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Cambian los paradigmas del mundo

Sueños…

“Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo
Cambia el clima con los años
Cambia el pastor y su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño.”

I

La letra de Julio Numhauser, es un reflejo del conocimiento moderno. Ya que la historia y la física nos muestran que nada permanece, todo cambia. Aunque los humanos no logremos entender, completamente, las razones y causas del cambio. Pareciera que todos los cambios son resultado de fuerzas inexplicables y los humanos participamos del cambio en forma inconsciente. En Argentina, en Colombia, en Guatemala, en Estados Unidos surgen nuevas fuerzas políticas, ajenas completamente a los políticos tradicionales, y a las burocracias de gobierno, que amparadas en leyes que profundizan y justifican las desigualdades sociales son retadas por nuevos liderazgos que cuestionan sus privilegios.

Sin embargo, todo parece caótico, que los hechos y sus consecuencias no son el resultado de la voluntad de los humanos; es impresionante, pero el siglo XXI parece mostrar que los acontecimientos históricos muestran resultados completamente opuestos a los objetivos perseguidos, y se logran consecuencias imprevistas.

Todos los grupos tradicionales se rasgan las vestiduras ante el triunfo de Javier Milei en Argentina, en forma increíble y jactanciosa afirman que 14 millones de argentinos se equivocaron. Sin embargo, ante todo evento o creencia siempre hay varias lecturas. Hoy voy a comentar la visión contraria. La de uno de los institutos académicos que ven el mundo desde otra visión. El Instituto Cato, en su página nos indica que el liberalismo anarquista tiene su razón de ser y puede ser un nuevo enfoque para enfrentar los graves problemas de nuestra sociedad.

Ian Vásquez, comentarista de Cato[1], considera que Milei ya obtuvo un primer cambio, un primer resultado positivo para su causa. Logró “articular una alternativa liberal clara al peronismo con apoyo popular y éxito electoral”, es una alternativa impresionante novedosa que recorre el mundo con relativo éxito, el liberalismo anarquista. Que considera que el Estado burgués y su burocracia de gobierno oprimen a la población con innumerables privilegios, a lo que le llaman triunfos sociales, aunque solo beneficien a unos pocos.

Vásquez afirma que Javier Milei arrasó al peronismo, pues le sacó 11 puntos de ventaja, en la inmensa mayoría de distritos electorales. Algo de interés, el apoyo en esencia de los milenials, que ya no creen ni conocen viejos paradigmas y liderazgos antiguos. No saben quién fue ni Perón, ni Evita, ni Hugo del Carril, ni Figueres, ni Calderón, ni Arbenz, ni Castro. Lo que quieren son resultados reales, combate a la corrupción, a los privilegios y a las ganancias desmesuradas de grandes empresas. Los votantes fueron jóvenes, mujeres y personas desposeídas. En un país que tiene el 50% en pobreza.

Cuando observamos el fenómeno argentino, llama la atención que los 14 millones de votantes a favor del cambio, fueron tocados por el llamado a desmontar los Estados corporativos de los grupos que se autoproclaman socialistas, y que han tomado las instituciones del Estado basados en el poder de grupos corporativos, que aliados, han promulgado leyes para gobernar las instituciones públicas por medio de compartir las directivas en forma paritaria con el gobierno central. Así, las instituciones del gobierno ya no sirven al pueblo, a la población en su conjunto, sino a los intereses gremiales de los grupos corporativos. Estos grupos corporativos pueden ser cooperativas, sindicatos, cámaras patronales, asociaciones religiosas, colegios profesionales, etc.

El mensaje caló en la mayoría, pues no propuso, como dice Vásquez, ajustar el sistema corporativo, sino desmontarlo por completo “por ser empobrecedor e inmoral”. La promesa de cambio es paradigmática, pero inverosímil, retornar a la Argentina hacia un siglo atrás cuando era una de las economías más productivas del planeta.

Aquí la promesa del liberalismo siempre es cautivamente, como lo fue durante la revolución francesa. Libertad, igualdad, fraternidad. El retorno a la realidad siempre es angustiante y despoja el sueño de sus vestiduras de mentira. Al igual que el socialismo real se convierte en dictadura y promesas. Por el momento combate una realidad que aplasta al mundo, gobiernos sobredimensionados con multitud de instituciones que no funcionan y que traslapan funciones, multitud de empleados que no cumplen su función de servir al pueblo, ni mucho menos a la patria, que como dice la tradicional porra universitaria chapina “Sobre los hediondos males/ de la patria, arrojad flores/ ya que no sois liberales/ ni menos conservadores:/ malos bichos sin conciencia/ que la apresan en sus dientes/ y la chupan inclementes/ la fuerza de su existencia.”

Veremos si Milei puede hacer vales las palabras de Alberto Benegas Lynch, que repitió en campaña: “El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo basado en el principio de no agresión, y en la defensa del derecho a la vida, la libertad y la propiedad privada”.

Nos dicen desde Cato: “Guiado por esa visión, Milei plantea achicar el Estado y ampliar el papel del sector privado y todo lo que sea la sociedad civil.” Por supuesto, aclaramos, que el Estado no se puede achicar, pues el Estado son el pueblo, llamémoslo nación o sociedad civil, el territorio, las instituciones y la naturaleza. Lo único que se puede achicar son las instituciones, que no sean 300, 400 o mil. Que sean 300, 400 o mil, pero que sean eficientes y competitivas.

Reducir el gasto público no es posible, lo esperado es hacerlo eficiente y competitivo; reducir los impuestos en América latina es un jolgorio, aquí los empresarios no pagan impuestos, y los pocos que tienen gravados los evaden o eluden en forma misteriosa. La dolarización es un ejercicio de auto ahorcamiento, dolarizar significa encarecer exportaciones y abaratar importaciones y morir endeudados, los argentinos no necesitan eso para endeudarse, ya son maestros en el tema. Eliminar el banco central sería terminar de entregar la soberanía al FMI; reducir los ministerios a 7 será un ejercicio de acrobacia digno del mejor circo del mundo.

La realidad económico y social de Argentina es complicada. La inflación es monstruosa, está por encima del 140%; el déficit fiscal que supera el 5% del PIB, generando un pago de la deuda que agobia a toda la sociedad; la pobreza por encima del 40% de la población, un banco central en bancarrota, tasas de interés de estratósfera del 130%, con un máximo histórico de deuda del gobierno y un permanente decrecimiento económico que genera desempleo y furor por los clásicos del futbol. Cualquier ajuste económico, será duro, y tendrá respuestas sociales de impacto.

De todos los nuevos liderazgos que surgen en la región solo Bukele pudo mantenerse hasta lograr mayoría en el congreso. López Obrador, Arévalo, Petro, otros batallan contra mayorías de oposición, que no proponen reformas ni cambios reales sino solamente deteriorar al poder ejecutivo para que fracase. Milei solo tiene 38 diputados de 257 en la cámara, y 7 senadores de 72.

El mandato de Milei, al igual que los nuevos liderazgos disruptivos de la región tiene una agenda amparada por el voto popular. Pero, tendrá oposición en el congreso, el poder judicial y las calles, veremos que sucede. Si sobrevive una nueva votación consolidará su propuesta de cambio. Si fracasa, no se sabe a qué sistema se volverá.

II

Un segundo tema que nos concentra en las nuevas realidades del mundo es la discusión sobre el capitalismo y su futuro. Es el capitalismo el summum del desarrollo, después de él, nada, el fin de la historia, al llegar aquí la sociedad humana destruye las condiciones de vida en el planeta o se autodestruye con la bomba atómica. O, el capitalismo se reforma, se reconstruye planificando el crecimiento económico, logra frenar el aumento poblacional y alcanza con un plan misterioso la producción, el trabajo y el consumo equitativo. O, se descubre un nuevo sistema productivo que logre el sueño de una sociedad de paz, equidad y justicia.

Gabriela Calderón[2], reseña un nuevo libro llamado el Manifiesto capitalista, que busca enmendar el manifiesto de Engels y Marx. El autor de este notable manifiesto es John Norberg. El autor enfrenta los ataques que sufre en la actualidad el llamado capitalismo global.

Desde su nacimiento el sistema capitalista encuentra defensores y sepultureros a ultranza. El sistema es muy sencillo, como resultado de su fácil manejo. Tiene solo un objetivo, maximizar ganancias. La sencillez del capitalismo es que se maneja por medio de empresas administradas por gerentes, profesionales o propietarios. Empresas que utilizan recursos materiales (naturales o preparados por trabajo anterior, como máquinas, tecnologías, edificios, materias primas, etc.) y recursos humanos (gerentes, obreros, funcionarios, y trabajo acumulado por experiencia), todo con el fin de producir mercancías, que se venden en el mercado al costo más la utilidad promedio de la sociedad. Desde que nació este sistema tan innovador no ha podido ser sustituido por ningún otro sistema. Los que se han proclamado el siguiente paso, el socialismo, fueron simplemente variantes del capitalismo.

La historia nos muestra los avances de la revolución capitalista. Ya desde el siglo XVIII la mejora en los niveles de vida se ha vuelto una característica permanente de la realidad económica en la mayoría de países. El nuevo sistema, inaugurado hará 400 años, está basado en la propiedad privada, el egoísmo como característica esencial del humano, las empresas y los mercados. Se produce para vender y no para consumir en forma directa, obtener ganancias y acumular capital. Y, usar la ciencia como materia esencial para innovar productos y mercados.

La productividad, medida por el PIB/per cápita aumenta en todo el mundo, aún en los países más atrasados. El capitalismo, tiene defectos. Genera un impacto negativo sobre el medio ambiente, el uso intensivo de energéticos aumenta el calentamiento global, se intensifica la concentración de capitales y de la riqueza, poniendo en peligro las condiciones de vida en la Tierra y deteriorando el ambiente.

Norberg no elude los resultados negativos del sistema. “Luego de una crisis financiera con su epicentro en Wall Street, el auge del populismo tanto en la izquierda como en la derecha en varios países de primer mundo, la pandemia del COVID-19, la guerra en Ucrania y ahora otra en Oriente Medio, parecería que han sido 20 años terribles.”

III

Podemos concluir que cuando nace en la sociedad la consciencia de que las instituciones sociales vigentes son irracionales e injustas, que estamos ante un sistema que se agota y nos pone en riesgo a todos los seres vivos, podríamos concluir, razonablemente, que los métodos de producción, intercambio y consumo actuales son un riesgo y que necesitamos valorar la realización de transformaciones que concuerden con las necesidades de supervivencia de todos, no solo del ser humano.

¿Podrá el ser humano ser capaz de comprender que cambios en los sistemas productivos y sociales son indispensables para generar un nuevo mundo?

Para un mundo de paz, tranquilidad y respeto a todos los seres vivos.


[1] https://www.elcato.org/cambio-de-paragidma-en-argentina?mc_cid=e640c7320e&mc_eid=86d8d9b130

[2] https://www.elcato.org/el-manifiesto-capitalista?mc_cid=e640c7320e&mc_eid=86d8d9b130

Area de Opinión
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Le invitamos a leer más del autor:

Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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