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La Guardia Suiza

Editado Para La Historia

No crea que la riqueza es un bien que se adquiere y dura por siempre. Va y viene. Y esto es cierto no solo para las personas, sino también para las naciones. Un país que hoy en día es considerado como un país muy rico, Suiza, tenía muy pocos recursos en el pasado. Su pobre agricultura no daba para grandes riquezas. Los jóvenes veían limitadas sus posibilidades en la Suiza de entonces. Sin embargo, como algo con lo que sí contaba Suiza era con la reputación de bravura de sus jóvenes, que eran reclutados como mercenarios por Reyes y personajes más poderosos por este motivo.

Al decir estas palabras seguramente le vendrá a la mente a la Guardia Suiza del Vaticano, pero quiero que sepa que esta del Vaticano no es la única guardia de jóvenes suizos que ha existido en el pasado. Sencillamente es la única que perdura. En el pasado, el reino de Nápoles, el reino de Austria, el reino de Francia y el reino de Saboya, entre otras naciones, también recurrieron a los soldados suizos como mercenarios. Famosos son los 100 soldados suizos que murieron a las puertas del Palacio de Tullerías en París para defender a Luis XVI y su familia del enaltecido pueblo parisino en los años de la revolución francesa. Francia mantuvo su guardia suiza hasta 1830.

De hecho, no solo eran los suizos los únicos que vendían sus servicios como soldados al exterior a falta de poder desarrollar un futuro sus jóvenes dentro de sus fronteras. También en Francia fueron famosos los soldados croatas durante el reinado de Luis XIV que fueron los que impusieron la moda de la corbata y en el Vaticano también hubo grupos de soldados corsos hasta el siglo XVII.

Aquellos que vean en la Guardia Suiza del Vaticano un elemento turístico o algo decorativo están muy lejos de la realidad. Para comenzar, la selección que se hace para poder pertenecer a esta guardia, que hoy en día está formada por 135 soldados, es muy estricta.

Los requisitos no son pocos, básicamente son los siguientes: ser ciudadano suizo, ser soltero, tener entre 19 y 30 años, de profesión católica romana y practicante, permanecer dentro de la guardia un mínimo de 36 meses, no casarse durante ese tiempo, tener como mínimo 1.74 m de altura, una reputación intachable avalada por carta del sacerdote de su parroquia que también certifique su fe, haber terminado los estudios preuniversitarios en Suiza, tener los estudios previos del ejército suizo y pertenecer fundamentalmente a los cantones de Lucerna, Friburgo y Uri, aunque últimamente se ha ampliado a otros cantones. Los jóvenes se presentan voluntariamente a una convocatoria y son sometidos a una entrevista que puede durar hasta 5 horas. El idioma oficial de la guardia suiza es el alemán, aunque en Suiza son cuatro los idiomas oficiales.

Para narrar la historia de esta guardia suiza que aún existe hasta nuestros días, debemos remontarnos al año 1506, cuando el Papa Julio II solicitó a nobles suizos se le enviarán jóvenes para su protección. Solicitó fueran 150 bravos jóvenes para que se ocuparan de su vigilancia y de la seguridad del Vaticano.

El “muy católico” emperador Carlos primero de España y quinto Alemania atacó al Vaticano y, en la defensa del Papa, murieron 147 guardias de los 200 que había en ese momento en la guardia suiza. Solamente se salvaron 42, aquellos que acompañaron al Papa en su huida al Castello San Angelo. En recuerdo y homenaje a este acto de bravura y abnegación de esas víctimas del 6 de mayo de año 1527, es ese día que se hace el juramento de fidelidad de los nuevos reclutas en el Patio San Dámaso del Palacio Apostólico. El juramento se realiza con la mano izquierda sobre la bandera de los guardias suizos y con los tres dedos, anular e índice y del medio, de la mano derecha, en representación de la Santísima Trinidad, con la mano alzada hacia el cielo. Esto es así es porque el juramento se le hace no al Papa, sino a la Santísima Trinidad.

Después de la defensa del Vaticano de las tropas españolas del emperador Carlos V, el Papa Julio II le dio a la guardia suiza el título de “defensores de la libertad de la iglesia”. Es el ejército más pequeño del mundo, solo detrás de la Compañía de Carabineros del Príncipe de Mónaco.

El uniforme de los guardias suizos fue creado en 1917 por quien fuera su comandante en ese momento, Jules Repond. Los colores azul y amarillo fueron seleccionados por ser los colores de la familia Della Rovere, a la que pertenecía el Papa Julio II. El color rojo se añadió por el Papa León X, su sucesor, que pertenecía a la familia de los Médicis. Falsamente se ha dicho que es un diseño de Miguel Ángel. Sin embargo, Jules Repond sí se inspiró en frescos de Rafael que representaban a la guardia suiza en la época del Renacimiento.

Otro cuerpo que protege al Papa y al Vaticano es la Gendarmería Vaticana, que es la que hace las labores de policía de frontera, de tráfico y policía judicial. También son ellos los que se ocupan de la seguridad del Santo Pontífice cuando viaja al extranjero y en sus baños de multitud. Son los señores que vemos con trajes negros y lentes de sol del mismo color alrededor del Santo Padre.

La tercera guardia que protege al Papa está bajo la jurisdicción del gobierno de Italia. Esto forma parte de los Acuerdos de Letrán de 1929 cuando se delimitaron las fronteras del Vaticano dentro del ya formado Reino de Italia. Es el Inspetoratto di pubblica sicurezza Vaticano, un órgano especial de la policía estatal italiana cuya misión es la seguridad pública dentro de la Plaza San Pedro y sus alrededores. Son ellos los que protegen al Santo Pontífice en sus viajes por Italia. Es esta la razón por la que fuera la justicia italiana la que juzgara al turco Ali Agca por el intento de asesinato al Papa Juan Pablo II, ya que estos hechos se produjeron en una zona de jurisdicción de este Inspetoratto di pubblica sicurezza.

En la página web de la guardia suiza del Vaticano se puede leer “Bajo el original uniforme renacentista hay un joven suizo moderno y bien educado, que tiene en común con el mercenario del siglo XVI la firme convicción de que la iglesia de Jesucristo y el sucesor de San Pedro merecen un compromiso a costa de sus propias vidas si es necesario”.

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Franck Antonio Fernández Estrada

traductor, intérprete, filólogo ([email protected])

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