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Liderazgo, personalidad y poder

Reflexiones

El inicio del gobierno de Bernardo Arévalo se ha caracterizado por un maniqueísmo político-ideológico, que puede analizarse con rigor académico desde la lucha de contrarios propuesta por Hegel, teniendo por un lado a las fuerzas democráticas y progresistas del país en franca oposición al sistema de corrupción e impunidad y por el otro a los defensores del status quo, que emplean estratégicamente el lawfare para mantener un establishment caracterizado por la mala gobernanza, la ingobernabilidad y la distorsión informativa conducida por las furcias mediáticas.

Este escenario ha evidenciado a un gobierno incapaz de ejercer el poder que le delegó el pueblo en las urnas el 20 de agosto de 2023 provocando en el país un clima de inestabilidad política, de una ineficiente gestión gubernamental donde no cambió nada y que obviamente tiene repercusiones en los más elementales aspectos sociales, económicos y políticos en el país.

Para Paul Michel Foucault y para Nicolás Maquiavelo “Poder que no se ejerce no es poder”. Para ejercer el poder, en este caso el político, se debe contar con un liderazgo firme, producto de una personalidad que derive de un temperamento colérico-sanguíneo, simbiosis que le permitirá al actor político, ser un líder que pueda tomar las decisiones informadas, coherentes, racionales y valientes en beneficio del país.

Guatemala necesita de nuevos liderazgos sin duda alguna. Para ello debemos entender que el liderazgo es el arte de motivar, comandar, influir y persuadir a las personas.  El liderazgo es el conjunto de habilidades personales, sociales y profesionales que un individuo tiene para ser capaz de dirigir la forma de ser y actuar de las personas en sus distintos círculos de influencia o de un grupo o grupos determinados. Implica conducir a las personas al logro de metas y objetivos.

Este contexto político también puede analizarse desde el ángulo conductual. El liderazgo esta intrínsicamente ligado a la personalidad. La personalidad se refiere al conjunto de características psíquicas de una persona, que determinan su manera de actuar ante circunstancias particulares. Este constructo engloba el patrón de comportamientos, actitudes, pensamientos, sentimientos y repertorio conductual que caracteriza a un individuo. La personalidad se forma de temperamento y carácter.

El poder designa la capacidad o potestad para llevar a cabo una acción. Esta palabra proviene del latín potēre, que se deriva de posse, que significa “ser capaz”.  Facultad para actuar. El poder implica tener la autoridad o capacidad para realizar algo. El poder se manifiesta en el hogar, en el trabajo, en la congregación religiosa, en el ejército, puede decirse que en todo espacio donde se reúnen personas por diferentes motivaciones. En consecuencia, liderazgo, poder y personalidad son parte de la ecuación de dominación en las relaciones sociales.

La personalidad desempeña un papel fundamental en el ejercicio del liderazgo político (poder). Según el historiador Ian Dershaw, la forma en que una persona se acerca al poder y como ejerce dicho poder está estrechamente relacionada con su personalidad y características individuales. En su libro “Personalidad y Poder” (2022) Kershaw realiza un análisis de cómo la personalidad conspiro con la oportunidad para crear los déspotas más devastadores de la era moderna y cómo y por qué otros países los lideres fueron capaces de encontrar un camino mejor.

En el mundo actual, la personalidad desempeña un papel crucial en el liderazgo. Los líderes enfrentan un entorno cada vez más volátil, incierto, complejo y ambiguo. Por los antecedentes en su vida pública se puede interpretar que el temperamento del presidente Bernardo Arévalo responde a la taxonomía del flemático-melancólico.

Las personas con temperamento flemático, se caracterizan por su calma, serenidad y falta de reacciones emocionales intensas. Son tranquilas, pasivas y actúan con paciencia y racionalidad. Prefieren mantener un perfil bajo. Así también, las personas con un temperamento melancólico, son emocionalmente sensibles, creativas, introvertidas, abnegadas y perfeccionistas y apegadas a la ley.

Durante los cuatro años que estuvo como diputado de la IX Legislatura nunca se le observo a Bernardo Arévalo como orador defendiendo los ideales de su movimiento político, tampoco como fiscalizador in situ, o convocando a los funcionarios para que rindieran cuentas, ni mucho menos construyendo una imagen mediática.

Podemos concluir indicando que la personalidad influye en la forma en que el líder se relaciona con su gente, con su equipo, con sus pares, la forma en que toman decisiones, el valor y el coraje con que se enfrentan a los grandes retos que van surgiendo en el escenario nacional, que día a día se vuelve cambiante e incierto.

¿Es Bernardo Arévalo el líder que ambicionaban los guatemaltecos? ¿Usted qué opina?

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