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La Chica Gibson

Editado Para La Historia

En mercadotecnia existe una máxima que dice: Mercancía que no se muestra no se vende. De ahí la necesidad de la publicidad. La publicidad tiene como objetivo mostrar un producto o un servicio a los potenciales compradores. Para ello se necesita un vector. Este vector generalmente es una bella mujer, un hombre atlético, un hermoso bebé, incluso un animal, todo siempre en relación con el producto que se quiere publicitar.

Desde los años 1850, la humanidad se vio confrontada a un gran desarrollo de la industria. Fue en estos momentos que, en la mayor parte de los países del mundo, se crearon grandes fábricas con enormes chimeneas que vomitaban humo y contaminaban todo a su alrededor. Estas fábricas estaban llenas de grandes máquinas industriales, de hierro, grises, frías, devoradoras de trabajadores. Los trabajadores se veían obligados a trabajar largas jornadas laborales en condiciones sumamente infrahumanas. Ante tamaña frialdad de la industrialización surgió un nuevo estilo que se extendió a todas las ramas del arte. Este estilo pasó a la propia industria y a todas las actividades del ser humano. Se inspiraba en la naturaleza, en particular en la flora, siendo su principal movimiento el que adopta un tulipán cuando se pone en un florero y comienza su proceso para marchitarse. Estoy hablando del Art Nouveau.

Desde siempre París ha sido, y lo es aún hoy, uno de los puntos neurálgicos en la creación de la moda y, en el caso del Art Nouveau, fue París un punto ineludible de este movimiento. De París, la moda del Art Nouveau se extendió al resto del mundo. Los Estados Unidos, nueva potencia pujante, no fue excepción, todo lo contrario. Esta joven nación fue un lugar que sirvió como buen caldo de cultivo al nuevo estilo.

Con la industrialización de los años anteriores a este Art Nouveau, en los Estados Unidos y en el resto del mundo, la mujer iba tomando nuevas posiciones en la escala social. Fue en esos momentos que masivamente las amas de casa se volcaron a trabajar en la industria, en los servicios, en las tiendas como vendedoras, como maestras o como secretarias. Siempre dentro de los Estados Unidos, los últimos años del siglo XIX estuvieron marcados por un amplio movimiento sufragistas. Las mujeres reclamaban el derecho de participar en las elecciones, cosa que lograron solo con la enmienda número 19 a la Constitución de ese gran país en el año 1920.

Los periodistas del momento hablaban de la “mujer nueva”, activa, atlética, trabajadora, políticamente comprometida y siempre vestida a la moda. Sin embargo, paralelamente también surgió otro personaje al que se le llamó “la Gibson Girl”. Fue creación de Charles Dana Gibson. Charles Gibson era un dibujante caricaturista que, durante casi 30 años, colaboró con sus ilustraciones en la célebre revista Life. La calidad de sus trabajos y su profesionalismo hizo que, en poco tiempo, el trabajo de Charles Gibson fuera reclamado por las mejores publicaciones del Nueva York de finales del siglo XIX y comienzos del XX, años que correspondieron con los del esplendor del Art Nouveau. Este fue un momento de cambios radicales, sobre todo para el papel de la mujer en la sociedad.

La Gibson Girl la veíamos en todo tipo de publicidades: para ensalzar las virtudes de un cenicero, de un mueble, de una prenda de vestir, de un producto comestible, de un accesorio para la casa o la ropa… y mucho más. Seguramente Charles Gibson creó esta chica teniendo a su propia esposa, Irene Langhorne, en mente, incluso a su propia cuñada, la Vizcondesa Nancy Astor. Sin embargo, en entrevistas que le hicieron a Charles Gibson en la época preguntándole de dónde había salido el modelo de esta chica, decía que la Gibson Girl era la joven norteamericana moderna, independizada, independiente, inteligente, emancipada y que se vestía a la moda, siempre perfectamente ataviada con los accesorios y la ropa pertinente para la hora del día o del evento. Decía que era la chica fruto del crisol de razas en que se había convertido los Estados Unidos. Decía que se la podía ver caminando por la Quinta Avenida de Nueva York o montando bicicleta en su Central Park, en la iglesia, detrás de un mostrador o en las aulas de las universidades. La Gibson Girl era una mujer atlética, delgada y que evidentemente se regía por la moda que imponía París. Y la moda de ese momento era la de la Belle Epoque.

El surgimiento y desarrollo del cine ayudó a la difusión de esta imagen idealizada de la nueva chica norteamericana. Las actrices de moda la imitaban en su forma de vestir y actuar. Prueba de ello fue la inolvidable Mary Pickford, entre otras.

Las principales características de esta moda era una mujer delgada, con cuello muy alto, elaborados peinados recogidos en grandes moños de los que caían cascadas de rizos. Todo cubierto por grandes sombreros generosos en plumas, cintas y adornos. Faldas estrechas y largas, moda completada con una obligatoria sombrilla para no oscurecer el pálido rostro de la joven, obligatoriamente blanco pálido como el lirio. Accesorio indispensable era el corsé, con el que se lograba una cintura de avispa.

Eso realzaba el volumen de los pechos y de las caderas. La Gibson Girl era frágil y voluptuosa, sin por ello ser lasciva, ejemplo vivo de la versión norteamericana de la moda parisina de la Belle Epoque.

A diferencia de la “nueva mujer”, la Gibson Girl no se metía en cuestiones políticas, no era sufragista. Sin embargo, su posición sí era preponderante a la del hombre. Algunas veces iba acompañada por su novio, pero decididamente era ella la que llevaba los pantalones en esa relación. Era la mujer que, una vez casada, no dudaba en divorciarse cuando ya este matrimonio no le convenía o de plano se aburría de su pareja. La Gibson Girl era una mujer independiente y no solo desde el punto de vista económico.

Al llegar la Primera Guerra Mundial, la Gibson Girl fue cambiando su forma de vestirse, según la moda que desde París dictaba Paul Poiret. Para los años de la guerra, la Gibson Girl primero pasó por la moda helenística, incluso llegó a vestirse con la moda orientalista que Poiret imponía desde París. Pero, con la guerra, las necesidades del mundo ya eran otras. Las mujeres ya no solamente eran las que representaba la Gibson Girl. Se habían convertido en enfermeras e incluso en participantes activas en esta Primera Guerra Mundial.

Pronto llegó Coco Chanel liberando al cuerpo de la mujer de los corsés, haciendo que las mujeres se cortaran el pelo “à la garçone”, liberando la cintura de los vestidos, por lo que ya el corsé no solo no era obligatorio, sino un estorbo bueno para el cesto de la basura. El vestido se hizo más corto para darle facilidad de movimiento a la mujer. Fue de esta forma que, a golpes de cañones de la Primera Guerra Mundial, desaparece el Art Nouveau, desaparece la mujer flor, desaparece la Gibson Girl. Con la Primera Guerra Mundial surge la flipper, la mujer liberada de tantas ataduras, sin corsés, con vestidos cortos, perfumes atrevidos y no con olor a flores.

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Franck Antonio Fernández Estrada

traductor, intérprete, filólogo ([email protected])

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