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Hipocresía ideológica

Zoon Politikón

El atractivo del movimiento Semilla entre la juventud guatemalteca se debe a su enfoque en la participación ciudadana, políticas progresistas y la conexión con problemas relevantes para esta demografía. Aunque sus seguidores defienden la lucha contra la corrupción mediante un partido de izquierda progresista, existe el riesgo de engañar a los jóvenes si Semilla no cumple sus promesas, llevando a una pérdida significativa de apoyo popular con consecuencias electorales. Este escenario se plantea en el marco de una democracia, destacando la importancia de mantener principios sólidos y respeto a las instituciones.

Muchas personas se cuestionan acerca de la razón por la cual el movimiento Semilla logró captar la atención de una parte significativa de la población joven guatemalteca. Para abordar este interrogante, es crucial reconocer la naturaleza multifacética de la política en Guatemala, caracterizada por su complejidad. Para comprender el respaldo de algunos jóvenes, es necesario considerar diversos factores.

La persuasión de Semilla para obtener el respaldo de los jóvenes radicó en su enfoque en la participación ciudadana, la adopción de políticas progresistas y la conexión con temas clave para esta demografía. La promesa de cambio y alternativas a las estructuras políticas establecidas, junto con propuestas concretas sobre transparencia y lucha contra la corrupción, contribuyeron a consolidar el apoyo de una parte de la población joven guatemalteca.

Los fervientes seguidores y defensores de las intenciones y propuestas de Semilla sustentan su posición con el argumento de que las críticas negativas hacia el socialismo y el comunismo son simplemente falacias baratas. Argumentan que la lucha contra la corrupción únicamente puede ser efectiva a través de un partido de izquierda, con una postura progresista. Sostienen que la derecha guatemalteca ha demostrado su ineptitud, constituyendo un fracaso evidente, lo cual refuerza la necesidad de un cambio hacia ideologías políticas que aboguen por una mayor justicia social y combatan la corrupción de manera más eficiente.

Sin embargo, existe la posibilidad de que los jóvenes sean decepcionados y que pierdan la confianza en el sistema democrático, en el caso de que el movimiento Semilla no cumpla con sus expectativas. Este riesgo conlleva la amenaza de hacerlos caer en apatía hacia la participación política en el futuro. La decepción potencial podría conducirlos a la desilusión respecto a la disposición de los políticos para abordar sus inquietudes y necesidades, lo que, a su vez, podría desencadenar una pérdida sustancial del apoyo popular para Semilla.

La incertidumbre entre los jóvenes podría propiciar el surgimiento de nuevas alternativas políticas que prometen abordar las cuestiones que les son más relevantes. En este contexto, el movimiento Semilla podría ver mermada su influencia como partido gobernante, mientras que las tensiones internas podrían dar lugar a la fragmentación y división. Esta pérdida de cohesión tendría un impacto negativo en la capacidad del partido para gobernar.

Es fundamental destacar que este escenario se plantea dentro de un marco de democracia, sin modificaciones constitucionales que busquen la perpetuación en el poder. En medio de estas circunstancias, la insatisfacción experimentada por la población joven podría desembocar en protestas y movilizaciones, subrayando así la importancia de mantener una democracia basada en principios sólidos y en el respeto a las instituciones.

Lo que los jóvenes desconocen debido a su temprana edad es que corrientes ideológicas como el marxismo, socialismo, izquierda radical o roja, izquierda moderada o rosada, así como el progresismo o socialismo del siglo XXI, encierran una farsa que oculta las intenciones de exportar la dictadura cubana al resto de países latinoamericanos, como ya se ha evidenciado en el caso de Venezuela. Después de 63 años de dictadura en Cuba, sus tentáculos se han expandido, alcanzando muchos países del continente a través de revoluciones armadas, guerrillas terroristas, violencia civil, y con el respaldo financiero y manipulación de partidos políticos según sus intereses socialistas.

Los jóvenes desconocen que, en la actualidad, surge una secta de intelectualoides con pensamiento marxista que, cómodamente desde el exterior y posiblemente disfrutando de lujos, navegan en las redes sociales promoviendo y defendiendo las supuestas bondades del socialismo y especialmente del progresismo.

Este grupo omite denunciar los abusos y la brutalidad de las dictaduras, así como la persecución, el hambre, la escasez de alimentos y medicinas, y la inflación que imperan tanto en Cuba como en Venezuela, resultados directos de las ideas socialistas de Fidel y Chávez. Estos individuos, conocidos como «progres», disfrutan de las comodidades que el capitalismo les ofrece. Su estilo de vida no concuerda con las ideas que proclaman, ya que buscan financiar sus proyectos a expensas de los desposeídos y vulnerables, utilizando el dinero de los demás.

Estos «revolucionarios del siglo XXI», que se autodenominan críticos del capitalismo, disfrutan de las ventajas que este sistema les brinda, mientras desprecian otras formas de vida. Defienden regímenes socialistas que utilizan violencia, argumentando que es justa, pero condenan gobiernos como el de Pinochet, sin mencionar los asesinatos cometidos por Allende y, lo que es más preocupante, sin hacer referencia a los 100 millones de víctimas que ha dejado el comunismo en todo el mundo. Estos individuos son hipócritas, ya que otorgan valor a ciertas vidas mientras menosprecian otras, desviándose del discurso de los Derechos Humanos.

Son quienes defienden sus ideales colectivos desde la comodidad que les permite con un smartphone o laptop en mano, difundir ideas socialistas a través de las redes sociales para los más desinformados, todo con el objetivo de destruir el capitalismo. Representan una esencia de contradicciones, no viviendo conforme a sus creencias, pero intentando que otros vivan según los principios del comunismo. Esta es la hipocresía del «progre» que utiliza la democracia como medio para alcanzar el poder y, una vez allí, cambiar las estructuras institucionales para implantar el totalitarismo socialista y perpetuarse en el poder.

En conclusión, la carencia de comprensión entre los jóvenes acerca de las auténticas intenciones subyacentes a corrientes ideológicas como el socialismo y el comunismo, junto con la contradicción evidente en algunos defensores de estas ideas que, a pesar de disfrutar de las comodidades del capitalismo, abogan por un cambio radical, propicia la captación de individuos desprevenidos en sus redes. Además, se destaca la imperiosa necesidad de fomentar una participación informada y un debate constructivo para fortalecer el proceso democrático en Guatemala.

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Edgar Wellmann

Profesional de las Ciencias Militares, de la Informática, de la Administración y de las Ciencias Políticas; Analista, Asesor, Consultor y Catedrático universitario.

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