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Posts published by “Enrique Sánchez Costa”

Doctor en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra (UPF, Barcelona), con Premio Extraordinario de Doctorado (2012). Profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Piura (UDEP, Lima). Autor de un libro (traducido al inglés) y de una docena de artículos académicos de literatura comparada y crítica literaria. Creador y coordinador del primer programa doctoral autónomo de la República Dominicana; el Doctorado en Estudios del Español: Lingüística y Literatura (PUCMM, Santo Domingo). Director de 6 tesis doctorales. Estancias trimestrales de investigación en bibliotecas nacionales de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y España.

Anatomía del duelo

C. S. Lewis, el creador de Las Crónicas de Narnia, el converso y teólogo cristiano, se enamorará siendo un cincuentón.

Oda al amor nupcial

“¡Que me bese con los besos de su boca! Más deliciosos que el vino son tus amores”. Así inicia –electrizado de pasión– el poema amoroso más leído, comentado e influyente de la literatura universal. Y, ¡oh paradoja!, este “Cantar de los Cantares” es uno de los libros de la Biblia hebrea (Tanaj) y de la Biblia cristiana.

La guerra y la peste de Atenas

Tras vencer a los persas por segunda vez (479 a. C.), Atenas se convierte en la ciudad más floreciente del Mediterráneo. Su comercio de aceite y de cerámica crecen sin parar. Pericles lidera la expansión imperial y artística de Atenas. Llegan tributos de doscientas ciudades griegas. Se construye, deslumbrante, el Partenón. En el 431 a. C. proclama Pericles: “Seremos admirados por nuestros contemporáneos y por las generaciones futuras […] Nos bastará con haber obligado a todo el mar y a toda la tierra a ser accesibles a nuestra audacia, y con haber dejado por todas partes monumentos eternos”.

La aventura del conocimiento

Pocos mitos literarios alcanzan la fascinación del Rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda. Entre sus primeros creadores destaca el francés Chrétien de Troyes, autor de cinco novelas artúricas en verso hacia finales del siglo XII. Es el creador de Lanzarote, que recorre el mundo para rescatar a la reina Ginebra, de la que se enamora. Y es el creador, también, de un personaje enigmático −Perceval−, cuya historia traza en El cuento del Grial (ca. 1180).

La revolución trovadoresca del amor

El mundo antiguo y medieval era violento, patriarcal y opresivamente jerárquico. El fuerte regía sobre el débil, el amo sobre el siervo, el instruido sobre el analfabeto, el rico sobre el pobre, el hombre sobre la mujer. La finalidad de la mujer era ser una buena esposa. Y, entre las clases altas, ni siquiera esa decisión trascendental la tomaba ella. Los padres casaban a los hijos para prolongar la estirpe y establecer alianzas mercantiles o diplomáticas. El amor entre esposos surgía, si acaso, después de la unión matrimonial.

Un monstruo incomprensible

Blaise Pascal es, como Mozart, un niño prodigio. A los 12 años ya debate con los científicos de París. A los 16 escribe un Tratado de las cónicas. A los 18 inventa la primera máquina calculadora. Y, en apenas una década, inventa la jeringa y la prensa hidráulica, confirma la existencia del vacío, crea teoremas de geometría proyectiva y funda, junto a Fermat, la teoría de la probabilidad.

Los viajes satíricos de Swift

Se puede transformar la sociedad de muchas maneras. A golpe de leyes, de discursos, de cañonazos. Jonathan Swift decidió hacerlo con la sátira, es decir, con el uso literario de la ironía, la hipérbole y el humor, para ridiculizar y fustigar los vicios sociales y políticos. El género satírico contaba ya con maestros insignes: Juvenal, Erasmo, Rabelais, Quevedo. Pero fue el sacerdote anglo-irlandés Swift, “el mayor prosista en lengua inglesa” (T. S. Eliot), quien llevó el género a su cumbre máxima. Con permiso de Voltaire (amigo y admirador suyo), el otro genio satírico del siglo XVIII.

El agujero negro del siglo XX

Primo Levi fue arrastrado al agujero. Y, contra todo pronóstico, sobrevivió “para contarlo, para dar testimonio”. Su narración es necesaria, porque Auschwitz “ha sucedido, y por consiguiente, puede volver a suceder”. De hecho, había sucedido ya el genocidio armenio, y sucedería después en Camboya y en Ruanda. Levi narró su paso por el infierno en su libro más célebre: Si esto es un hombre (1947). Está escrito no con el tono inflamado del justiciero o de la víctima, sino con la prosa tersa, desnuda, impasible, desgarrada, propia del testigo veraz.

Frodo: el heroísmo de la humildad

Frodo confiesa: “No estoy hecho para misiones peligrosas. ¡Ojalá nunca hubiera visto el anillo! ¿Por qué vino a mí? ¿Por qué fui elegido?”. Y, cuando logre su misión, reconoce que “no hubiera llegado lejos sin Sam”, su jardinero y amigo fiel. El nuevo heroísmo que dibuja Tolkien no se basa en lo extraordinario, en el poder solitario y dominador, sino en la amistad y el servicio a los demás. Como afirma en la obra el hada Galadriel, “incluso la persona más pequeña puede cambiar el curso del futuro”.

Ulises, el astuto, el sufridor, regresa a casa

La Ilíada es guerra: fragor de espadas, bronce, sangre, polvo. Es el poema épico de la sociedad militar aristocrática: canta la excelencia de héroes masculinos que cumplen el código de honor arcaico, basado en el orgullo, el coraje y la fuerza. La Odisea es aventura: fluidez de aguas, viajes, ninfas, sirenas. Es el poema épico de una sociedad más comercial, más móvil, más moderna: canta la excelencia de hombres y mujeres, aristócratas y plebeyos, a través de la astucia, la resiliencia y la elocuencia.

Momentos estelares de la humanidad

La Viena de la Belle Époque fue una de las cimas de la historia de la cultura. Sus cafés, sus salones, sus teatros, su ópera, estaban electrizados de vida artística e intelectual. Allí deslumbraban la música de Gustav Mahler y Arnold Schönberg, la pintura de Gustav Klimt y Egon Schiele o el psicoanálisis de Sigmund Freud. Allí, en el regazo de la cultura burguesa de Viena, creció Stefan Zweig.

La niña que combatió el odio con su Diario

Entre la literatura del Holocausto sobresalen obras tan punzantes y bellas como las de Primo Levi, Elie Wiesel, Imre Kertész, Jorge Semprún o Paul Celan. Ninguna de ellas, sin embargo, ha alcanzado tantos lectores como el Diario de Ana Frank. Ana, una adolescente alemana de origen judío, lo escribió entre 1942 y 1944, mientras se escondía en una casa de Ámsterdam, junto a su familia, de las garras de la Gestapo. Su destino sería trágico: serán delatados en 1944 y conducidos a campos de concentración y exterminio nazis. Todos morirán allí, salvo el padre de Ana, Otto, que sobrevivirá a Auschwitz y dedicará el resto su vida a la difusión del diario de su hija.

La cólera y las lágrimas de Aquiles

Ningún poema épico ha marcado la cultura occidental tanto como la Ilíada. Fue el libro de cabecera de Alejandro Magno. Fue la Biblia de la Antigüedad. Todavía hoy se debate sobre su autoría: sobre la “cuestión homérica”. Muchas evidencias apuntan a que Homero fue un único poeta griego, que creó su epopeya hacia el 730 a.C. y que se inspiró, para ello, en un probable asedio de Troya (que habría ocurrido hacia el 1200 a. C.), así como en las leyendas y tradiciones orales que este generó.