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El Nuevo Orden Mundial

Zoon Politikón

Nunca ha existido un orden mundial como tal, ya que lo que se ha llamado – orden – es la concepción de paz europea de hace cuatrocientos años, firmada en Westfalia y llamada – la comunidad mundial -.

Un futuro orden internacional podría caracterizarse por factores abstractos que no permiten generar una visión clara; sin embargo, se puede intentar ver la posible forma que adopte, en donde surge una pregunta que está en boga ¿es posible un nuevo orden mundial en el que los Estados Unidos no sean más la potencia hegemónica? y ¿cómo sería este nuevo orden?

Para efectos de este artículo se propone la premisa – en el Nuevo Orden Mundial no habrá una potencia hegemónica – ya que éste será multipolar, en virtud que el poder es subjetivo según la historia, y es precisamente la subjetividad la que ha sido la base de las relaciones del antiguo poder hegemónico con otras naciones.

Estados Unidos siempre se ha considerado una nación diferente al resto de países, proponiéndose hasta la fecha como el líder del mundo, lo que es manifiesto en su política exterior que se desarrolla de manera general en dos líneas: la primera es la intención de imponer sus valores y creencias a otros países por medio de democracias a su estilo propio; y la segunda línea, es pensar que sus propios valores y creencias deben ser adoptados por todos y que vale la pena hacer la guerra por ello.

La visión norteamericana de un nuevo orden mundial no corresponde a la realidad en cuanto a su comportamiento militar, político y económico ante el resto del mundo, en donde ha buscado imponer sus principios wilsonianos del pasado como paz, estabilidad, progreso y libertad y que han quedado en buenos deseos para toda la humanidad, pero siguen sin cumplirse.

La contradicción estadounidense radica en que, en la consideración de la construcción de un orden mundial no hace una distinción de las diferencias entre su enfoque y otras perspectivas; ya que considerar al mundo como un todo similar, desmereciendo las diferencias filosóficas, culturales, políticas, sociales e incluso religiosas es un error; además, de considerar un orden universal e inflexible, pues intenta seguir imponiendo una panacea global sin aceptar que no exista consenso para su aplicación, en virtud que algunos de sus conceptos como democracia, derecho internacional y derechos humanos pueden ser percibidos de manera diferente, por lo que sus reglas y aceptación en el mundo han resultado ineficaces.

La promesa de asociación y comunidad ha sido reemplazada en diversas regiones del mundo por la imposición del criterio occidental lo que ha puesto en duda que la democracia y los mercados libres por sí solos, generarían un mundo pacífico y justo; el resultado ha sido una multipolaridad de poder y un mundo de realidades cuyas contradicciones van en aumento.

Ahora bien, al intentar ser más realista y en un intento por visualizar el posible sistema internacional del siglo XXI, este podría considerase de la siguiente manera:

El Nuevo Orden Mundial, no será regido por una potencia hegemónica ya que éste será multipolar, se fundamentará en relaciones, comunicación, cooperación, competencia y especialmente en intereses.

El poder será más difuso y disminuirán los asuntos a los que se le pueda aplicar la fuerza militar como único medio de solución.

Estados Unidos mantendrá la mayor economía durante una parte del siglo XXI, sin embargo, la riqueza mundial y la tecnología para producirla se repartirán entre diversos países, por lo que se enfrentará a una competencia económica como nunca; su política exterior continuará siendo claramente en respuesta a sus intereses, bajo el argumento de expandir la democracia; enfrentarán múltiples problemas al aumentar sus compromisos en el mundo puesto que sus recursos financieros y militares les serán mermados y por tanto insuficientes para desarrollar una política exterior global; la cooperación con Rusia será un imperativo; y, su papel será clave para ayudar a Japón y a China a coexistir pacíficamente.

Rusia constituirá siempre una pieza esencial para el orden mundial; la intención de paz en el nuevo orden dependerá en gran manera de Rusia por lo que su integración al nuevo sistema internacional será clave.

Alemania aumentará su influencia política con base en su poderío militar y económico, dependiendo cada vez menos del apoyo norteamericano o francés; y se fortalecerá a tal grado que las instituciones europeas no podrán existir por sí solas sin la participación alemana.

La clave para la relación chino-norteamericana será la cooperación en una estrategia global, especialmente en los intereses asiáticos; China con todo su potencial y estatura estratégica se enfrentará a un nuevo orden mundial que la sobrepasa; su influencia sobre Asia afectará a todas las naciones de ese continente; la China, India y Rusia representarán los estados de tipo continental del nuevo orden.

Japón tendrá que ser más sensible al equilibrio del poder asiático; desarrollará una mejor relación con América del Sur, China, Corea y el sudeste asiático, a través de una nueva política exterior; recurrirá a un gran nivelador, la tecnología nuclear; la firmeza de la relación norteamericano-japonesa será lo inverso de la relación chino-norteamericana.

La India desarrollará una nueva política exterior y como la gran potencia del Asia meridional, adoptará en el escenario internacional su rol en proporción a sus dimensiones continentales.

Primordialmente interesa la situación de Centro América, la que en su pequeñez alcanzará un alto valor geoestratégico cuando Panamá, Costa Rica, Honduras, El Salvador y Nicaragua, bailan con China al son de la diplomacia de la chequera; además, Nicaragua desarrolla una relación con Rusia bajo el riesgo de prestar su territorio para la ubicación de armas estratégicas… y mientras tanto Guatemala y Belice, debaten individualmente seguir siendo leales a Taiwán. El equilibrio centroamericano en un nuevo orden mundial dependerá de la debilidad de mecanismos en donde las potencias mundiales hablen y coordinen entre sí para cooperar en los grandes temas del mundo.

En síntesis, es muy posible que los Estados Unidos ya no sean la potencia hegemónica, a pesar de que esta posibilidad vaya en contra de sus deseos y filosofía.

El mayor desafío para los estadistas de hoy es la reconstrucción del sistema internacional, pues al fallar en esta tarea se corre el riesgo tanto de nuevas guerras, como de evolucionar a la dominación militar de regiones que producirán crisis en el mundo.

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Edgar Wellmann

Profesional de las Ciencias Militares, de la Informática, de la Administración y de las Ciencias Políticas; Analista, Asesor, Consultor y Catedrático universitario.

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