
Del riesgo a la seguridad del futuro mundial
Sueños…
Guatemala tiene una de las mejores selecciones de la región del norte de América, junto a México, Yanquilandia y Honduras. Un gran resultado después de 57 años de fracasos. Un triunfo deportivo es una ilusión que no despejará el horizonte del conjunto de riesgos que se enfrentan en Guatemala y Centroamérica.
¿Qué es un riesgo? La RAE lo define como la contingencia o proximidad de un daño. Que en el momento actual son un conjunto de fenómenos que amenazan la convivencia humana por la radicalización de los fanatismos ideológicos o estratégicos de las grandes potencias y el acomodamiento de los pequeños y medianos países del mundo. La confrontación en Europa, medio oriente, el retorno de la crisis económica, la prepotencia de ciertos lideres internacionales son el gran peligro, la peor amenaza para la convivencia y cooperación humana en medio de la creciente destrucción del medio ambiente y matanza del resto de especies animales y vegetales.
Estamos ante la incertidumbre de que los países agraven sus problemas por los cambios inesperados en los mercados, las condiciones de cumplir los créditos, las posibles variaciones en los tipos de cambio, las tasas de interés y los precios de los bienes comercializables en el mundo.
Los países acarrean problemas históricos estructurales, que se agravan por los cambios repentinos en los mercados internacionales. Los países están al borde de la extinción y que las potencias se repartan el mundo, nuevamente, como colonias y semicolonias.

Un ejemplo interesante es que los países de la región CAPD, mantienen tendencias similares, aunque con diferentes tamaños en el control de la inflación, el ancla de la estabilidad económica de los países.
En el mes de junio, en Sevilla, con su real alcázar de fondo, y el recuerdo de su liderazgo comercial con América de hace siglos, albergó una importante reunión del FMI, en la IV conferencia de financiación para el desarrollo.
Allí uno de los directores del FMI, Nigel Clarke, pronunció importantes palabras que es digno comentar.
El señor Clarke puso énfasis en temas que nos afectan a todos. Nos recordó que vivimos un momento desafiante, ya que la estrategia de confrontación ideológica, militar y amenazas comerciales, dejan poco espacio a la resiliencia de la mayoría de países. Aunque es un tema redundante, mencionó que la incertidumbre ha ido en aumento, a medida que las políticas comerciales agresivas de la principal potencia del mundo, orientan a revisar los objetivos nacionales de todos los países.
Como siempre los más perjudicados por la coyuntura son los países del tercer mundo. Para quienes los riesgos vienen aumentando. Bajas expectativas de crecimiento económico, endurecimiento de las condiciones de financiamiento y recortes en la asistencia obligan a tener posiciones más sumisas ante las exigencias de las potencias que se disputan el control mundial.

En medio de los problemas la región centroamericana muestra un desempeño bastante positivo, para organizarse mejor y enfrentar las crisis que están por venir.
El dirigente del FMI deja claro que la oportunidad de sobrevivir como Estados independientes depende cada sociedad por sí misma. Nadie puede esperar soluciones que provengan del exterior. Ya se sabe, los Estados no tienen amigos, establecen alianzas temporales para alcanzar ciertos objetivos. El éxito dependerá del fundamento de principios sociales, ambientales y de solidaridad de cada sociedad.

Se puede observar que la inflación se muestra como la señal creciente de que se avecinan shocks económicos importantes.
Clarke indica hay que “recalcar tres prioridades críticas, una a nivel nacional y dos a nivel internacional.” Lo primero, aplicar sólidas reformas internas que permitan combatir la ineficiencia y corrupción de mercados e instituciones políticas. Obvio, los países tienen que exigir que los gobiernos tengan ingresos propios y dependan levemente del endeudamiento externo; así como garantizar un gasto eficiente y competitivo que apoye la inversión económica, social y de seguridad. Hay que mejorar la base impositiva y combatir la evasión.
Segundo, el apoyo internacional será menor, y deberá someterse a ser eficiente y socialmente positivo para el desarrollo de todos los habitantes, tratando de combatir la corrupción y el padrinazgo político entre agentes nacionales e internacionales.
Tercero, recuperar la viabilidad de los Estados por medio de combatir la entrega de autonomía nacional basada en la deuda externa e interna. Se vienen altos costos en el pago de intereses, que en algunos casos casi utilizan la mitad del gasto público desplazando la salud y educación de calidad, así como infraestructuras mal diseñadas y mal construidas.
El FMI se adscribe la tarea de organizar las mejores políticas para los Estados. Por medio del análisis y orientación sobre las políticas monetarias, fiscales, cambiarias y del sector financiero. Es decir, por medio del gobierno mundial del sector financiero. Esta es una línea que lleva al desastre al planeta. Si los países no tienen autonomía, honradez y patriotismo para orientar sus política poco se podrá hacer para evitar el desastre, que ya se anunció con la crisis 2007-08.
En fin, el FMI se asigna una función que sí es esencial para mantener funcionando el sistema aunque sea en desorden: lograr la estabilidad económica y financiera.
En la continuación de los consejos del FMI no podemos obviarlos por motivos de sesgo ideológico. Nos dice Clarke, “el desarrollo no se financia con esperanza”. Se podrá financiar con la “movilización deliberada, disciplinada y equitativa de recursos”. Pues no. Los recursos externos se trasladan de unos países o regiones a otros territorios con sus objetivos claros: elevar la rentabilidad de los generosos recursos movilizados y garantizar el control del poder en manos de los grandes poderes financieros internacionales. No queda otra, son necesarios recursos externos para compartir el financiamiento nacional, pero se necesitan en mayor medida liderazgos verdaderamente convencidos de que nuestra nación podrá salir adelante con su propio esfuerzo, con objetivos de bienestar compartidos por todas las fuerzas sociales y no solamente por los privilegiados; así como protegiendo el ambiente natural.
Pero países que no diseñan bien sus ingresos propios, que el gasto productivo es desplazado por el aumento del servicio de la deuda, la corrupción y la ineficiencia no tienen futuro.
Y aquí viene un consejo que no se puede subestimar, el mínimo nivel adecuado de tributación real oscila entre el 11 y el 15% del PIB. Aquí es donde radica una de las barreras para solucionar el problema, los grupos empresariales, aliados con grupos de poder social no necesariamente empresariales, no permiten el aumento de ingresos a ese nivel, e incluso formalmente lo aceptan pero no trasladan los recursos al gobierno.

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