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Drogas, riqueza, lavado, muerte

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“El mundo está cambiando, y cambiará más, el cielo se está nublando hasta ponerse a llorar…”[1] Pues sí, aunque los países centroamericanos son mágicos, y sus dirigentes, como diría la gran Chavela, hacen lo que les de la gana y no pasa nada. Siguen sin cambiar, deteriorarse o mejorar. Sin embargo, en el mundo todo está cambiando. Los Estados se debilitan, los gobiernos pierden credibilidad, la ciencia da paso al fanatismo y las teorías de la conspiración levantan vuelo. El FMI en su último informe indica que las perspectivas para el sistema son inciertas. La agitación del sector financiero con la quiebra de varios bancos y la absorción de otros es acongojante, la elevada inflación en los centro neurálgicos del capitalismo avanza, los efectos tenebrosos de la invasión rusa de Ucrania y tres obscuros años de COVID no dejan más que pronósticos negativos.

El gran debate se concentra en lo siguiente: ¿se está agotando el capitalismo?, ¿tendremos con qué sustituirlo?, ¿podrán Estados Unidos, Israel y sus aliados doblegar a Rusia y China?, ¿podrá China convertirse en el nuevo sueño del desarrollo mundial?

Es interesante confirmar que las crisis del capitalismo no proceden de su fracaso sino de sus éxitos. Desde 1848 en que la burguesía tomó el mando del mundo ha venido su sistema acompañado de crisis, de las que siempre sale fortalecido. Algunos comentaristas no vacilan en cada crisis en vaticinar su final. Y, el capitalismo los mira con sorna, “los muertos que vos matais, gozan de buena salud”.

El capitalismo es un sistema con una competitividad, eficiencia y productividad inigualable. Genera cada vez mayor abundancia de riqueza y consumo en todo el mundo. No obstante, tiene un talón de Aquiles. Su crecimiento imparable, su éxito arrollador nos lleva a la destrucción de las condiciones de vida en el planeta, al calentamiento global y la extinción de las especies.

Como lo podemos sustituir. Sería necesario un gran acuerdo mundial para detener el crecimiento humano, en todos los sentidos, cantidad de gente, elevados niveles de consumo, uso de la tecnología para deforestar aceleradamente.

Más que en el final de la historia, nos encontramos con un choque de opiniones. Los optimistas creen que podemos generar un crecimiento no tan depredador que haga más lenta la destrucción del planeta. Otros, exageradamente optimistas hablan del desarrollo sostenible. Los pesimistas consideran que el sistema es tan perfecto que seguirá funcionando hasta exterminar todos los recursos vitales del planeta.

Una de las consideraciones de una estrategia viable es medir los resultados. De allí la locura razonable del capitalismo, sí crece el PIB “hasta ahora todo va bien”. No importa destruir el planeta. Se un dato que mide los resultados, y es la meta por alcanzar. El FMI no dice, nada va bien, el pronóstico de referencia es que el crecimiento caerá del 3,4% en 2022 al 2,8% en 2023, antes de establecerse en el 3,0 % en 2024. Lo peor, se espera que las economías avanzadas experimenten una desaceleración del crecimiento especialmente pronunciada, del 2,7 % en 2022 al 1,3 % en 2023.

El sistema circulatorio del capitalismo está en shock. Los signos de una crisis financiera en los centros del sistema está en el tapete. Lo que derrumbaría el crecimiento mundial, en el marco de una lucha iniciada por un nuevo reparto de colonias y semicolonias.

La inflación global del 8,7% en 2022 cae levemente al 7,0 % en 2023, nada motivante. Entonces, el regreso de la inflación al objetivo es poco probable antes de 2025 en la mayoría de los casos.

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Se menciona que los elevados tipos de interés en Europa y Estados Unidos son influyentes para diseñar la política monetaria y la fiscal, y pueden ser un factor determinante de la sostenibilidad de la deuda pública.

Ni modo, dice el FMI, cuando la economía estadounidense estornuda, ¿los mercados emergentes se resfrían?

Pero, todo tiene que ver con todo. En la región se avecinan importantes procesos electorales, que pueden generar fuerzas de cambio, o pueden hacer que todo siga como de costumbre, países acostumbrados a seguir una tendencia de sobrevivir sin ataduras.

El Banco Mundial, nos trae la opinión de Seynabou Sakho, quién nos cuenta que es africana, de Senegal. Ella cita al poeta afrocubano, Nicolás Guillén, los descendientes de África somos una gran familia que, “sin conocernos, nos reconocemos”. Nos pone en la mesa un tema que en la mayoría de países americanos es tabú, la integración racial. Afirma que hace unos pocos meses abordar la discriminación y el racismo era todavía tabú en muchos ámbitos de la agenda pública. “Hoy, más gobiernos del mundo, empresas, organizaciones no gubernamentales, y nosotros, desde los organismos internacionales y desde nuestra individualidad, reconocemos que se debe hablar sobre discriminación y racismo de forma abierta, firme y directa.”

Alcanzar un mundo nuevo requiere acciones. Resguardar la vida de las especies que aún no hemos extinguido. Además, eliminar la discriminación y el racismo. “Es la línea entre el ayer y hoy en la contundente tarea que tenemos de trabajar por un mundo sin discriminación, donde todos, por igual, nos sintamos libres y protegidos en nuestras más íntimas expresiones como personas dentro de una sociedad.”

No cabe duda de que Centroamérica necesita una cultura sin racismo ni discriminación. Esta región, ha sido marcada, desde 1525, por la desigualdad y la opresión, hoy, el cambio climático, la migración forzada y como premio la pandemia del COVID-19 , hacen que las personas que sufren discriminación y pobreza son siempre las más afectadas.

La migración forzada, con sus elevados costos y pérdidas monetarias, con el sufrimiento, la muerte y la frustración de una mayoría, en que el éxito de pisar suelo gringo y sobrevivir es para unos pocos, se viene a sumar la lucha desleal de los políticos norteamericanos, que ven un gran riesgo en los carteles multimillonarios de Colombia, México y el corredor centroamericano. Es desleal la acometida pues no se ve que el 80% del negocio de venta de drogas y lavado de dinero se da en los Estados Unidos. Bancos, políticos, carteles y funcionarios gringos tienen que amasar fortunas, y no aparecen en los medios de comunicación.

Noticieros como The Economist[2], afirman que solo en Estados Unidos, el fentanilo mató a casi 108 000 personas en los 12 meses hasta agosto de 2022. Según el famoso medio británico es cantidad de muertes es mayor que los que perdieron la vida en guerras como Vietnam, Corea, Irak y Afganistán combinados.⁠

El tema de la oferta y la demanda siguen en el horizonte. Democráticamente debieran perseguirse los dos. Sí encuentro distribuidores de drogas, los someto a distinguidos tiroteos, como en el cine, y si son jefes, los capturo y los llevo a juicio en Estados Unidos. Es bueno perseguir la oferta. Pero, la demanda no se persigue con la misma fiereza. Sí encuentro consumidores al menudo no los someto a ráfagas de metralla. Si descubro quienes lavan en los grandes bancos, los felicito por la subida de valor de las acciones en Wall Street, en lugar de ingresar a los bancos con la DEA volando bala.

Lo mejor sería no perseguir ni la oferta, ni la demanda. Con la triste pérdida de películas de narcos y superhéroes venciendo carteles.

Como seguimos persiguiendo solo la oferta, el resultado es que la oferta no tiene control de calidad, ni de porcentajes de droga, como la cerveza y el guaro. Entonces, nos dice The Economist, desde 2014, más estadounidenses comenzaron a sufrir una sobredosis fatal de fentanilo, 50 veces más potente que la heroína, ya que los traficantes, lo mezclan con la heroína o cocaína, con el fin de aumentar el placer del suicidio orgásmico, y atraer más clientes. Veamos el gráfico, las muertes por sobredosis se dispararon.⁠

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El fentanilo, tiene efectos de impacto, no solamente en el consumidor. También las relaciones y la confrontación entre China, Estados Unidos y México se ven incrementadas.

Y, la lluvia caerá, luego vendrá el sereno.


[1] Bellos años 60s, canción de Bob Lind, traída al español por Los iracundos.

[2] https://www.instagram.com/p/CsTuxuFsuPM/?img_index=1

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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