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La energía del ser humano (Parte VIII)

Una vez, como humanos, hemos logrado completar el círculo nosotros solos y estabilizar nuestra comunicación con el universo, tenderemos una relación concluyente al conectarnos sentimentalmente con otro humano, en consecuencia, crearemos un ser humano superior, sin desviarnos del camino de nuestra evolución individual.

Todo lo anterior nos ayuda a tener relaciones con el sexo opuesto, como las que debemos tener con los padres en una infancia ideal, en las relaciones con el sexo opuesto se deben revelar completamente los seres humanos a sí mismos, que expresen cómo y por qué se relacionan de la manera como se manifiestan con el sexo opuesto. Como colorarlo, si uno comprende quienes son en esencia los humanos del sexo opuesto, escapará de la proyección de sus propias fantasías sobre la relación y con ello se liberará, para conectarse al universo de una forma espiritual.

Cada ser humano que se proyecta espiritualmente debe superar las relaciones que lo aíslan de la fuente de energía: la naturaleza como contexto integrado al universo.

Los seres humanos -espiritualmente evolucionados- deben experimentar, en soledad, una sensación de euforia y bienestar, misma que se siente al iniciar una relación de mutua filiación con el sexo opuesto, la cual, luego de las coincidencias y revelaciones, trasciende hasta encontrar la relación sentimental de reciprocidad espiritual con el sexo opuesto.

Nuestro modo de aproximarnos a otros seres humanos determina que tan rápido evolucionamos y encontramos respuesta a los interrogantes de nuestras vidas.

Desde esa perspectiva, todos los humanos que cruzan nuestro camino tienen un mensaje para cada uno de nosotros. Por eso, la forma en que enfrentamos tales encuentros determina si somos capaces o estamos en condiciones de recibir el mensaje. Si nos reunimos en alguna ocasión con un ser humano y no captamos el mensaje que corresponda a nuestros problemas en ese momento, no significa que no hubiese un mensaje, lo que ha pasado es que nosotros no lo hemos podido descifrar o no lo hemos podido captar.

En consecuencia, para nuestro crecimiento espiritual, lo que debemos hacer es descubrir el mensaje que cada ser humano tiene para nosotros y, una vez percibamos esa realidad, nuestra interacción se incrementará, tendrá un propósito claro, será intencional.

Al apreciar la belleza de un ser humano, nos concentramos en la misma positivamente, con este acercamiento empieza a destacar su esencia, entonces, al comprenderla, podemos enviarle energía y elevarla a un plano superior. Debemos mantener muy alto nuestro grado de energía y así lograremos que el flujo comience a circular entre nosotros –el otro y mi identidad espiritual-, que a su vez también fluirá nuevamente hacía mi ser en forma crecida.

A medida que aumenta nuestro amor por los demás humanos, mayor es el nivel de energía que conseguimos. Este crecimiento espiritual es la medida que más nos beneficia a nosotros mismos.

Cuando un ser humano transmite energía a otro puede ver dónde está su verdad y así comunicársela más sencillamente. Al realizar este acto de transmisión de energía se recibe una revelación -de las verdades enunciadas entre los seres- que impulsa a ver la mejor parte del otro ser humano, a comprender la manera completa de su energía, para, al final, apreciarla y concentrarse sobre ella en un nivel más profundo. Como resultado, de esta interacción de energías se absorbe una energía más pura y se tiene una visión clara de los postulados de mi verdad y, todo expuesto de esta manera, hace que el ciclo empiece nuevamente hasta la superación individual. De esta forma, dos o más seres humanos pueden desarrollar una elevación prodigiosa a medida que se estimulan unos a otros, ya que la energía les es devuelta de inmediato. Esta construcción de energía no es una relación de dependencia o controladora, al contrario, se convierte en la auténtica proyección de energía, la cual carece de ataduras secundarias y de intenciones ulteriores, ambos seres humanos simplemente están esperando los mensajes.

Desde esa elaboración, podemos intuir que las manipulaciones disimuladas, que buscan energía, no pueden existir si se trae al ámbito de la relación energética lo consciente y, sobre todo, si se evidencia esa intención. La intuición es el método para detectar -en una conversación- si prevalece la verdad respecto a lo que está ocurriendo. Después, de esta primera aproximación, el ser humano debe ser completamente sincero y honesto.

Debemos simultáneamente ver más allá de la posible farsa del ser humano que tenemos delate y enviar en su dirección la máxima energía constructiva, pero si, el otro ser humano, de todos modos, rechaza nuestra energía y mantiene su perfil de manipulación, nos resultara más fácil renunciar a este género de manejo de energía, y con este perfil, tal vez, este ser humano renuncie a esa práctica antes de obtener energía de mala, manera.

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