
¿Hacia dónde va la universidad?
Antropos
Ha llegado el momento límite para que la Universidad de San Carlos de Guatemala asuma responsablemente, decisiones de carácter estratégico. Contrariamente, el progreso científico, tecnológico, pero sobre todo académico, la dejará sentada en el último vagón del del tren. Los acontecimientos históricos, estructurales y coyunturales a nivel mundial y de la vida nacional, nos obligan a redefinir el porvenir de la universidad.
En ese sentido, la USAC, en otros momentos históricos, estuvo a la vanguardia de los avances de la ciencia y las humanidades, tal es el ejemplo que promovió José Liendo y Goigochea en el siglo XVlll al introducir el método experimental para la enseñanza de las ciencias y otras acciones pedagógicas de gran envergadura en la transformación de una universidad: modelo feudal, a otra bajo la influencia de los avances de la ilustración francesa e inglesa.
La otra impronta, fue lo que se logró a través de la revolución del cuarenta y cuatro con la autonomía universitaria y la creación de la facultad de Humanidades, como el centro motor del pensamiento de la educación superior, dicho en palabras de Juan José Arévalo: “La Universidad estaba en deuda con la juventud de Guatemala. Le hacía falta esta cátedra desde la cual las vocaciones humanísticas pudieran ser disciplinadas y afinadas. Necesitamos maestros para la juventud; necesitamos algo así como sacerdotes encargados de decirnos por cuáles rumbos debe ir la nación… la Facultad de Humanidades está llamada a crear personalidades por cuya conducta y por cuya palabra, la juventud de una nación se sienta inspirada de fe, de coraje y de abnegación”.
Ahora bien, hoy vivimos en un nuevo mundo en el cual cobra importancia el conocimiento, el uso masivo de las tecnologías de la información y la comunicación y a su vez, estamos envueltos en una compleja realidad bañada de violencia e inseguridad, problemas ambientales y alimentarios, desconfianza, ausencia de valores identitarios que articulen interculturalmente a la sociedad. Todo esto hace necesario contar con una “conciencia crítica” que debe ser promovida por la universidad a fin de coadyuvar a despejar este sendero de sombras y penumbras. De ahí que a partir de este caminar de la USAC, sobre los hombros del siglo 21, de nuevo me hago las mismas preguntas recurrentes de hace algunos años y que cobran ahora más vigencia, ante las circunstancias que viven las universidades en el mundo entero, y de la cual, obviamente, no se escapa la Universidad de San Carlos. Estos interrogantes están al lado nuestro, esperando respuestas y acercamientos que nos ayuden a encender el quinqué que alumbre con alguna claridad, el camino a seguir para construir un mejor edificio universitario.
Estas son algunas preguntas: ¿Qué es la universidad? ¿Cuáles son sus elementos esenciales? ¿Es necesaria la universidad? ¿Qué tipo de entidad le corresponde ser? ¿A qué ideal de sociedad y ser humano responde la universidad? ¿Hacia dónde camina la universidad? ¿Dónde ubicarla dentro del amplio ámbito de las esferas del ser? ¿A quiénes responde la universidad? ¿Debe prevalecer lo académico sobre lo administrativo en la universidad? ¿Qué tipo de ser humano se pretende educar? ¿Cuáles son las competencias pertinentes para moldear a un buen profesional con pertinencia cultural? ¿Debe la USAC, ser parte de los procesos políticos del Estado guatemalteco, tales como integrar la Junta Monetaria , la Corte de Constitucionalidad, la directiva del IGSS, o elegir a magistrados, contralores, fiscales, y otras ochenta o más representaciones, o bien atender con inteligencia y vocación los designios académicos que le manda su deber ser con la investigación, docencia y extensión universitaria? ¿Se debe modificar la forma electorera de elegir autoridades de la universidad? ¿Habrá que separar la politiquería del quehacer académico de la USAC?
Por ello, habrá que tomar en cuenta que de cuantas instituciones se han creado en las sociedades, quizá la universidad se encuentre entre las más relevantes, y también, entre las más estables, sin olvidar qué a su vez, está sujeta a cuestionamientos por el ojo auditor de la ciudadanía. Ninguna otra rivaliza con la universidad en el mantenimiento del patrimonio del saber, en la animación de la vida cultural y en la difusión de los conocimientos. De ahí que resulte obvio, que la sociedad se interrogue a sí misma, en el seno de la universidad.
Hace algunos años advertí que vivimos bajo el desamparo ontológico, antropológico y axiológico, marcado por el crepúsculo del deber como lo afirma adecuadamente, Lipovetsky. Lo que se traduce en el hecho que se configura una época caracterizada por los postulados del “todo vale”, que nos ha conducido, inexorablemente, a privilegiar y favorecer, el tener más, que el ser, con la sola idea materialista de conseguir y consumir más “cosas”. Es en ese sentido, que se evidencia hoy día, que se acuda a los recintos universitarios en demanda de orientaciones éticas y morales, así como claridad en la solución de los problemas que nos aquejan como sociedad.
Habrá entonces que tomar en cuenta, que la universidad no está al margen del “crepúsculo del deber”. Ella misma vive una crisis de concepción, por la excesiva profesionalización versus formación humanística; ausencia de innovación educativa que facilite avanzar en la capacitación de competencias de los futuros graduados, así como una excesiva masificación estudiantil. Decaimiento en la actualización teórico-metodológico de los docentes. Endeble producción intelectual, así como escasa proyección social.
También es evidente, el escaso reconocimiento de la incidencia de la cuarta revolución industrial en temas sustantivos como el desarrollo científico-tecnológico, a través de las tecnologías de la información y la comunicación, aportes de la nanotecnologia, robótica, impresoras 3D, inteligencia artificial, entre otras. Así, como el escaso desarrollo de las ciencias básicas a partir de la investigación.
Significa que la Universidad de San Carlos tiene que poner las barbas en remojo, si de verdad aspira a orientar sus pasos por una auto reflexión bajo la consideración que ella no es una torre de marfil desvertebrada de las dinámicas de la sociedad nacional y mundial.
Históricamente es cierto que la USAC ha logrado, unas más otras menos, que su voz sea escuchada en torno a descifrar problemas centrales que carcomen las entrañas de la sociedad y el Estado y a su vez, ha dado a conocer, sus investigaciones que presentan alternativas de solución. Esto significa, para el presente, pero esencialmente para el futuro, el necesario paso a seguir, tal es, someterse a una profunda autocrítica y autoevaluación en todos los niveles académicos, administrativos, financieros, políticos y organizativos, que viabilice su reconocimiento ante la sociedad, para avanzar por los senderos de la ciencia, innovación, fortalecimiento de los valores cívicos y éticos-morales y defensa frontal de la rica e inmensa diversidad cultural y biodiversidad que se traduce en el arropamiento de nuestro entorno natural.

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