
Dos años perdidos, cuando el tiempo se va y el país se queda II
Una Guatemala Diferente Es Posible
“El tiempo perdido hasta los santos lo lloran”. En este contexto, las llamadas elecciones de segundo grado y la mirada cada vez mas anticipada hacia las elecciones generales de 2027, revelan una verdad incómoda que muchos prefieren evitar, una parte significativa de la clase política guatemalteca parece más concentrada en blindarse que en gobernar, las disputas por cuotas de poder, el control de instituciones estratégicas y la construcción de escenarios de impunidad futura dominan la agenda pública y privada, mientras los problemas reales del país siguen sin resolverse; no se gobierna con una visión de transformación ni de largo plazo, se maniobra con cálculo político, pensando en la supervivencia personal y partidaria.
Las elecciones de segundo grado, que deberían fortalecer la institucionalidad democrática, se han convertido en un terreno clave para asegurar influencias que permitan condicionar decisiones judiciales, fiscales y administrativas, el interés no está puesto en mejorar el funcionamiento del Estado, sino en garantizar protección frente a posibles responsabilidades futuras y mantener espacios de poder desde donde negociar, presionar o bloquear; este comportamiento erosiona la confianza ciudadana y debilita aun mas instituciones ya frágiles, enviando un mensaje peligroso, el poder se utiliza como escudo, no como instrumento de servicio público.
La anticipación obsesiva de la contienda electoral de 2027, ha profundizado esta lógica, en lugar de gobernar con responsabilidad, durante el tiempo que aun queda, muchos actores políticos ya actúan como si el país estuviera en campaña permanente, cada decisión, cada confrontación y cada discurso parece diseñado no para resolver problemas, sino para posicionarse, acumular aliados o deslegitimar adversarios, Guatemala queda atrapada en una dinámica donde el presente se sacrifica en nombre de un futuro electoral incierto, mientras las urgencias sociales siguen acumulándose.
En paralelo, las grandes narrativas que dominan el debate público, “buenos contra malos”, “derecha contra izquierda”, “pacto de corruptos versos salvadores”, han demostrado ser más útiles para polarizar que gobernar, la polarización paraliza decisiones, bloquea acuerdos mínimos y convierte cualquier intento de reforma en un campo de batalla, la gestión pública se vuelve lenta errática y reactiva, incapaz de responder a las demandas de seguridad, empleo, infraestructura y servicios básicos, la discusión política se llena de consignas, pero se vacía de resultados.
Este estancamiento se refleja con claridad en el manejo de las finanzas públicas, Guatemala cuenta hoy con un Presupuesto General de la Nación, cada vez mas grande, sostenido en buena medida por deuda y préstamos, pero sin un impacto proporcional en la calidad de vida de la población, el crecimiento del gasto no se traduce en mejores carreteras, hospitales, escuelas, ni mayor seguridad, la deuda aumenta, pero los beneficios no llegan a la mayoría, esta desconexión entre recursos y resultados alimenta la frustración social y la sensación de que el Estado funciona para unos pocos, no para la población en general.
La consecuencia mas grave de este escenario es el desgaste de la esperanza, cuando la política se percibe como un juego de blindajes, narrativas vacías y luchas internas, la gente deja de creer, y cuando la gente deja de creer, se debilita el tejido social, se normaliza la resignación y se abre espacio para soluciones autoritarias o para la indiferencia total frente a los asuntos públicos.
Guatemala no necesita mas relatos épicos, ni salvadores de turno, ni enemigos imaginarios a quienes culpar de todos los males, necesita decisiones firmes, instituciones que funcionen y liderazgos dispuestos a asumir costos políticos en favor del bien común, necesita una clase política que entienda que gobernar no es blindarse, sino servir; no es dividir, sino construir, no es sobrevivir políticamente, sino responder a la responsabilidad histórica que implica conducir un país.
Porque cuando el tiempo se pierde, no solo los santos lo lloran, lo paga todo un país, y lo pagan, sobre todo, los que menos tienen, los que no participan en negociaciones de poder, los que no se benefician de blindajes políticos, y los que siguen esperando que el Estado, algún día cumpla su función más básica, estar al servicio de su gente.
AL RESCATE DE GUATEMALA.
GUATEMALA NECESITA DE SUS MEJORES HOMBRES Y MUJERES.

Le invitamos a leer más del autor:
Descubre más desde El Siglo
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.



