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Las Narrativas

Teorema

Algunas ideas se extienden entre las poblaciones del mundo y son aceptadas como buenas sin mayor análisis

Centroamérica, el sur de México y otros países adoptaron las leyendas de La llorona, La Siguanaba, El Cadejo… Mucha gente sencilla cree que en ello hay verdad. En el área rural, donde tales fantasías se repiten con mayor frecuencia, sus personajes causan temor. Incluso, muchas personas aseguran haber visto a alguno de ellos.

Otras leyendas son más universales. Algunas surgieron de manera espontánea, los pueblos las fueron alimentando, crecieron y traspasaron fronteras, cruzaron mares y se volvieron globales. Algunas inspiraron a autores que crearon obras literarias de renombre como Drácula de Bram Stoker y Frankenstein de Mary Shelley. Ambas obras, llevadas al cine y a la TV, a su vez, dieron nueva vida y mayor difusión a aquellas viejas leyendas. Hay quien las considera tan reales, que teme a los vampiros.

Otras fueron creadas deliberadamente, con propósitos muchas veces cuestionables. Recientemente, con independencia de su origen, las leyendas adoptaron nombres más sofisticados. Narrativa, parece ser uno de los favoritos. Por lo general, las narrativas no resisten el desafío de un análisis, por superficial que este sea. Siguen siendo ficciones, ensayos, novelas, cuentos, fantasías, mitos…

Por ejemplo, mucha gente está convencida de que las dictaduras son malas y que los dictadores son personas terribles y deberían estar encarcelados. Si ya murieron, al pasar por su tumba habría que decir una palabrota o hacer algo peor. Los exdictadores que aún viven, casi sin excepción son proscritos sociales, confinados a esos registros de memoria, donde las personas archivan el recuerdo de los criminales, los perversos, los delincuentes y los condenados.

Pero hasta más de la mitad del siglo XIX el poder era ejercido por dictadores quienes lo hacían bajo el nombre de reyes, emperadores, zares… Nadie los votaba, no había leyes que tuvieran que respetar. Ellos eran la ley o estaban por encima de ella. No se puede decir que todos fueron malvados o que todos fueran injustos. De hecho, a ellos se debe, en gran parte el desarrollo de la pintura, la música, la literatura y de las artes en general. También de la matemática, la física y la química, aunque el mayor desarrollo científico fue posterior.  La evolución de la humanidad, como la conocemos hoy, fue cosa suya.

Uno no puede imaginar lo que habría sido de la sociedad en la región que llamamos “mundo occidental” en ausencia de aquellos dictadores, o de China con los suyos o India con los propios. Simplemente no se puede pensar en el Imperio ruso sin pensar en los tres siglos que los zares dedicaron para construirlo. Sería como excluir a Gaudí al pensar en el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. En varios países del Golfo Pérsico, aún hoy, no hay elecciones y quienes habitan Qatar o Dubái, por ejemplo, tienen magníficas condiciones de vida.

En la España del siglo XX, Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde, dictador, condujo a su país a la etapa de mayor prosperidad desde el inicio del siglo XIX. Reconstruye un país devastado por tres años de una guerra espantosa y cruenta que, además, dejó odio y resentimiento entre vencedores y vencidos. Antes de él, los franceses que habían invadido la península decían despectivamente “África empieza allende los Pirineos”. Franco fue el artífice del así llamado “Milagro español”, acontecido entre 1959 y 1973, mismo que se extendió hasta el año 2000. Entonces, España llegó a ser la undécima economía más grande del mundo.

Este siglo, Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, electos en las urnas, condujeron a España hacia las condiciones actuales que muchos consideran graves. Sin embargo, es muy probable que la historia les perdone.

El Valle de los Caídos es un espacio monumental construido por Franco al que se trasladaron los restos de 33,833 combatientes muertos durante la guerra civil española. Cuando Franco falleció, sus restos fueron depositados allí. Como inequívoca muestra de su perversión, el gobierno de Pedro Sánchez ordenó que los restos de Franco fueran exhumados del Valle de los Caídos, donde permanecían desde su fallecimiento en 1975.

Hará unos dos años, por WhatsApp circuló la foto de un rótulo que decía: Franco, hijo de puta, por favor regresá. Entonces, ¿son los dictadores los perversos?

Antes de septiembre de 1973, Salvador Allende presidía el gobierno de Chile, que había sido tomado por cubanos castristas, dirigidos desde la URSS en su confrontación con EU, durante la guerra fría. Ese año, en septiembre, Augusto José Ramón Pinochet Ugarte rescató a Chile de la pobreza creciente que amenazaba convertirse en miseria y que se expresaba casi a diario con los tristemente célebres cacerolazos en Santiago y otras ciudades. Cerca de dos mil personas murieron como consecuencia de aquel Golpe de Estado y hubo graves acusaciones de violaciones a los derechos humanos. Por otro lado, Pinochet convirtió a Chile en el país de mayor desarrollo social y humano, así como el de mayor crecimiento en Latinoamérica. Otros países también sufrimos la pérdida violenta de vidas, aún mucho mayores durante la época de las guerrillas. Hubo serias violaciones a los derechos humanos, pero no quedó beneficio ni crecimiento alguno, solo temor y pobreza.

En 1988 se sometió a plebiscito nacional si Pinochet era autorizado o no para participar en la elección de fines de 1989. El “No” ganó con 56% de votos. Pinochet se convirtió en Jefe de las Fuerzas Armadas y posteriormente en Senador. A su retiro, Chile seguía floreciente. En 2006, mediante voto popular Michelle Bachelet Jeria, estrechamente vinculada con la ONU, socialista, ganó la presidencia de Chile y volvió a ganar en 2014. En 2022, Gabriel Boric Font, también en las urnas, se convirtió en presidente de Chile. Hoy, aquel país pujante que estuvo a punto de ingresar al “primer mundo” ha dejado de ser lo que fue. La biografía de Pinochet ha quedado cubierta de oprobio, injuria e ignominia. Quizá las acusaciones en contra suya tengan un fondo de verdad, pero el éxito sin precedente que alcanzó el país durante su dictatorial gestión es ninguneado ampliamente.

Quizá el dictador latinoamericano más difamado ha sido Alberto Kenya Fujimori Inomoto, expresidente de Perú.

El primer gobierno de Alan García había convertido al país sede del imperio Inca, el más grande de la época precolombina, en uno de los más pobres de América del Sur. Además, Perú contaba con una guerrilla (maoísta) reputada como la más sanguinaria en América. La elección de 1990 para sustituir a García atrajo la atención mundial pues uno de los candidatos era el reputado escritor Vargas Llosa a quien se daba por ganador. Empero, entre sus competidores empezó a destacar un desconocido de nombre Alberto Fujimori. Vargas Llosa ganó en primera vuelta, pero Fujimori lo derrotó abiertamente en balotaje con 63% de votos.

En 1992 Fujimori montó un «Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional», cerró el Congreso, suspendió parte de la Constitución y convocó a elegir lo que llamó Congreso Constituyente Democrático. Obtuvo amplia mayoría popular. La Constitución fue modificada en parte. Se suprimió la prohibición al pueblo de volver a elegir a un expresidente, si así lo deseaba. La prensa internacional lo calificó como Golpe de Estado Técnico.

Fujimori hizo un excelente gobierno, quitó obstáculos para favorecer que se desarrollara una economía boyante. Perú salió de la pobreza, hubo nuevos negocios y un programa intenso de privatizaciones que mejoró la eficiencia económica. Otros países, Guatemala incluida, iban a Perú a conocer las políticas que habían permitido el desarrollo. La popularidad de Fujimori aumentó luego de la captura, juicio y condena a Abimael Guzmán, líder del poderoso Sendero Luminoso que pronto fue desarticulado. Excepto la “clase política”, los peruanos lo amaban, llamándolo “el chinito de la suerte”. En 1995 se presentó a elecciones contra otros 14 candidatos y ganó en primera vuelta con 64% de votos.

Diciembre de 1996. La Embajada de Japón en Perú celebra el cumpleaños del Emperador Akihito. Guerrilleros del Movimiento Revolucionario Tupac Amarú irrumpen en la sede y hacen prisioneros a unos 800 invitados. Liberan a todos, excepto a 72 diplomáticos e importantes funcionarios de gobierno a quienes mantienen como rehenes. La prensa internacional y los gobiernos de muchos países pidieron a Fujimori acceder a las peticiones de los guerrilleros. Tales solicitudes pronto se convierten en exigencias y hasta en amenazas. Fujimori resiste todo el tiempo, no cede ante la presión internacional.

El 22 de abril de 1997, después de 126 días de cautiverio, un comando de las Fuerzas Armadas de Perú tomó sorpresivamente por asalto la sede de la Embajada y liberó a los rehenes. En el operativo perdió la vida un rehén, dos militares y todos los guerrilleros (14). Aquella operación me hizo recordar actos heroicos semejantes desarrollados por Israel. El mundo libre lo celebró y Fujimori fue ampliamente aclamado.

En 2000, Fujimori cometió un gravísimo error. Se presentó por tercera vez a elecciones. No debió hacerlo. Jorge Ubico en Guatemala lo hizo y le fue mal. Álvaro Uribe en Colombia lo consideró, pero tuvo el acierto de declinar. Fujimori ganó en primera vuelta con 49.9% y en balotaje con 51.2%. Vladimiro Ilich Lenin Montesinos Torres, Jefe del Servicio de Inteligencia de Perú, cooptado por la CIA, se había convertido en el hombre más poderoso de Perú, incluso por encima de Fujimori. El mismo año de su tercera elección, los “vladivideos” sacaron a luz las prácticas corruptas de Montesinos, involucrando a Fujimori, a veces directamente. Este ordenó un cateo a la casa de Montesinos pero tal orden resultó ser ilegal. Con su extenso poder, Montesinos denuncia y acorrala al Presidente. Fujimori viaja a Japón en visita oficial y, desde allí, renuncia. El país asiático lo hace ciudadano honorario. Los japoneses lo ven como al héroe de la Embajada, lo saludan en las calles y buscan fotografiarse con él.

En 2005, convencido de su inocencia Fujimori anuncia su retorno a Perú para participar en la elección del año siguiente y viaja a Chile, desde donde haría una entrada triunfal. El gobierno de Perú impide su ingreso. Alan García gana la elección por segunda vez y Fujimori, en Chile, le resulta incómodo. Ese año, Bachelet asume la presidencia de Chile y acepta que Fujimori sea extraditado acusado de peculado. Después, la Corte Internacional de Justicia lo juzga por masacres militares cometidas durante su presidencia y es sentenciado a 25 años de prisión. En diciembre de 2023, después de revisiones y otras acciones legales fue puesto en libertad. Estuvo 14 años en la cárcel. Este año cumple 85. Una multitud llegó a recibirlo al penal de Barbadillo, donde estaba recluido. Los manifestantes llevaban carteles, uno decía: “El mejor presidente del Perú está secuestrado por defender al Perú. Todo es culpa de la miserable Corte (internacional de DH) defensora de terroristas. Pero ya no más injusticia. Fujimori está libre”.

La narrativa dice que los presidentes por elección son los buenos y los dictadores los malvados. Quizá ese sea un mito que debería ser revisado.

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José Fernando García Molina

Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista.Tiene una licenciatura en ingeniería eléctrica de la Universidad de San Carlos, una licenciatura en ingeniería industrial de la Universidad Rafael Landívar –URL–, una maestría en economía en la Universidad Francisco Marroquín –UFM–-, estudios de especialización en ingeniería pentaconta en la ITTLS de España.

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