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Poniendo los pies sobre la tierra

Zoon Politikón

El recién electo presidente llegó a la segunda vuelta con el 7% de votos del total del padrón electoral. En la segunda vuelta hubo temas que desacreditaron el balotaje, como la corrupción en la formación e inscripción del movimiento semilla, los señalamientos de fraude y el dudoso papel de algunos magistrados del TSE.

El nuevo gobernante deberá liderar un país con altos índices de pobreza y desnutrición, con un altísimo grado de polarización, y con la posible oposición social si llegase a cumplir la promesa de retornar a periodistas, operadores de justicia y otros activistas que se encuentran prófugos al temer enfrentar la justicia a sabiendas de los delitos cometidos.

Las elecciones arrojaron resultados que no garantizan el respaldo de la población al nuevo gobernante, ya que: solo el 45% de los votantes empadronados emitieron su voto (la séptima participación más baja de los últimos diez procesos electorales); el candidato elegido ocupa el quinto lugar de diez elecciones con el 60.0% de los votos emitidos en segunda vuelta a favor de un presidente electo;  logró el respaldo de 1 de cada 4 guatemaltecos, con el 26% de votos del total de empadronados (2,442,661 de 9,361,068); o sea que no cuenta con legitimidad y ni con la confianza de la mayoría.

De llegar a poner en práctica las propuestas de gobierno planteadas durante la campaña, podrían resultarle contraproducentes; entre ellas: la aplicación de políticas redistributivas; mayor gasto público bajo la premisa del aumento de la recaudación y del aumento de la carga tributaria sobre el PIB, aumentando la deuda pública y elevando el déficit fiscal al 2.9% del PIB con relación al 1.7% actual.

Si a lo anterior se adhieren las promesas para los primeros 100 días de gobierno, la situación se pone aún más cuesta arriba.  Las acciones propuestas se concentran en cuatro ejes: reducir la corrupción, rescatar la economía, accionar gubernamental en todo el territorio nacional y frenar la delincuencia.  Estas son promesas que aún con toda la buena voluntad manifiesta, le serán muy difícil de cumplir en un período tan corto, pudiéndole provocar su incumplimiento el rechazo de la población, ya que las propuestas contienen una baja viabilidad en su realización por aspectos legales, presupuestarios y burocráticos.

Los mayores desafíos de Arévalo serán: alcanzar la estabilidad política del país, teniendo en contra la polarización generada por las elecciones; lograr un consenso con las elites guatemaltecas como iglesias, empresarios, organizaciones civiles y especialmente con los partidos de oposición; y evitar a toda costa la aplicación de revanchismo en contra de sus oponentes.

Para intentar superar los desafíos mencionados deberá: luchar en contra de su débil posición, para poder desarrollar su agenda política, considerando la oposición de la mayoría del congreso; tomar en cuenta la inexperiencia política de muchos de sus allegados en el nuevo gobierno; aceptar su falta de estructura política a nivel nacional por la ausencia, entre su equipo, de lideres locales; y llenar puestos de gobierno con representantes del centro y de la derecha que le permitan gobernar con más flexibilidad.

Arévalo se corre el riesgo de decepcionar muy rápidamente a la población si no es capaz de eliminar o reducir al menos: el clientelismo; la corrupción; los contratos leoninos; el cobro de “diezmos” y comisiones; los enfrentamientos con el sector privado; la presentación de iniciativas controversiales para la sociedad guatemalteca (especialmente modificaciones a la Constitución o leyes proaborto); y la permisibilidad a las invasiones de tierras y a los bloqueos de carreteras.

Por lo que lo que los escenarios más probables sobre lo que se puede esperar, se caracterizarán por la abundancia en expectativas e incertidumbres; pudiéndose enmarcar dentro de los siguientes supuestos:

El primero, es aquel en que le sale todo bien, logrando instaurar un régimen autoritario (como lo es el sueño de la izquierda); esto dependerá de su capacidad para controlar el congreso, con base en alianzas políticas que no dejan de ser frágiles. Requerirá, además, controlar a los medios de comunicación, al sistema electoral, al sistema judicial y muy especialmente deberá tener control sobre las fuerzas de seguridad. Requerirá modificar la Constitución a través de cualquier mecanismo que le permita mantener el control necesario, y por medio de ganar las consultas o referéndum que se requieran. Estos cambios deberían de concretarse en el primer año de gobierno, pues si no logra consolidarlos antes de los 18 o 24 meses, ya no le será posible realizarlos. Este escenario arruinaría al país, sometiéndolo a un régimen dictatorial, con intenciones de perpetuarse en el poder, generando más pobreza y el éxodo tanto de guatemaltecos, como de capitales necesarios para el dinamismo económico.  Es poco probable, pero las intenciones de ejecutarlo no se deben desechar.

El segundo, sería aquel en el que Arévalo no logre concretar los cambios deseados por la acción de los contrapesos legales, sociales y económicos existentes, que, aunque débiles son reales; pasándose así sus cuatro años de gobierno logrando realizar únicamente pequeñas acciones sin mayor impacto, en donde su mayor logro sería apoyar la elección de un siguiente gobierno de su misma línea que intentará concretar los cambios inconclusos. En estas condiciones, se experimentarían cuatro años difíciles pero superables para el país.

El tercero, podría ser aquel en el cual el mismo Arévalo se traiciona así mismo abandonado sus intenciones más ambiciosas de reforma, desarrollando un gobierno más, sin pena ni gloria, alejándose de sus aliados más extremistas, acomodándose de manera pragmática al sistema vigente sin mayores logros, cayendo en la mediocridad de la mayoría de los gobiernos anteriores, desvaneciéndose así los temores despertados en campaña.

En cualquiera de los escenarios descritos no faltará la intención de plasmar su ideología progresista, y para ello no dudará en utilizar las mejores armas que tendrá a su disposición, el derecho administrativo y el presupuesto aprobado, a través de lo cual introducirá aquellas reformas en educación, salud y otros campos de su interés y ejecutará sus principales objetivos sin el necesario apoyo del legislativo, pues tendrá la ley y la liquidez financiera que le permitirán actuar con cierta libertad.

De lo que no hay duda estimado lector, es que los tres guatemaltecos de cada cuatro que no votaron por Bernardo Arévalo tienen la obligación de estar atentos y accionar socialmente para detener cualquier intento de modificación radical que afecte la vida de todos.

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Edgar Wellmann

Profesional de las Ciencias Militares, de la Informática, de la Administración y de las Ciencias Políticas; Analista, Asesor, Consultor y Catedrático universitario.

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