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La ambición globalista de imponerse a la soberanía, vía OMS

En un mundo cada vez más globalizado, los acuerdos internacionales sobre pandemias han adquirido una indudable relevancia en la agenda global. Los gobiernos de todo el mundo han acordado continuar trabajando en una propuesta de acuerdo sobre pandemias, afinando el proyecto en el periodo previo a la 77.ª Asamblea Mundial de la Salud, que se celebrará a partir del 27 de mayo de 2024. Durante la reunión en la Sede de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra, los gobiernos han decidido reanudar los debates en las próximas semanas, con el objetivo de avanzar en cuestiones aparentemente críticas.

Si bien estos pactos pueden parecer loables en sus objetivos, es imprescindible examinar detenidamente las implicaciones negativas y los riesgos que entrañan para la soberanía de los países, especialmente aquellos en vías de desarrollo. Se requiere una discusión centrada en los peligros y las imposiciones perniciosas que pueden surgir de estos acuerdos globales, poniendo especial énfasis en los efectos desproporcionados que pueden recaer sobre los países.

Uno de los principales riesgos de los convenios globales sobre pandemias radica en la imposición de restricciones a la autonomía en la toma de decisiones de los países. Estos acuerdos limitan la capacidad de cada nación para determinar sus propias políticas y ajustar medidas adaptadas a sus realidades específicas. Al imponer directrices uniformes y estándares rígidos, se pasan por alto las particularidades culturales, socioeconómicas y sanitarias de los países, comprometiendo así su soberanía y su capacidad para proteger a su población de manera efectiva.

Las imposiciones globales sobre pandemias involucran aspectos económicos que pueden ejercer presión sobre las naciones. Estos países se enfrentan a imposiciones condicionadas a la cooperación, como el acceso a recursos financieros, ayuda económica o acuerdos comerciales. Esta presión económica lleva a una dependencia indebida de los más poderosos y a una pérdida de autonomía para establecer políticas que se ajusten a sus necesidades y prioridades nacionales en general.

Otra preocupación importante radica en la distribución desigual de recursos y tecnología en los acuerdos globales sobre pandemias. Los países pobres enfrentan dificultades para acceder a vacunas, tratamientos y tecnologías médicas debido a barreras económicas y de propiedad intelectual. Esto crea una brecha injusta en la capacidad de respuesta a las pandemias, amenazando su soberanía y perpetuando la desigualdad en la atención médica a nivel global.

La imposición de convenios conlleva la intervención en asuntos internos de los países y la pérdida de privacidad de sus ciudadanos. Los países más vulnerables se ven obligados a compartir datos personales y epidemiológicos sensibles sin garantías adecuadas de protección y seguridad. Esto socava la soberanía nacional y la autonomía en la toma de decisiones sobre la gestión de la salud de su propia población.

Además, los tratados sobre pandemias a menudo imponen una carga financiera desigual a los países más pobres. Las repúblicas podrían enfrentar costos excesivos para implementar medidas de prevención y respuesta a pandemias, lo que ejerce presión sobre sus recursos económicos limitados. Esta desigualdad financiera compromete su capacidad para fortalecer sus sistemas de salud y responder eficazmente a las emergencias sanitarias, resultando en una mayor vulnerabilidad y pérdida de soberanía.

En conclusión, los acuerdos globales sobre pandemias conllevan riesgos y peligros para la soberanía de los países en vías de desarrollo. Estos acuerdos pueden imponer restricciones a la autonomía en la toma de decisiones, ejercer presión económica y tecnológica, permitir la intervención en asuntos internos y generar desigualdad en la distribución de recursos. Además, existe el peligro de una carga financiera desigual y la pérdida de privacidad de los ciudadanos. Es fundamental reconocer y abordar estos riesgos para asegurar que los acuerdos internacionales respeten la soberanía y las necesidades de los países menos desarrollados, promoviendo un enfoque más equitativo y colaborativo en la gestión de las pandemias a nivel global.

Con base a lo expuesto, la pregunta quedará arraigada en la mente del lector: ¿Las autoridades velarán por la libertad y soberanía del pueblo o se inclinarán hacia la comunidad internacional dominante y aquellos personajes oscuros que buscan establecer un gobierno mundial? ¿Será este gobierno cómplice de aquellos que desean apropiarse del mundo y sus recursos, actuando según su antojo y capricho, revelando así a quiénes realmente sirven?

Presidente Bernardo Arévalo, es crucial que no comprometa la vida y la libertad de los guatemaltecos en aras de complacer a aquellos sin escrúpulos que anhelan jugar a ser Dios por su afán de poder. No caiga en la trampa simplista de ceder ante un gobierno mundial.

POR UNA NACIÓN LIBRE, JUSTA Y SOLIDARIA

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