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La Constitución guatemalteca cumple 39 años ¿Qué ha cambiado?

Barataria

Eran los años ochenta, veníamos de tener gobiernos militares represivos y en donde la libertad era difícil de respirar.  Los jóvenes de aquel entonces, habíamos crecido bajo los gobiernos de Arana Osorio, Laugerud García y Lucas Garcia, en aquellos días en donde no entendíamos muchas cosas, pero veíamos impávidos cómo aparecían personas muertas en las calles y las murmuraciones de las personas en donde decían “dicen que era guerrillero”, oímos de escuadrones de la muerte de guerrilleros y guerrillas y de fraudes electorales.  Luego llegó el Golpe de Estado de Ríos Montt y un vuelco a definir una nueva Guatemala.  Algo había que cambiar y bajo estados de excepción y un régimen rígido que no habíamos visto en ese entonces; Ríos Montt gobernó Guatemala con mano de hierro en poco tiempo, hubo muchos despidos en las instituciones públicas; según fuentes gubernamentales necesitaban “limpiar de corrupción el Estado”, luego de ello otro Golpe de Estado en donde Mejía Víctores sucedió a Ríos Montt en el poder y se programó un retorno a la democracia.  En realidad nosotros, que toda nuestra vida habíamos vivido bajo gobiernos militares y fraudes electorales no comprendíamos que, en realidad significaría vivir en una democracia.

A la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, recuerdo que acudió muchísimas personas esperanzadas de que el país regresaría a la democracia y se promulgaría una nueva Constitución.  Todo era expectativas, no hubo alegaciones de fraude y los constituyentes en el congreso realizaron un trabajo que, a la luz de la historia en realidad es mas mediocre que notable, puesto que a 39 años de la Constitución vemos como se planteó un orden constitucional plagado de imperfecciones y con muchas deficiencias que hace pensar que el sistema se agotó.

Hace 39 años que se promulgó la actual Constitución que en realidad otorgó muchas libertades que antes no se habían disfrutado plenamente, luego de varias elecciones y de 12 presidentes, podremos decir con certeza que el modelo de estado planteado en la Constitución se ha agotado.  No quiero entrar a un análisis exhaustivo de la institucionalidad que plantea la Constitución guatemalteca, porque en realidad eso daría para muchos artículos y, visto desde el punto de vista político y sociológico esto depararía incluso para un libro.  Sin embargo si es evidente que la Constitución Guatemalteca fue elaborada por los constituyentes sin tener una clara respuesta a la pregunta:  ¿Qué Estado queremos constituir? Esto resulta claro de la forma en que se redactó toda la parte orgánica del texto constitucional y de la manera en que se concibieron ciertos aspectos dogmáticos en los que se establecieron unos derechos que se superponen a otros sin medir consecuencias en el tiempo.  Orgánicamente el Estado se concibió desde la concepción republicana de la división de poderes, sin embargo el sistema de pesos y contrapesos establecido no fue el adecuado.  La idea principal de establecer un Tribunal Constitucional sin limites que decide al final todo lo que judicialmente se resuelve en los tribunales ordinarios desde un amparo porque una asociación de vecinos no permite asociarse a una persona, hasta contra el proceso electoral, hace ver que este tribunal constitucional establecido no es otro poder del estado sino es un suprapoder, capaz de limitar mediante resoluciones de los magistrados constitucionales hasta el ejercicio legal del poder que debe tener el presidente de la República y el ejercicio legal del poder legislativo.  Esa concepción de una Corte de Constitucionalidad realizada por los constituyentes sin medir consecuencias es fruto de chapuzas tomas de modelos de otros estados sin analizar los resultados de la misma.

Bajo instituciones constitucionales como la Corte de Constitucionalidad, resultan otras medidas sumamente perjudiciales por no decir perversas fruto de los “padres constituyentes” que engendraron un verdadero demonio.  En efecto, la actual constitución establece el Amparo, pero el amparo lo ha establecido “para todo” y lo pueden plantear todos, incluso las mismas instituciones de poder público pueden plantear amparos. El amparo se concibe como una acción o recurso que protege a las personas la violación de derechos fundamentales por parte de los poderes e instituciones públicas, pero la manera en que se establece el Amparo en la Constitución abrió la puerta para que todo mundo, sin regulación plantee amparos a diestra y siniestra incluso los mismos poderes públicos.  De esta manera, el amparo se ha vuelto arma favorita para detener cualquier proceso, cualquier acción o dilatar los procesos o procedimientos, es el arma favorita para detener los procesos de postulación, para hacerlos inoperables e incluso para evitar que se lleguen a elegir cortes como hace poco tiempo.

Después de 39 años de inicio de la “era democrática” en Guatemala, y 39 años de vigencia de la actual constitución en realidad las cosas en Guatemala han cambiado pero para mal, la situación guatemalteca se ha deteriorado, ha existido un retroceso en el fortalecimiento institucional, los funcionarios públicos son muy descarados mas ahora que hace 39 años, los son sumamente corruptos, los diputados son mas sinvergüenzas, las escuelas públicas de hace 39 años eran mucho mejores que las de ahora y con menos recursos y el sistema de salud de hace 39 años era mucho mejor que el que tenemos ahora. El IGSS de hace 39 años era mucho más eficiente que el que se tiene ahora.  Todo ha cambiado, pero para peor. En un país como Guatemala en dónde existen muchos recursos naturales y que debería ya haber avanzado, ha retrocedido enormemente en la brecha social y la marginación están a la orden del día. Cada vez que llegan nuevas autoridades se esperaba que mejoraran la situación, sin embargo ahora las nuevas autoridades se viven quejando de que el anterior gobierno era corrupto y nunca responden a la pregunta ¿Qué van a hacer ustedes para mejorar el país?  Porque quejarse de una situación no es la forma de arreglarla.

En los años 80 existía temor de salir a la calle, temor de caer en manos de la policía judicial, temor de caer en manos del cuerpo de detectives o del comando 6.  Hoy en día hay temor de caer en manos de la PNC porque se puede perder la vida, sino que lo cuenten los pobladores de San Andrés Itzapa en donde un ciudadano guatemalteco y un ciudadano canadiense murieron en manos de la PNC y cuyo crimen ya se olvidó en Guatemala, porque hay otro crimen que llama la atención, el de Farruco Pop y seguramente en los siguientes días se olvidará eso porque habrá otro crimen igual o peor.  Pues bien, hay temor de caer en manos de la PNC y también hay temor de caer en manos de tanta delincuencia, de las maras y hasta de uno que otro pervertido.  ¿Qué ha cambiado?  En 39 años de vigencia de la constitución cuyo artículo 1 establece la obligación del Estado de proteger la vida, no ha existido cambio alguno, el Estado es incapaz de proteger a los guatemaltecos, con más recursos si, pero igual de deficiente.

En los años 80, había escasez en acceso a la salud, habían menos recursos y también existía menos hospitales; hoy en día a 39 años de vigencia del texto constitucional cuyo articulo 1 establece la obligación del Estado de garantizar la vida de los guatemaltecos estamos en la misma o peor situación.  Hay hospitales pero no hay medicinas, hay grandes hospitales que son un ejemplo del robo y saqueo de muchos funcionarios públicos ladrones como el hospital regional de Chimaltenango de donde hubo un robo de 35 millones de quetzales que limpiamente (por decirlo con ironía) el señor Gerardo Hernández ex viceministro de hospitales es el principal responsable que incluso estuvo unos pocos días en prisión… ¿Alguien sabe que pasó con este personaje?  Pues nada se sabe, seguramente esta disfrutando de los millones que se clavó del dinero público.  Pero al igual, casos de corrupción en salud son perversos, esta el caso de las vacunas, el caso que he mencionado del hospital de Chimaltenango y tantos otros casos en donde los hospitales son en verdad monumentos al saqueo y corrupción, pero en realidad nada importa.  Mañana seguramente habrá otro caso de corrupción escandaloso y todos los demás llegaran a olvidarse.

A 39 años de vigencia de la Constitución, la educación del pueblo de Guatemala está por los suelos a todos los niveles, desde la primaria hasta la USAC, con el agravante que los “constituyentes” se les dio la genial idea (digo genial idea con ironía) que solo debe existir en Guatemala una sola universidad estatal la USAC que es un nido de ratas corruptas que solo llegan a saquear el dinero del estado.  Pienso que ante ese “monopolio de la educación universitaria”, en Guatemala deberá establecerse alianzas publico privadas para crear universidades en donde se pueda promover educación universitaria más accesible en Guatemala.  Pero, sobre todo esto, la educación en lugar de avanzar con la nueva constitución ha retrocedido enormemente.

¿Qué ha cambiado a 39 años de la Constitución? En realidad, es lamentable pensar, que Guatemala no ha cambiado para bien, ha retrocedido y el modelo de Estado plasmado en la Constitución de 1985 esta totalmente agotado.

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Emilio Estrada

El Doctor Emilio Estrada, es abogado egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, obtuvo su PhD en Sociología en la Universidad de Salamanca, España, es abogado litigante.

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