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Setenta y Ocho Años de Vida de un Espíritu Libre

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Hoy lunes 3 de junio del año 2024 cumplo 78 años de vida. Saludo ese aniversario como si fuese una hazaña posibilitada por un benévolo ser providencial. Lo saludo con júbilo por los años que todavía viviré, y por los años que he vivido.  No imaginé, en mi maravillosa, fantástica niñez, que viviría durante tantos años.  Realmente, no pensaba ni en años de vida ni en momento de muerte.

En este aniversario me proclamo espíritu libre. Ya lo era; pero lo reconozco en un personal acto ceremonial, celebrado en un imaginado banquete platónico, al cual he invitado a quienes creen que ser libre es un ingénito derecho, o es un derecho propio de la más pura esencia humana.  Algunos de los invitados son John Locke, Immanuel Kant, Wilhelm von Humboldt, Thomas Jefferson, James Madison, Patrick Henry, John Stuart Mill, Frédéric Bastiat, Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek, Margaret Thatcher y Manuel Ayau Cordón.

Exhortado por varios invitados, pronuncio un discurso, que la improvisación convierte en una intrépida aventura oratoria. He aquí el discurso:

«Ningún ser humano me ha dotado del derecho a la libertad. Ese derecho me pertenece solamente por mi naturaleza misma de ser humano. Por consiguiente, aquellos en quienes el Estado delega el ejercicio de su soberano poder no me han otorgado ese derecho. Solo han podido reconocerlo. Y es su primordial obligación ese reconocimiento.”

«Precisamente mi derecho a la libertad es, ontológicamente, anterior a cualquier autoridad legislativa, judicial o ejecutiva del Estado. Es anterior al Estado mismo. Aquellos legisladores o gobernantes que intenten despojarme de ese derecho se exponen a que, con la resucitada energía de mi impetuosa juventud, y con un irresistible ejército de enérgicos espíritus libres, y con el arma sagrada de la justicia y la fuerza poderosa de la razón, intente derribarlos.”

«El límite de la libertad de cada uno no debe ser impuesto arbitrariamente por ninguna autoridad del Estado. No debe ser impuesto por ningún legislador, o juez, o gobernante. Ese límite debe ser únicamente el necesario para que todos sean igualmente libres, y posean la máxima libertad. Una mayor limitación es criminal opresión, o es abusivo poder público, que reclama la aniquilación mediante una sacra rebelión. Y la ley que imponga esa mayor limitación es ilegítima ley que, a priori, el derecho deroga.”

«Mi ideal de sociedad es la sociedad de seres humanos libres, tan libres como lo posibilite la igual y la máxima libertad de todos. Precisamente la mejor sociedad es la sociedad de los seres humanos más libres, y la peor sociedad es la sociedad de los seres humanos menos libres. Y el mejor gobierno es el que garantiza el pleno ejercicio de la libertad; y el peor es aquel que no lo garantiza.”

«No respeto a ninguna una autoridad intelectual o moral que yo mismo no reconozca. Empero, aunque la reconozca, no la venero ni la deifico, ni la declaro infalible. Y puedo acudir a ella, no porque sea poseedora de una exclusiva sabiduría, sino porque la prudencia lo recomienda. Y me someto a la autoridad legislativa, judicial y ejecutiva del Estado, no porque necesariamente el legislador decreta leyes sabias, y el juez dicta justos veredictos, y el gobernante ejecuta eficaces acciones para obligar a cumplir la ley. Me someto a esa autoridad porque es permitido impugnar esas leyes, y esos veredictos judiciales, y esas acciones. Si no fuera permitido, no me sometería a esa autoridad.”

«No puedo pretender que los seres humanos sean económicamente iguales, porque la libertad necesariamente es origen de desigualdad económica. Empero, compruebo que esa desigualdad es socialmente beneficiosa. Efectivamente, ella posibilita que los más aptos para crear riqueza mejoren el estado de vida de aquellos que son menos aptos o no son aptos para crearla; y así tiende a mejorar el estado de vida de la humanidad.”

«Desprecio a las muchedumbres humanoides, abundantes en resentimiento, envidia y vileza, que reclaman el reparto de la riqueza ajena lícitamente creada, no precisamente para invertirla, sino para consumirla y renovar su miseria.”

«Abomino esa democracia que convierte en derecho aquello que conviene a la mayoría; y exalto esa república en la que el derecho del individuo es independiente de aquello que conviene a cualquier mayoría. Y el interés de la mayoría no debe predominar sobre el derecho del individuo, sino que, inversamente, ese derecho debe predominar sobre cualquier mayoría. Quiero decir, por ejemplo, que el derecho del individuo a la vida predomina sobre el interés de la mayoría de asesinarlo para disfrutar de su fortuna.”

«Debemos ser gloriosos ciudadanos. Y es glorioso el ciudadano soberano. Y es soberano aquel que tiene poder supremo sobre él mismo. Y ese poder es aquel que le confieren sus derechos. Debemos, entonces, resistirnos a ser servidores de los políticos que legislan y gobiernan. Debemos, entonces, resistir a ser servidores de los burócratas. Debemos, entonces, derribar los regímenes políticos que corrompen el ejercicio del poder del Estado, e imponen la servidumbre e invocan la legalidad para violar el derecho. Derribarlos es propio de nobles ciudadanos, dignos de la libertad. Tolerarlos es propio de viles ciudadanos, merecedores de la servidumbre.”

«Por ser espíritu libre algunos me llaman ultra derechista. ¡Estultos! No soy modestamente ultra derechista. Soy arrogantemente absoluto derechista.” Lo soy, por estas razones:

Primera. Quiero incondicionalmente una sociedad de ciudadanos que disfruten de igual y máxima libertad.

Segunda. Quiero incondicionalmente una sociedad en la que quienes ejercen el poder público sean solamente administradores del derecho.

Tercera. Quiero incondicionalmente que nunca ejerzan el poder público aquellos cuyo principio de gobierno es aquel que el político alemán nacional socialista Paul Joseph Goebbels, enunció de este modo: el derecho es lo que nos place.

Cuarta. Creo incondicionalmente que es legítimo el poder coercitivo del Estado ejercido únicamente, exclusivamente, para el propósito de impedir la violación del derecho a la libertad, y de los derechos inherentes a ella, como el derecho a la vida y la propiedad privada; y creo incondicionalmente que tal poder ejercido para otro propósito es ilegítimo.

Quinta. Me opongo incondicionalmente al nacional socialismo, al fascismo, al socialismo y al comunismo, no por mera oposición, sino por la intrínseca naturaleza de mi posición, que los excluye absolutamente. ¡Absolutamente!

«Hoy 3 de junio del año 2024, día de mi setenta y ocho aniversario, expreso mi esperanza de demoler, algún día, los muros que los legisladores han decretado y los gobernantes han construido para destruir la libertad, expandir su poder e instituir el despotismo nacional socialista, la tiranía fascista, la servidumbre socialista o la dictadura comunista.»

Post scriptum. El imaginado banquete prosigue con deliberaciones y discusiones sobre algunas de las tesis que he expuesto en el discurso, y sobre el intento de una novedosa tiranía: la tiranía de las minorías que pretenden imponer un modo de pensar y un modo de vida. Finalmente, brindamos por la libertad, con vino donado por la justicia, vertido por la razón en copas de la paz.

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