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Armando De La Torre

¿Quién controla a los “contralores” de la Constitución?

Esa desbocada injerencia violatoria del principio angular de la separación republicana de poderes también ha contribuido a elevar una innecesaria conflictividad social en el país. Solo cabe esperar que algún día algunos otros magistrados o jueces les hagan acatar plenamente el ordenamiento constitucional vigente para cuya salvaguardia se les ha dotado a ellos encima de múltiples privilegios y regalías. Es más, en lo muy personal, los calificaría incluso muy merecedores de largas penas de prisión en cuanto genuinos prevaricadores de sus atributos.

Guatemala otra vez agónica

No sé si se les debería llevar a juicio penal o encerrar en un manicomio, pero han brillado con una constelación estelar en el cielo de nuestra noche por su impericia, su ignorancia de los principios generales del derecho, por la ausencia de todo tacto social, y por la mancha imborrable que han dejado en la única institución de prestigio que nos quedaba en el sector justicia gracias, esto último, sobre todo a la herencia del paso por ese Tribunal de don Arturo Herbruger.

Y ahora ¿Qué?

Me queda una acotación última: dado que Guatemala carece de los recursos suficientes para repetir estas elecciones (de unos ochenta a cien millones de quetzales), sí dispone, al menos, de ciertos medios a través del Congreso y de los partidos políticos legalmente vigentes para eliminar de una vez por todas esa dictadura por el momento vigente de los jueces metidos a legislar y a ejecutar, como lo han hecho reiteradas veces la Magistrada Gloria Porras y Asociados.

Los malos son los menos

De esa manera nos suena hoy la auténtica “dictadura de los jueces”, a los que habría de añadírseles sus demás cómplices en otras Cortes: la Suprema de Justicia, el Tribunal Supremo Electoral y hasta el Registrador de Ciudadanos. El fino tapete político que nos tejió para todos la ineptitud inmoral que nos heredó Todd Robinson y su cuadrilla de la CICIG, así como otros movimientos sospechosos del verdadero capo de esa mafia jurídica: Barack Obama, con la servil anuencia de algunos de nuestros diputados y funcionarios, los de la UNE al frente.

Ya votaron ellos; entonces, ¿Para qué los demás?

De vuelta al estatus actual del sector justicia entre nosotros, habría de reconocerse que está a punto de exhalar su último suspiro de moribundo. Y, por lo tanto, que nos hallamos todos ante la realidad jurídica muy precaria y desalentadora de que cualquiera en este país puede ser la víctima de cualesquiera togados sin escrúpulos.

Pensando en voz alta (III)

La primera pregunta que me salta a la mente por tanto desaguisado electoral es la obvia que haría cualquier observador: ¿en qué Universidad o institución académica supuestamente se formaron todas esas autoridades electorales? ¿Y encomendados a la dirección erudita de cuáles catedráticos? ¿Y de acuerdo a cuáles doctrinas jurisprudenciales fueron profesionalmente educados? ¿Según el derecho consuetudinario? ¿O según el derecho natural? ¿O según la raquítica herencia del positivismo jurídico de otros tiempos, alimentada por las miopes inteligencias y de las corruptas prácticas de algunos legisladores de un pasado concreto?

Pensando en voz alta (II)

Nuestro futuro próximo, en cuanto a colectividad nacional, es muy promisorio. Y lo afirmo ahora, muy consciente del amordazado evento electoral de este momento: un proceso por demás asfixiado por las mismas autoridades judiciales que deberían servirle de sus incondicionales garantes.