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¿Quién decretó el fin de la crisis?

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La Organización Mundial de la Salud dio por terminada la epidemia del Covid-19, en la primera semana de mayo. Parece una pesadilla en el marco de una crisis financiera, de conflictos entre potencias, de incertidumbre sobre el futuro del mundo, con un sector financiero mundial herido, pero no de muerte, una inflación que no cede en el primer mundo, aunque el tercer mundo la superó. Sin dejar de lado la paradoja de unos rusos matándose con sus hermanos ucranianos, y que la herencia de tres años de Covid no terminan así como así.

Todo esto no es nuevo, no es cosa de ahora”. El inobjetable FMI, en sus informes recientes afirma que sus pronósticos parecen sombríos, el anhelado crecimiento caerá del 3,4 % en 2022 al 2,8 % en 2023, con la esperanza que sea 3,0 % en 2024. Las economías avanzadas van a experimentar una desaceleración del crecimiento especialmente pronunciada, del 2,7 % en 2022 al 1,3 % en 2023.

Los bancos centrales del mundo, bailan el mismo merengue. Los principales problemas, solamente en el ámbito de la economía siguen golpeando, la inflación disminuye, pero continúa por encima del objetivo de los bancos centrales. El estancamiento se prolonga desde el cuarto trimestre del 2022, en un contexto de mayor incertidumbre. La nube gris de la crisis financiera de los grandes sistemas de Europa, Estados Unidos y Asia generan fragilidad de las monedas hasta hoy dominantes; los bancos centrales de USA y la Comunidad Europea apuntan al control de la inflación como única tabla de salvavidas, la política monetaria restrictiva continuará, reducción del gasto público, con la bondadosa excepción del gasto militar, y elevar tasas de interés.

Es que el regreso de la inflación al objetivo de los bancos centrales dominantes es poco probable antes de 2025. Tarde o temprano la restricción económica afectará al tercer mundo que no tiene ni ideas ni alternativas de desarrollo para enfrentar estos retos. Solo nos queda seguir la tendencia hacia el desastre. “Esto no es nuevo, no es cosa de ahora”.

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Fuente: BCCR, IPM, abril 2023.

El gráfico nos muestra lo lejos que están la mayoría de bancos de retornar a una inflación meta. Que no es el paraíso, pero permitiría respirar en lo político y lo social.

Queda claro que la esencia del capitalismo actual es el control de las políticas monetaria y fiscal, para generar estabilidad económica mientras que se genera la fractura del proyecto de integración mundial, en el marco de la lucha de las 8 superpotencias por ganar o mantener zonas de control geográfico que contengan materias primas y energía útiles para un sistema económico sin sentido que se concentra en maximizar ganancias y aumentar el consumo per cápital sin importarle la destrucción del planeta y sus especies.

La estabilidad del sistema consiste en aumentos de la tasa de interés, para controlar la inflación y mantener el sistema funcionando. Con el plan B de generar aumentos en la deuda pública, pagos de intereses por esa deuda y deterioro de las condiciones climáticas y sociales en todo el mundo.

Tendencia de las tasas de interés

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Fuente: BCCR, IPM, abril 2023.

Las tasas de política monetaria, que influyen en el resto de tasas, siguen al aumento en todo el mundo. Con la única excepción de Costa Rica, que siempre es un tema especial en todo el mundo, el no tener ejército es otra de esas novedades increíbles.

Ese aumento consistente de tasas que afectan la movilidad de capitales, influyen negativamente en la inversión de gobiernos y privada, aumenta la deuda pública, orienta a los gobiernos a trabajar para mantener la burocracia y el pago de la deuda, generando una mayor pérdida de credibilidad en la población.

El FMI y los bancos centrales, principales actores, tras bambalinas, buscan el frío en las cobijas. Quieren encontrar la manera de ahorcar la economía con subidas constantes de las tasas de interés y contención del gasto público, pero generando reglas fiscales para reducir la relación deuda/PIB. El tema central es que el sistema no puede continuar devorando los recursos finitos de un planeta en crisis. La gran pregunta del mundo actual, para salvar el planeta, y si se puede a la humanidad sería: ¿pueden los humanos construir un sistema alternativo que no busque maximizar las ganancias, que no aumente más la población humana, que no siga contaminando el planeta y que no sigan eliminando especies animales y vegetales? De la respuesta a esa interrogante dependerá que el mundo sobreviva 100 años más.

Lo que tenemos en el momento actual son las interrupciones de las cadenas de suministro de materias primas, energéticos y alimentos. Provocadas por la insensatez humana de generar conflictos por el control y la toma del poder en diversas regiones de la Tierra. En el centro está la incapacidad humana de actuar racionalmente, generando planeamiento en el uso de recursos y en la cantidad de humanos por región, así como permitir que el 50% del planeta permanezca en estado salvaje, para que el resto de seres vivos puedan vivir en paz y con tranquilidad, sin la amenaza del indigno depredador, que en ocasiones por placer deleznable caza y destruye las especies.

Ante la incapacidad de resolver los verdaderos problemas naturales y sociales, el humano se enfrasca en una fragmentación del mundo y la lucha por repartirse de nuevo las colonias y semicolonias. Aquí surge la duda como esta fragmentación permitirá que la inteligencia artificial, el uso de armas modernas y la lucha por las nuevas materias primas van a provocar una reorientación de la inversión extranjera directa y la dependencia del tercer mundo.

El FMI nos muestra cómo el total del crecimiento mundial se viene concentrando en países dominantes de Asia.

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En resumen, los países del tercer mundo, como los centroamericanos, para sobrevivir tienen que hacer un esfuerzo en trasladarse a economía verdes, uso de energía que no dañe el ambiente en forma escandalosa, eliminar la IED en minería y deterioro ambiental, establecer que la mitad de los territorios nacionales se dediquen a zonas de protección naturales, y generar inversión en educación y salud.

“Todo esto no es nuevo, no es cosa de ahora”

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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