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GUATEMALA: Elecciones en medio de la captura del Estado 

Una Guatemala Diferente Es Posible

Guatemala vive una coyuntura política crítica que está poniendo a prueba, quizá como nunca, su sistema democrático. Las gigantescas redes de corrupción que pululan a todo nivel en el Estado, sumados a los grandes problemas de criminalidad y violencia que azotan al país, han generado una polarización política que dificulta cualquier acuerdo para sacar adelante al país y hacerlo viable, a esto se añade la imposibilidad del gobierno actual de conducir la nación a buen puerto, el que se encuentra atrapado en una tormenta en donde los intereses particulares pesan más que el bien común.

La ciudadanía observa con escepticismo como se acercan elecciones claves en el sector justicia, decisivas para el futuro inmediato, pero cuya realidad apunta a reproducir lo mismo de siempre, los mismos grupos, las mismas prácticas, los mismos pactos de impunidad; Guatemala se encuentra en un momento en que el crimen organizado y las mafias político-económicas parecen tener la capacidad de mover los hilos en la sombra, asegurándose que nada cambie realmente. 

Desde 1986, cuando inició la etapa democrática, los guatemaltecos hemos tenido la esperanza de que los gobiernos surgidos de las urnas consolidaran un Estado moderno al servicio de la ciudadanía; Sin embargo, lo que se consolidó fue algo distinto: un sistema de corrupción estructural que convirtió al Estado en un botín. Como lo han señalado investigadores, estas redes funcionan como mafias incrustadas en instituciones clave: ministerios, Congreso, Cortes y hasta en  las fuerzas de seguridad. Su lógica no es la del servicio público, sino la de la captura y el saqueo. En este contexto, las elecciones ya no son una fiesta democrática, sino un terreno de disputa entre grupos de poder corruptos que buscan perpetuarse. La pregunta que surge es inevitable: ¿Qué le queda a la ciudadanía honrada, trabajadora, que aspira simplemente a vivir con dignidad y seguridad?

El crimen organizado ya no actúa únicamente en la clandestinidad. Hoy es un actor político de peso. Financia campañas, coloca candidatos en alcaldías y diputaciones, coopta partidos y asegura impunidad para sus operaciones. Lo que antes era un fenómeno delictivo ahora es también un fenómeno político. Las elecciones que se avecinan corren el riesgo de estar definidas por estos intereses: candidaturas que no representan a la población, sino a redes ilícitas que buscan “lavar” su poder a través de cargos públicos. Esto significa que el ciudadano de a pie no vota solo por un candidato, sino muchas veces, sin saberlo por los intereses de estructuras criminales que jamás rendirán cuentas.  

Los analistas coinciden en que Guatemala se mueve entre dos fuerzas:

  • Los grupos de poder corruptos y criminales. Que pretenden mantener el control del Estado.
  • Una ciudadanía harta y cansada. Que exige un cambio real, aunque sin plataformas políticas solidas que encaucen ese anhelo.

El resultado más probable, sino ocurre un despertar cívico profundo, es que los comicios produzcan más de lo mismo: gobernantes comprometidos con intereses oscuros, cortes de justicia al servicio de pactos de impunidad y un Ejecutivo débil e incapaz de frenar la degradación institucional. La consecuencia será mayor ingobernabilidad, más conflictos sociales y el riesgo que la democracia se reduzca a una fachada formal sin contenido y al final la gente seguirá siendo la gran perdedora de un sistema diseñado para proteger a los corruptos.

Ante esta realidad, las próximas elecciones no son un trámite más: son una decisión de país, Guatemala debe elegir si sigue atrapada en la corrupción y el crimen, o si elige un gobierno serio, responsable, democrático, que construya un futuro distinto, con instituciones que sirvan al pueblo. Romper este ciclo no será fácil ni rápido, pero sí es posible si la ciudadanía se hace escuchar: no basta con marcar una papeleta, hay que vigilar, denunciar y exigir. El reto está en manos del pueblo honrado, de esos millones que trabajan duro cada día para sostener a sus familias. Ellos, los de a pie, son la verdadera fuerza de la nación. Hoy es el momento de decir basta y de decidir si queremos un país digno y justo, o si dejamos que otros sigan robándonos la esperanza en un futuro mejor.

AL RESCATE DE GUATEMALA.

GUATEMALA NECESITA DE SUS MEJORES HOMBRES Y MUJERES.

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