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El asesinato del Coronel Arana, el gobierno de Árbenz y sus secuelas (Segunda Parte)

LA OTRA CARA

El lugar escogido para realizar la emboscada fue el puente La Gloria, una angosta estructura que permite aún el paso sobre el Río Michatoya, uno de los ríos que desaguan el lago de Amatitlán. El área era perfecta pues permitía bloquear el paso en ambas direcciones y era paso obligado de y hacia la ciudad capital. Ya estando en el punto seleccionado atravesaron el vehículo de Oficial de María Vilanova esposa del aún  Ministro de la Defensa Nacional, y el vehículo de la Guardia Civil atrás de este; y fingiendo desperfectos mecánicos esperaron la aparición del vehículo en donde se conducían Arana y sus acompañantes. Al ver los vehículos, Arana que como ya indicamos conducía su vehículo, al reconocer el vehículo de la esposa de Árbenz disminuyo la velocidad y siguió hasta el lomo del puente con la intención de hacer a los otros vehículos retroceder y espetó ¡Que pasa!;  simultáneamente vio salir al grupo de gente armada que le ordeno ¡Manos arriba!; y recibió como respuesta un disparo en el pecho y otro en el brazo desatándose un tiroteo.

Al intentar reaccionar Arana y sus acompañantes, murieron el Coronel Arana y su ayudante el Mayor Absalón Peralta, los otros dos acompañantes se tiraron al piso del vehículo y lograron de esa forma sobrevivir. Por parte de los atacantes murió también el subdirector  de la Policía (Guardia Civil) Mayor Enrique Blanco; resultando herido el Capitán y diputado Alfonzo Martínez Estévez. Para terminar de sellar esta bajeza, el cadáver del Coronel Arana fue trasladado inmediatamente a la residencia de Árbenz, obviando por supuesto seguir el procedimiento de ley, llevándose también detenido al chofer de Arana, Chico Palacios, quien iba herido en la espalda. Inmediatamente de realizada la emboscada los ayudantes o miembros del Estado Mayor del Jefe de las Fuerzas Armadas fueron detenidos, así como los militares más allegados a Arana fueron citados telefónicamente por Árbenz argumentando que el Coronel Arana y él los necesitaban; Árbenz fungiendo como Ministro de la Defensa asumía de hecho  la Jefatura del Ejército.

De esta manera fueron detenidos quienes aún ignoraban el asesinato de Arana, desprevenidos y confiados fueron capturados el Coronel Juan Francisco Oliva Comandante del Regimiento  Guardia de Honor; el Capitán Víctor  Manuel Archila Jefe de la compañía de tanques  de la Guardia de Honor; el Capitán Saturnino Barrera, y el Coronel Manuel de Jesús Pérez; y el Jefe del Estado Mayor General del Ejército Coronel José María Ortega fue detenido y exiliado hacia Cuba por la vía aérea. Otros oficiales leales a Arana  fueron encerrados en el sótano del Palacio Nacional y posteriormente a su captura ilegal, fueron ametrallados por el secretario de Árbenz, Miguel Francisco Morazán (ex cadete de toda su confianza) asesinando de esta manera al capitán Víctor Manuel  Archila y dejando heridos a varios oficiales más.

LA REBELIÓN  DEL REGIMIENTO GUARDIA DE HONOR

Al conocerse el asesinato del Coronel Arana y captura de sus compañeros, los oficiales de la Guardia de Honor se dispusieron enfrentar al gobierno de Arévalo y desconocieron el mando de Árbenz sobre esta unidad por considerarlos culpables del cobarde asesinato del Jefe de las Fuerzas Armadas. Al saber que su Comandante Coronel Juan Francisco Oliva y los oficiales leales a Arana  habían sido detenidos bajo engaño dispusieron contactar con algunos políticos aliados al Coronel Arana y al lograrlo uno de ellos Mario Méndez Montenegro (de quien ya expusimos las dudas aun presentes sobre su asesinato años más tarde) procedió a emplazar por la vía telefónica a Árbenz para que liberara a los  oficiales detenidos.

Al ser rechazada la demanda el Regimiento Guardia de Honor inició hostilidades a las 17.30 horas del 18 de Julio, desplegando inmediatamente unidades de tanques acompañadas por Infantería que atacaron el Palacio Nacional, el fuerte de Matamoros y el edificio de la Guardia Civil, tomando el control de este último.  La Guardia de Honor a su vez fue atacada por la Fuerza Aérea con gran intensidad. Contra los rebelados fueron utilizados ante la inamovilidad de las otras Zonas Militares afines a Arana cientos  de civiles armados pertenecientes a los sindicatos, asociaciones de estudiantes comunistas y a los partidos  de izquierda dirigidos por los comunistas Charnauld McDonald, Carlos Manuel Pellecer, Mario Silva Jonama; y los Tenientes Coroneles Carlos Paz Tejada, Carlos Aldana Sandoval, Elfego Monzón y los Mayores José Luis Morales Melgar  y Rogelio Cruz Wer (quien luego fue nombrado Jefe de la Guardia Civil y acusado de la tortura y asesinato de muchos opositores durante el Gobierno de Árbenz y  vivió en el exilio en México inicialmente, y luego en Cuba, en donde se suicido).

Los atacantes se organizaron en la Base Aérea La Aurora y se dividieron en tres grupos para atacar a la Guardia de Honor desde diferentes direcciones. Los alzados en armas habían destacado algunas piezas de artillería a una ubicación denominada en aquel entonces Lo de Contreras (la actual Vista Hermosa de la zona 15), desde donde batían los blancos señalados para apoyar los esfuerzos de los tanques e infantería desplegados en diferentes posiciones.

El Cuartel rebelde estuvo bajo ataque durante la noche y el fuego se intensifico con la llegada de refuerzos a los atacantes el 19 por la mañana.  Al mediodía, al no encontrar apoyo por parte de otras unidades militares los alzados aceptaron la mediación de Monseñor Mariano Rossell y Arellano  Arzobispo de Guatemala, hasta que a las 8 de la noche del 19 de Julio se rindió la Guardia de Honor. Dentro de la comisión enviada a parlamentar con los alzados se encontraba el Coronel Carlos Enrique Díaz, quien durante el Gobierno de Árbenz fue nombrado Jefe de las Fuerzas Armadas en sustitución del Coronel Carlos Paz Tejada. El Coronel Díaz había sido tomado como rehén por los alzados y al rendirse los mismos quedo a cargo del cuartel y luego fue nombrado Comandante, por Paz Tejada, nombrado Jefe de las Fuerzas Armadas por Arévalo.

Al terminar las acciones fueron obligados a retirarse del cuartel los civiles que habían participado en la acción, dentro de los cuales se encontraban Marco Antonio Villamar Contreras, Fermín García y Alaric Bennett, este último dirigente sindical afro guatemalteco miembro de los trabajadores de la United Fruit Company, electo diputado por el Partido de Acción Revolucionaria (PAR), durante el gobierno de Árbenz y murió asesinado en 1957 en Morales, Izabal, por un grupo liberacionista comandado por el dirigente Rosendo Pérez. Como cauda del enfrentamiento para lograr la rendición de la Guardia de Honor las bajas por ambas partes fueron bastante altas, pues se calcula que los muertos fueron más de 150 y los heridos pasaban de 200. Al entregarse los alzados 21 oficiales de la Guardia de Honor fueron detenidos y sometidos a procesos penales, de los que 13 fueron finalmente absueltos por los tribunales Militares. 

La rendición de la  Guardia de Honor fue el colofón del cobarde y artero asesinato del coronel Arana, ordenado y encubierto por Arévalo y Árbenz y constituyó un parte aguas histórico para la sociedad guatemalteca del siglo XX pues se origino de esta manera el enfrentamiento y polarización que aún en nuestros días permanece latente pues las heridas fruto del Enfrentamiento Armado Interno que se estaba gestando a partir de ese momento aún continúan abiertas. La marcada y persistente  obcecación de los políticos guatemaltecos en su resistencia a combatir la corrupción y refundar un Estado más honesto, eficiente,  justo y ecuánime que vele por los verdaderos intereses nacionales estratégicos ha evitado que estas sean nuevamente utilizadas para beneficiar  a los enemigos de la paz y de la reconciliación nacional.

Los comunicados oficiales que trataron de explicar o de encubrir los hechos, nunca lograron engañar a la población guatemalteca y mucho menos a los Aranistas, como se conocía a quienes deseaban ver a Arana como Presidente.  Sabedores de que su líder  se había negado a dar un golpe de Estado y  aspiraba a la Presidencia pero por la vía de las elecciones. El 21 de julio de 1949 Arévalo recibió en su despacho a un grupo de amigos que habían apoyado su gobierno y que también sentían alta estima por el difunto Coronel Arana, dentro de este grupo se encontraban Francisco Villagrán (Ex Ministro), José Röltz Bennett (ex diputado constituyente y decano de la Facultad de Humanidades de la USAC), Ernesto Viteri Bertrand y Federico Röltz Bennett, quienes le exigieron esclarecer la verdad de  lo sucedido, hacer una declaración de duelo, y que se iniciaran una investigación judicial sobre los acontecimientos del puente La Gloria;  a decir de los mismos, los recibió un Arévalo derrotista que en un momento dado dijo con sentimiento, “esta mancha ya no me la puedo quitar y, con gesto de repugnancia agregó estoy salpicado con sangre”.

Pero luego, rodeado por los Arbencistas que habían triunfado sobre los alzados de la Guardia de Honor, no hizo nada para esclarecer los hechos y llevar ante la ley a los implicados ya que esto hubiera representado desencadenar un cataclismo político que lo hubiera arrastrado. En Diciembre de 1949, bajo fuerte presión de los comunistas que dominaban el Congreso fue aprobada la Ley de Arrendamiento Forzoso de tierras ociosas; con ella se daba el primer paso para llegar a cumplir con el objetivo estratégico de los comunistas; la Reforma Agraria.

Esta ley obligaba a los propietarios a arrendar las tierras no trabajadas a los campesinos que lo desearan a través de un canon fijado por el Estado;  los alcances de esta ley fueron limitados pues se estaban fortaleciendo aceleradamente aún los Sindicatos Agrarios que conformarían la Confederación Nacional Campesina de Guatemala  (CNCG), que sería en adelante, el brazo campesino o movimiento de masas campesinas del PAR. (Algo similar a los que fue el CUC para el EGP/URNG durante el Enfrentamiento Armado Interno EAI). Esta organización de masas  fue fundada en Octubre de 1949 y era dirigida por un cuadro del principal núcleo comunista, Leonardo Castillo Flores.

Pero no solo los comunistas estaban activos con sus movimientos de masas;  en los primeros días de abril de 1950 se estaba gestando la crisis más seria a la que debería de enfrentarse Arévalo. El asesinato de  Arana con todas las debilidades y falta de credibilidad que generaba la versión gubernamental había hecho mella en quienes silenciosamente habían esperado  para salir a las calles a hacer sentir su vergüenza por no actuar, ante quienes los ignoraban y subestimaban.

Continuará….

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Oscar Platero

Historiador y escritor, Analista y docente de Inteligencia. Geopolítica, Seguridad y Defensa. Director del Instituto de Estudios Estratégicos IEE

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