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El Estado y sus deudas

Sueños…

El Estado pierde credibilidad

Guatemala es un país desgarrado por un pasado colonial que no se olvida. Un país con un intenso racismo que provoca una sociedad disfuncional en donde nadie está de acuerdo con nadie, y todos creen ser el iluminado que salvará al país del atraso. Atraso que se refleja en los peores índices sociales del mundo, y que el guatemalteco lo ve como algo normal e imposible de superar.

El año pasado existió un proceso electoral que cambió el panorama. Por primera vez en varias décadas, desde 1954 para poner fechas, varios segmentos del electorado vieron una razón para luchar. El sistema electoral tradicional sufrió una quiebra que dejó atónitos a todos. Un grupo, de simpatizantes de un núcleo de intelectuales jóvenes llamado Semilla vieron en el proceso la opción de revivir viejos sueños de reformas profundas en el país, que lo saquen de la nostalgia del pasado. Otro grupo, más heterogéneo vio en Semilla una imposición y un llamado a cambios profundos que hagan tambalear la débil estabilidad del país. En fin, el reto está planteado, y las opciones abiertas: se harán reformas que modernicen el país o se caerá en una confrontación que muestre que este es semifeudal anclado en el siglo XIX.

Lo que parece cierto es que el mundo no solo está cambiando, sino que exige cambios económicos, políticos y ambientales cada vez más rápidos para evitar el apocalipsis. En varios países del mundo, especialmente en la región de América la población sencillamente ya no cree para nada en los políticos y su demagogia. Los abandonan, y eso genera el aparecimiento de opciones radicales de solución de los problemas a las patadas. En América del sur Chile estrenó no hace mucho un presidente juvenil, que prometía incluso una transformación constitucional para terminar con la historia de Pinochet. La locura de propuestas de cambio en el papel les devolvió a los ciudadanos la opción de mejor malo conocido que bueno por conocer. En Brasil, el retorno de un izquierdista Lula da Silva que no provoca ningún cambio sino la continuidad de las estructuras burocráticas que dominan los gobiernos en todo el mundo. Surge un combatiente Petro en Colombia que gobierna en el marco de un eterno Macondo de tráfico, lavado, violencia terrateniente y mandos militares, en El Salvador, un Bukele que se entroniza con una mayoría aplastante como resultado de su gestión gerencial de resolver los problemas reales que acongojan al pueblo. En Guatemala, en penumbra la expectativa de cambio o el marasmo de los poderes del Estado que completamente desarticulados luchan entre sí y no resuelven nada.

Estamos, como dirían los voceros de Davos en un mundo de crisis en cascada, en que resumimos las más importantes a enfrentar y ya tenemos nuevas crisis en la trayectoria, mientras todos los problemas estructurales del país persisten sin que casi nadie atine a proponer una salida conjunta, integral de todas las visiones.

Los retos del 2024

Los problemas a lo interno son graves. La falta de desarrollo de los mercados, con estrujamiento de pequeños y medianos empresarios, altos riesgos de inflación, mal diseño del presupuesto del país, heterogeneidad de naciones que componen el Estado, y que por no definirlas claramente no se tienen respuestas para integrar una visión de Estado unitario. En fin, con una institucionalidad sin fundamento, pero que funciona y gasta enormes cantidades de dinero, en donde las burocracias esperan que la rutina dure para siempre.

En el ámbito externo tenemos las fracturas geopolíticas que se preparan para guerras devastadoras, sangrientas, genocidas pero localizadas en las regiones de menor desarrollo. Las potencias han optado por separarse de acuerdos de comunicación y convivencia y han pasado a generar alianzas y contra alianzas para asegurarse el control de áreas estratégicas proveedoras de materias primas y materiales indispensables para los nuevos productos tecnológicos. El costo de la vida aumenta en el mundo, la misma medida de la inflación se vuelve elástica. La seguridad energética está en medio de un apagón de gran fatalidad, los alimentos escasean y el cambio climático ya no puede esconderse más.

El mayor riesgo para un país como Guatemala es la división interna, que mantiene paralizado y sin gobernabilidad a la república. Mientras el mundo mira con horror como todos los problemas tienden a presentir una turbulencia financiera mundial que termine en una recesión generalizada.

Las 8 superpotencias, los 8 superpoderes que se reparten el mundo pueden hacerlo por negociaciones o pueden intentarlo por la fuerza. China en recesión por deflación y caída de su producción, así como la llegada de la lucha de clases que siempre trae el capitalismo, Estados Unidos ante el aumento del desempleo, la inflación invencible y un panorama electoral de comedia. Europa que ya no es lo que fue y sin medios para levantar sus estándares de países modernos y progresistas. Japón con su política de baja intensidad, promoción eterna del cambio tecnológico, amenazas climáticas y aislamiento. Y, el gran cambio que nos trae el 2024, un Israel por primera vez debilitado internacionalmente en lo político y sin credibilidad. Han pasado de ser vistos en el mundo de víctimas a victimarios, lo que trae muchas preguntas, ¿qué pasará en el sistema financiero mundial que ellos dominan?, ¿cómo seguirán funcionando los paraísos fiscales?, ¿el lavado? En fin, las potencias se fracturan para la confrontación, pero eso les genera debilidades. Y, ¿nosotros, tendremos agallas para diseñar una estrategia que nos ponga como elementos dinámicos en los escenarios mundiales?, o seguiremos siendo simples marionetas de unos u otros.

La recesión mundial ya dura mucho tiempo. Desde la crisis del 2008. ¿Cuánto tiempo podrá durar más o este será el año de la tragedia o la solución mundial?, podrá recuperar el mundo la racionalidad de acuerdos de vivir en paz y convivencia, no queda más que el camino de la violencia.

El manejo estratégico del presupuesto de la república

En términos muy específicos nosotros nos vamos a concentrar en un tema. Como fortalecer una república democrática como sistema de convivencia, mejora del bienestar social y tranquilidad de todos los individuos de un país. El Estado, para empezar, tiene que concentrarse en diseñar el uso de sus recursos con el fin de asignarlos al gasto y la inversión en forma eficiente y competitiva. Eficiente, haciendo que cada centavo gastado genere bienes y servicios de calidad a la población, que se eliminen la ineficiencia, la corrupción y el despilfarro. Competitiva, en la dirección de que los resultados del gasto se puedan comparar con los resultados de los países más avanzados. Como Reino Unido, Alemania, Japón, Suecia, Noruega y otros parecidos. Los resultados tienen que mostrar indicadores de alto rendimiento mundial.

Uno de los instrumentos más importantes de las finanzas públicas es el manejo adecuado del financiamiento del déficit fiscal. En la búsqueda del fortalecimiento del Estado, como fundamento de una estrategia nacional de desarrollo que permita elevar el bienestar de la mayoría de la población, así es como el gobierno tiene que diseñar su política fiscal. En la sociedad actual, que tiene como fundamentos una economía de mercado con empresas privadas que participan en mercados más o menos competitivos, además de una democracia electoral, los gobiernos se enfrentan a una serie de necesidades de la sociedad que son cada vez más complejas y amplias. En ese sentido, el gasto del gobierno, en la inmensa mayoría de países del mundo superan ampliamente los ingresos del gobierno.

Los gobiernos se enfrentan a necesidades crecientes de fortalecimiento de la infraestructura nacional, proveer de servicios públicos a comunidades basadas cada vez más en la concentración urbana, se enfrentan a procesos de globalización e integración regional y mundial que provocan nuevas demandas de servicios en poblaciones cada vez más heterogéneas. En fin, en temas sociales, ambientales, económicos, delictivos y políticos los gobiernos se encuentran con una maraña compleja de problemas que hay que resolver. Ante esta situación compleja, los gobiernos tienen que financiarse de alguna manera, lo hacen incurriendo en un déficit. Déficit que es financiado a través de diversas formas. Estas formas abarcan el endeudamiento, la emisión monetaria, la devaluación a diferentes ritmos de la moneda nacional y la atracción de capitales extranjeros altamente subsidiados.

La deuda pública es una forma de financiamiento para alcanzar los objetivos nacionales. Un país latinoamericano, de los más avanzados, no puede tener un sistema de electricidad que cubra un 95% del territorio del país, ni puede tener un amplio sistema educativo que le permita, en una región con carencias educativas, tener un nivel de alfabetización del 96% de los adultos, ni un amplio sistema de salud, si no incurre en un endeudamiento estratégico, patriótico y honrado.

El déficit fiscal presenta ventajas y desventajas, genera soluciones y presenta nuevos problemas, provoca oportunidades y riesgos. El déficit puede fortalecer la inversión en infraestructura real para promover el desarrollo económico y social; y, por otra parte, puede convertirse en un obstáculo para el desempeño de una sociedad al generar un uso ineficiente de los recursos escasos de la sociedad.

Guatemala como país que con rezago busca construir una república democrática, liberal, progresista enfrenta la necesidad de encontrar recursos que permitan financiar el desarrollo. Siendo una economía relativamente joven, que se incorpora recientemente a la corriente competitiva internacional, enfrenta un problema de escasez de recursos tecnológicos, financieros, empresariales y administrativos. En esa dirección los gobiernos han de incurrir en un gasto creciente con el fin de financiar los proyectos de infraestructura económica, social, ambiental y de seguridad nacional. El ritmo de crecimiento del gasto puede ser acelerado, como resultado de crecientes necesidades económico-sociales del país, tratando de eludir los tradicionales problemas de mala asignación de los recursos, errores en la administración pública y corrupción. Ante el auge de los gastos los ingresos del Estado no aumentan en la misma dimensión generando un creciente déficit fiscal. El déficit fiscal genera beneficios y pérdidas a la sociedad, provoca soluciones y problemas nuevas en la asignación y uso de los recursos, lo que provoca una especie de crisis y parálisis en el desempeño del país.

Formular una política fiscal progresista

Al establecer su política fiscal el Estado determina las orientaciones estratégicas fundamentales de una nación. El fin último de la sociedad es alcanzar el bienestar generalizado para la mayoría de la población. El bienestar puede entenderse como las posibilidades simultáneas del individuo y el grupo de alcanzar niveles de vida en donde los aspectos sociales (educación, salud, tranquilidad, paz, estabilidad), económicos (empleo, producción, consumo, estabilidad), políticos (democracia electoral, respecto a los derechos humanos, convivencia pacífica, pluralismo) y ambientales (protección del ambiente, preservación de los bosques y especies, uso racional de los recursos), permitan vivir con satisfacción, tranquilidad y esperanzas de un mañana mejor.

Alcanzar el gran objetivo nacional depende de muchas circunstancias y factores que determinan el entorno económico-social. Uno de los elementos fundamentales es la actuación del Estado que se refleja en el diseño de la política fiscal, que se deriva de su visión del manejo de las finanzas públicas, que a su vez depende de la visión estratégica de la nación.

Las finanzas públicas son el diseño estratégico de las funciones económicas, sociales, políticas y ambientales que orientarán las actividades de los ciudadanos. Dentro del régimen político capitalista interactúan el gobierno y el mercado en la búsqueda de alcanzar los grandes objetivos nacionales. De dónde surge simultáneamente la cooperación y la competencia entre los sectores públicos y privados, en búsqueda del uso de los recursos escasos y un margen mayor de los consumidores. Las finanzas públicas son más complejas que la actuación del mercado. Ya que no solamente tienen que alcanzar objetivos económico-financieros, sino que también sociales, políticos, ambientales y éticos.

Determinar la problemática del déficit fiscal y sus formas de financiamiento, para comprender el impacto que tiene el déficit en el cumplimiento de las funciones del Estado

Hacia dónde va un país pequeño semicolonial

El ingreso en forma masiva de todos los países del mundo a la modernidad implica el surgimiento de riesgos y oportunidades para el desarrollo. La modernidad se refleja en el concepto conocido como globalización, que de nuestra parte entendemos como el aumento de la interdependencia de las naciones (tanto en términos comerciales, reglamentaciones –tratados de libre comercio-, y financieros), el auge de la integración del conocimiento, la información y el entretenimiento por medio de las telecomunicaciones, el auge de las tecnologías de la información, el mando de organismos internacionales sobre las decisiones nacionales, la universalización de los problemas de terrorismo, drogas, criminalidad, el extenuante aumento poblacional, el deterioro del ambiente y los impactos del cambio climático sobre las urbanizaciones modernas. Todo lo cual genera nuevos retos a la organización social, expresada a través de las funciones del Estado. Es indispensable, principalmente en países en desarrollo, repensar las funciones, objetivos y políticas del Estado para enfrentar los nuevos retos y permitir sobrevivir a la sociedad en interacción con la naturaleza y el conjunto de los Estados del planeta.

En los países de América latina se viene desarrollando un largo y exacerbado debate, tanto político como académico, en relación con las realizaciones, insuficiencias, contradicciones y perspectivas del Estado nacional. Esto en relación con que los Estados surgidos en los procesos de independencia y acumulación primaria no han logrado generar una propuesta de unidad nacional que le dé sentido y justificación a los órganos de poder. Tanto en México, Guatemala, Bolivia, etc., surgen de propuestas de “independencia” de regiones y provincias que no se sienten representadas por el poder central. Cunde la llamada ingobernabilidad que es el símbolo en la mayoría de Los estados “latinoamericanos”. Es indispensable una reflexión entorno al significado del Estado y la Nación, como mecanismos unificadores de los intereses de conglomerados amplios de la población que necesitan un norte que los oriente hacia el desarrollo.

De tal suerte que surgen variadas opiniones para promover la investigación, que para generar la reflexión y el debate en torno a la concepción de Estado y las finanzas públicas que tenemos con el fin de encontrar vías que permitan encontrar explicaciones, justificaciones y mejorar los conocimientos sobre la problemática del Estado, las finanzas públicas y la solución de los problemas que aquejan a los ciudadanos. Es indispensable generar teorías alternativas, que no necesariamente dejen de lado todo lo existente. Hay que reconstruir el concepto de Estado y nación, para darle vida a la política fiscal.

Esa es la tarea de todos los que con buenas intenciones buscan diseñar el futuro de una república democrática.

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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