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Los nances: fruta aromática y sagrada de los Mayas

Antropos

Siendo niño, alumno de la escuela de mi pueblo Quetzaltepeque, cada vez que entraban las lluvias de invierno en el mes de mayo, lo sabíamos desde antes, era el momento de ir al bordito de don Tomás, a la salida del pueblo y enfrente del cementerio, a recoger nances que se desprendían con la brizna de la noche. La apuesta era de quien se asomaba más temprano, aunque rompiéramos la camisa en los alambres de púas de los cercos, para llegar al lugar estrella de los nances capulinas. Rojos tirando un poco al amarillento de los otros. Eso sí, los más dulces.

Nos sentábamos en grupo, bajo la sombra de uno de los nances, para ver el pueblo adornado de montañas verdes en medio de una explanada de árboles de zapote, nísperos, anonas, matasanos, chuptes, naranjas, lima limón y pequeños pedazos de café y caña dulce para moler en los trapiches. Mientras tanto, comíamos esta fruta aromática. Unos grandes, rojos y chiquitos con sabor entre ácido y dulce. El resto eran para la refacción en la escuela o para frescos en la casa. Curioso, pero cierto, crecimos en un pueblo de indígenas Chortis, descendientes de los mayas y quizás por eso, abundaban los árboles de nance.

Las montañas que rodean este pueblo enclavado en las entrañas, se me figura a las creadas por Vucub Caquix, personaje sagrado del Popol Vuh, llamado el Siete Guacamayas quien después de crearlas, jugaba a la pelota con ellas, lo cual incomodaba a los señores de Xibalbá, quienes decidieron vengarse.

Cuenta el libro sagrado de los Mayas, que Vucub Caquix, iba todos los días a saborear los nances en la cima del árbol. Mientras tanto, los enviados por los señores de Xibalbá, Hunahpú e Ixbalanqué observaban esta rutina de Vucub Caquix quien llegaba a la comida preferida. Con astucia y vigilia, se pusieron en acecho y vieron como éste llegó al pie del árbol, escondido furtivamente entre las hojas, para ir directamente hacia esta fruta dulce y aromática, dice la narración. En ese momento Hunahpu con un tiro certero de cerbatana, le dio en la quijada.

Este es uno de los pasajes que se encuentra en el Popol Vuh, que nos encamina a conocer el origen de la creación del hombre con mazorcas de maíz amarillo y blanco, del cual Ixmucané hizo nueve bebidas, y que fue encontrado junto con otras abundancias de alimentos en Paxil y Cayalá. Lugar en el que los dioses Tepeu y Gucumatz, los dioses creadores, se encaminaron porque fueron anunciados por animales y pájaros de este lugar de tierras fértiles, llenas de árboles de nances, zapotes, anonas, jocotes, matasanos y miel.

Deslizamos nuestra mirada sobre uno de los relatos del libro Sagrado de los Mayas, en donde se da la existencia de los nances. Arboles medianos que producen frutos pequeños, grandes, dulces, agrios y de múltiples colores. Sus ramas florean con un arcoíris de colores amarillos, en donde crecen los racimos que al madurar se desprenden tapizando el suelo. Su aroma es penetrante y se convierte en la fiesta de los niños en el área rural, quienes esperan con la entrada del invierno, recogerlos y saborear su dulzura. Es un fruto de milenaria edad en nuestra Mesoamérica, que se origina en el descubrimiento que hicieron los dioses mayas de tierras fértiles llenas de árboles y desde donde se da la creación del hombre de maíz. Hoy, no sólo es una algarabía de la niñez, sino que contribuye a la economía y salud de las comunidades rurales como un aliciente, amén, que protege los cerros de su erosión.

Las abuelas nos cuentan, que una de las delicias que se hacen con esta fruta, es el “culin” o dulce de nance que se fabrica con canela y panela. Cuando están arrugados, es señal que la dulzura llegó a su término y se ofrece, en algunas comunidades indígenas, como ofrenda en los rituales lo cual se traduce como un alimento de las almas, acompañado de bebidas espirituosas artesanales.

Nuestras tradiciones culturales nos ilustran que los nances, además de ser saboreados por los niños, también se venden en el mercado. Hay algunas artesanías como paletas, dulces, licores. Pero y además, es un fruto, con muchas propiedades como vitamina C, B1, B2, B3. Tiene usos medicinales en las tradiciones culturales de nuestros pueblos, como ayudar a controlar la diarrea, afecciones respiratorias, úlceras, diabetes, problemas digestivos, lo cual, ha convertido a los nances con un potencial uso en la industria farmacéutica y alimentaria.

Sin embargo, el nuevo estilo de vida social está destruyendo no sólo parte de nuestra cultura, sino arrasan con los árboles provocando deforestación. Habrá, dicen los investigadores de este tema, que revalorar el cultivo de los árboles de nance y sus variedades de colores, porque, esta acción, contribuye a rescatar nuestra cultura, la seguridad alimentaria, el verdor de las montañas, la risa y alegría de los niños, que, como nosotros, cuando gozamos de nuestra niñez, disfrutábamos recogiéndolos en el bordito de don Tomás para saborear su dulzura y aroma penetrante.

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