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Enrique Sánchez Costa

Momentos estelares de la humanidad

La Viena de la Belle Époque fue una de las cimas de la historia de la cultura. Sus cafés, sus salones, sus teatros, su ópera, estaban electrizados de vida artística e intelectual. Allí deslumbraban la música de Gustav Mahler y Arnold Schönberg, la pintura de Gustav Klimt y Egon Schiele o el psicoanálisis de Sigmund Freud. Allí, en el regazo de la cultura burguesa de Viena, creció Stefan Zweig.

La niña que combatió el odio con su Diario

Entre la literatura del Holocausto sobresalen obras tan punzantes y bellas como las de Primo Levi, Elie Wiesel, Imre Kertész, Jorge Semprún o Paul Celan. Ninguna de ellas, sin embargo, ha alcanzado tantos lectores como el Diario de Ana Frank. Ana, una adolescente alemana de origen judío, lo escribió entre 1942 y 1944, mientras se escondía en una casa de Ámsterdam, junto a su familia, de las garras de la Gestapo. Su destino sería trágico: serán delatados en 1944 y conducidos a campos de concentración y exterminio nazis. Todos morirán allí, salvo el padre de Ana, Otto, que sobrevivirá a Auschwitz y dedicará el resto su vida a la difusión del diario de su hija.

La cólera y las lágrimas de Aquiles

Ningún poema épico ha marcado la cultura occidental tanto como la Ilíada. Fue el libro de cabecera de Alejandro Magno. Fue la Biblia de la Antigüedad. Todavía hoy se debate sobre su autoría: sobre la “cuestión homérica”. Muchas evidencias apuntan a que Homero fue un único poeta griego, que creó su epopeya hacia el 730 a.C. y que se inspiró, para ello, en un probable asedio de Troya (que habría ocurrido hacia el 1200 a. C.), así como en las leyendas y tradiciones orales que este generó.

Don Juan: seductor universal

Don Juan es mucho más que un lujurioso o un hábil seductor. Su esencia es el deseo sin cortapisas: la imposición de su voluntad sobre todos y sobre todo. Nietzsche había escrito en su Zaratustra: “Dos cosas quiere el varón auténtico: peligro y juego. Por ello quiere él a la mujer, que es el más peligroso de los juguetes”. Don Juan, machista como el pensador alemán, y como él egotista, entiende la vida como peligro y juego, y reduce las personas a juguetes de su voluntad. Por eso también, como el héroe nietzscheano, don Juan es incapaz de amar.

Llanto por el hijo muerto

¿Cómo expresar con palabras el dolor por la muerte de un hijo? ¿Cómo hacerlo cuando, además, es este el único hijo, arrancado del mundo, por la leucemia, a los cinco años de edad? Esa elegía imposible es la que compone el prosista español Francisco Umbral en su obra maestra: la novela lírica Mortal y rosa (1975).