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El final de la utopía o de la historia

Sueños…

Stefan Zweig, notable historiador y novelista espectacular, decía que escribir la historia de un país, o de un grupo es volver a abrir un proceso más que secular, en el cual acusadores y defensores se contradicen mutuamente del modo más virulento. Y, que verdad y política raramente habitan bajo el mismo techo, y es que los políticos, de cualquier tendencia que sean, tienden a ser populistas, es decir, se creen los representantes de la voz popular, mientras que sus adversarios siempre son enemigos del pueblo.

En la discusión sobre el fin de la historia, la agonía del sueño socialista o la quiebra de la fantasía de la democracia el humano se enfrenta a la gran disyuntiva de continuar luchando por ideales o simplemente adaptarse a una vida rutinaria de trabajar, emborracharse, ver partidos deportivos y morir sin un fin predeterminado.

En la continuidad de esta pandemia proclamada como el fin de la historia, las utopías y la democracia, la revista Nueva Sociedad, trae en su último número varios artículos de gran interés. En uno de ellos, Alejandro Galliano se pregunta ¿Por qué el capitalismo puede soñar y nosotros no? Bueno, el capitalismo no necesita soñar le basta la casualidad, el azar, el adaptarse a los vaivenes de la vida. La planificación es inferior a la resiliencia. El capitalismo se adapta a las crisis y tiene trescientos años de salir fortalecido. En cada crisis sus críticos anuncian su final y el paso a un mundo soñado dirigido por un gran jefe bonachón que planificará para que todos vivan felices. Pero en cada crisis el capitalismo se regenera y muta, saliendo siempre adelante. En cada crisis puede alimentar y poner a trabajar a nuevos millones de personas, en cada surgimiento pone en riesgo las condiciones de vida en el planeta.

Dice Galliano que no está mal soñar pensando en el futuro, porque el presente siempre es horrible y el futuro es el único lugar al que huir corriendo. Aunque los datos indican que el futuro no es tan aciago. En el siguiente gráfico de Cepal[1], vemos la paradoja, los países de la región por sus condiciones de represión, explotación máxima, falta de trabajo y atropellos expulsan a millares de personas, principalmente hacia el norte; lo paradójico es que esas personas expulsadas trabajan fuertemente en el norte y envían millones de dólares a sus familias en los países de origen; generando ingresos para los bancos de los terratenientes y explotadores y para los gobiernos represivos que les sirven de colchón para financiar sus negocios y la detención del poder.

Uno de los países sin mayor desarrollo social, como Nicaragua su presidente puede jactarse de estar comprobando una hipótesis de ciencias sociales. “Si expulsamos una mayor cantidad de trabajadores excedentes y de rebeldes nuestros ingresos fiscales y financieros aumentarán por las remesas que ellos mismos enviarán…” desde que endureció la represión física y legal el régimen sandino-somocista ha visto incrementarse sus ingresos por remesas de un 16% de incremento en el 2021 hasta un 50 y 54%, permitiéndole un respiro en medio de la crisis. Lo mismo que viven Guatemala, El Salvador y Honduras.

El ser humano en estos países del siglo XIX es el principal producto de exportación, y no solo eso es un producto que genera ingresos varias veces, se vende y se revende en el norte.

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Al continuar la discusión de como ha tocado fondo la doctrina de un mundo mejor, gobernado por los trabajadores y equitativo, Galliano reflexiona “El pensamiento de izquierda, dueño y portavoz de las utopías del siglo XX parece haber perdido la capacidad de soñar, arrinconado en posiciones defensivas o nostálgicas, mientras el capitalismo controla todo el planeta como nunca y atraviesa nuestras subjetividades.” Marx y Engels dieron una de las mejores descripciones del poder de cambio del capitalismo: “La necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una punta a otra del planeta. Por todas partes anida, en todas partes construye, por doquier establece relaciones. La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo. Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas.”[2]

El capital financiero, que es el esqueleto de la estructura de los mercados se apoya para controlar a los gobiernos de todos los países y mantenerlos en sintonía con el sistema en general, en el endeudamiento. En el siguiente gráfico notamos como la mayoría de países de la región endeudan a sus gobiernos en forma desmesurada para tratar de paliar una crisis que no tiene solución, sino que es continua como la vida.

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En portentoso resumen de la falta de dirección y liderazgo alternativo, Fredric Jameson en Arqueologías del futuro decía «Hoy es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo». El capitalismo, como decía Fukuyama es el fin de la historia. Nadie puede proponer un sistema distinto, ningún sistema ha mostrado la menor capacidad de superarlo, será que después del capitalismo solo queda la destrucción masiva.

La crisis permanente del sistema, que se profundizó con la quiebra masiva de los grandes bancos transnacionales, y que se resolvió con el endeudamiento masivo de todos los gobiernos del mundo para salvar a esos beneméritos bancos, no ha terminado. Se esconde bajo el eufemismo de recesión. Aquel shock fue tan duro que está durando hasta hoy. El principal síntoma de la recesión es el monstruo de la inflación. La inflación es un enemigo terrible. Destruye el ingreso de los trabajadores, presiona el endeudamiento de los gobiernos, genera volátiles subidas de los intereses, encarece las materias primas generando estancamiento productivo, es un enemigo que ataca a todos los agentes económicos y sociales. Es el Voldemort de los bancos centrales. Su aparecimiento es la muestra de que el sistema funciona con tremendas fallas.

La inflación ataca fuertemente a los países de América, mostrando una debilidad estructural sin solución cercana.

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Fuente: CEPAL, Balance preliminar de las economías de América latina, 2023

Uno de los efectos de este fenómeno es la pérdida de poder adquisitivo de la población, y los extremos de pobreza, violencia familiar, orientación al tráfico de drogas, el alcoholismo entre algunos de sus resultados nocivos. En forma impactante, en algunos países desde Argentina hasta Guatemala, los salarios mínimos disminuyen anualmente, desprotegiendo a la población.

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Con las rotundas palabras de Stefan Zweig, la utopía y la pretensión de su final solo encuentran resistencia en algunos intrépidos luchadores, de cualquier tendencia. Mientras qué “la desgracia del humano medio es no sentir en sí mismo ningún impulso de medir sus capacidades; el no sentir la curiosidad de interrogarse acerca de su propio ser, antes de que el destino le plantee la cuestión; sin utilizarlas, deja que duerman en sí sus capacidades, que se marchiten sus propias aptitudes y que se debiliten sus fuerzas, como músculos nunca ejercitados, antes de que la necesidad los tiente para una real defensa.”

[1] CEPAL (2024). Informe preliminar de las economías de América latina y el Caribe, 2023. En adelante todos los gráficos provendrán de esta fuente.

[2] Marx, Engels. (1848). El manifiesto.

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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