rumbo y no nos extraviemos a mitad del viaje, aunque no estemos aquí para verlo, nuestros hijos verán y disfrutarán las semillas que hemos plantado.

Le invitamos a leer más de la autora:

Melissa Nungaray

(Guadalajara, Jalisco, 1998) es escritora, collagista y promotora cultural. Dirige la revista digital En la Masmédula y colabora en diversos periódicos digitales. Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma del Estado de México. Es autora de los libros de poesía Raíz del cielo (Secretaría de Cultura de Jalisco/Literalia, 2005), Alba-vigía (La Zonámbula, 2008), Sentencia del fuego (La Cartonera, Cuernavaca, Morelos, 2011), Travesía: Entidad del cuerpo (La Zonámbula, 2014) y la plaquette El cuerpo descansa en algún lugar (La Tinta del Alcatraz, 2022). En 2014, ganó el segundo lugar del IV Premio Nacional de Poesía Joven “Jorge Lara”. Fue becaria del Festival Interfaz ISSSTE-Cultura Los Signos en Rotación San Luis Potosí 2017.

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