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8 meses por la democracia

Sueños…

Guatemala está viviendo un momento de cambio histórico. Después de más de 200 años de la primera oportunidad perdida, por fin parece que se va a construir un Estado con unidad, una república democrática. Como un destello de luz, en junio del 2023 empezó el surgimiento de un cambio profundo en las estructuras sociales y políticas del país. Como un rayo surgió sorpresivamente un ganador de las elecciones que rompía con el resultado esperado. Siempre se sabía de antemano quién iba a ganar.

Entre junio y octubre estamos viviendo una transformación terrible, pero pacífica, hasta cierto punto y democrática. Por primera vez en 70 años todos los sectores políticos se pronuncian a favor y en contra de los resultados obtenidos y en favor o en contra de la forma en que las instituciones del Estado han respondido a la sorpresa electoral.

Por supuesto que el resultado electoral y el caos político posterior no son el resultado de la casualidad. No. Guatemala tiene acumulados graves problemas que la han convertido en un Estado fallido. Desde el mismo momento de la independencia la oligarquía criolla no sabía sí declarar la independencia o la sumisión al desaparecido imperio español. No tenían ni idea con qué sustituir el poder colonial. Ya en Europa y en Estados Unidos la revolución burguesa, o liberal, había resuelto el problema. La situación de colonia solamente tiene una salida progresista la declaración de una república democrática independiente. La oligarquía no lo sabía, por lo que al no tener salida el 15 de septiembre quedaron en el aire. Luego, en enero del 1822, sin dignidad, sin destino, sin remordimiento se anexaron al imperio mexicano de Iturbide, que terminó como todos los proyectos oligárquicos en un fracaso completo.

Al caer Iturbide, la capitanía sin rumbo que ya era pequeña en territorio y población se desintegró en cinco parcelas, que poco a poco se convirtieron en Estados autónomos. La oligarquía chapina sin rumbo no pudo oponer un proyecto de nación para la región. Que empezó a nombrarse con el feo nombre de Centroamérica. Y se partió en 9 partes, incluyendo el Partido de Nicoya, Belice, Chiapas y el Estado de los Altos.

Al no declararse república, Guatemala se convirtió en un Estado feudal, los grandes terratenientes cafetaleros, algodoneros, etc., se apropiaron de las tierras más fértiles y siguieron utilizando la mano de obra indígena en forma de esclavitud o servilismo. Los indígenas no fueron incorporados a la nación, de allí su marginamiento, atraso educativo y falta de salud. De allí que este sea un gran problema que resolver en el siglo XXI, como crear la república que incluya a todos los ciudadanos con los mismos deberes y derechos.

El caos institucional, político y social que vive este país en el momento actual es el resultado de grandes problemas acumulados, ya sea por la incapacidad de liderazgo de estatista de sus líderes o por el surgimiento de nuevos retos para continuar la historia nacional. Quién crea que lo que está pasando es una casualidad o el manoseo de los gringos, la oligarquía, la derecha, la izquierda, el comunismo, el fascismo o quienquiera que sea está equivocado. De ser uno de los líderes intelectuales de la región en tiempos de la colonia, Guatemala pasó a estar en el grupo más atrasado por desnutrición, pobreza, pésimos salarios, actividades productivas obsoletas y el atraso de la mayoría. El gran tema a debate es podrá Guatemala reconstruirse como república para alcanzar el desarrollo de Uruguay, Costa Rica y Chile, los países más avanzados de la región. Es el gran sueño de todos.

Esa es la tarea histórica. Por primera vez, durante cinco meses en Guatemala se está librando una gran batalla, entre los que quieren mantener el tradicional y atrasado modelo de Estado capitalista-feudal, y quienes están haciendo su mayor esfuerzo por iniciar una serie de reformas indispensables para crea la unidad nacional en base a los deberes y derechos individuales de todos los ciudadanos, el fortalecimiento de las instituciones al servicio del pueblo, la separación de los poderes del Estado, la lucha contra el narcotráfico, contra la corrupción y contra la ineficiencia pública y privada.

Nos guste o no, la realidad es que el Estado moderno es un avance de las revoluciones liberales de occidente. Se ha vivido, en Guatemala en torno a la idea de perseguir y matar a los opositores, o ser sumisos a los oligarcas. Es la hora de reconstruir. El reto más profundo de la hora actual es como unir al mosaico de naciones que componen el Estado. La minoría más grande los mestizos o ladinos, pero existen unas 20 naciones indígenas más que apenas están despertando, y que reclaman el Estado plurinacional. Hay que unir esa miríada de grupos étnicos, raciales y económicos en un Estado que genere unidad, para que funcionen por el bienestar de todos. Se necesitan órganos del Estado que funcionen en forma eficiente y equitativa, que se respeten los derechos humanos, que se garantice la libertad individual.

Uno de los grandes retos para el futuro nacional, y la solución pacífica y progresista del actual conflicto es abandonar antiguas creencias, obsoletas ideologías. La historia nos marca con unas formas de pensamiento transmitidas por la escuela, las religiones, las universidades, la prensa.

En forma automática la gente nace en un entorno con determinadas creencias y se aferra a ellas. Como diría Yuval Noah Harari la gente le da sentido a su existencia en el marco de una red de creencias, que en un momento le parecen las correctas. Pero la historia a la larga desenmaraña la red y nos muestra como esas ideologías eran absurdas en buena parte. “En retrospectiva, ir a las cruzadas con la esperanza de alcanzar el paraíso parece una locura total. En retrospectiva, la Guerra Fría parece una locura todavía mayor. ¿Cómo es posible que hace treinta años la gente estuviera dispuesta a arriesgarse a sufrir un holocausto nuclear por creer en un paraíso comunista?” O, como algunos creen que todo el que no piensa como ellos es comunista y hay que destruirlo. Ya es hora de que los chapines maduremos, el comunismo y el anticomunismo, que nos llenaron de odio, dolor y atraso son ideas ya obsoletas, ninguna de ellas genera buenas prácticas ni buenos resultados. Si se logran abandonar Guatemala puede progresar.

Hay que resolver los grandes retos del país:

  1. El reto social, alcanzar el 97% de la población alfabetizada, alcanzar educación primaria y secundaria de calidad para todos; mejorar el sistema de salud para todos.
  2. El reto político, fortalecer la credibilidad del sistema judicial, que el poder ejecutivo sea eficiente, competitivo, honrado.
  3. El reto ambiental, hay que proteger los bosques, tanto animales y plantas que están en peligro de extinción, hay que ser un ejemplo de protección ambiental en el mundo.
  4. El reto económico, trasladar a la mayoría de la población a la producción de servicios, alta tecnología, industrias modernas.
  5. Avanzar en la construcción de un Estado que tome en cuenta las naciones indígenas y encauce la solución de manera integral, con unidad, derechos y deberes compartidos, con una visión de democracia liberal.

Han sido 5 meses de gran experiencia democrática, que han dejado una huella en el alma de todos. ¡Y, faltan todavía tres meses! Ojalá nos pongan en la senda de la unidad y el progreso como república.

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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